El País
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Crítica: Los juegos de la mente

  • Autor: Diego Salgado
  • Fecha:
La serie Divergente: Insurgente

Lo mejor:
Naomi Watts está resultona con ojos y cabello oscuros

Lo peor:
Produce en el espectador no ya pereza, sino temor, ante la perspectiva de ver las siguientes entregas.

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  • Género: Ciencia-ficción
  • Fecha de estreno: 01/04/2015
  • Director: Robert Schwentke
  • Actores: Shailene Woodley (Beatrice ´Tris´ Prior), Theo James (Cuatro), Miles Teller (Peter), Jai Courtney (Eric), Naomi Watts (Evelyn), Ansel Elgort (Caleb), Kate Winslet (Jeanine), Maggie Q. (Tori Wu), Zoë Kravitz (Christina), Ray Stevenson (Marcus Eaton), Jonny Weston (Edgar), Octavia Spencer (Johanna), Rosa Salazar (Lynn), Justine Wachsberger (Lauren)
  • Nacionalidad y año de producción: EE.UU., 2015
  • Calificación: No recomendada menores de 12 años

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Sobre el papel, no carecía de atractivo la idea de que la mayoría de los puntos álgidos visuales o emocionales de  La serie Divergente: Insurgente, segunda parte de la saga distópica inspirada en la trilogía literaria de Veronica Roth, sean los sueños, visiones y simulaciones a que se ve sometida su protagonista, Tris ( Shailene Woodley). Ya sucedía en la primera entrega,  Divergente (2014), pero en  La serie Divergente: Insurgente el concepto es llevado al paroxismo, como ocurriese en el desenlace de otra célebre serie para jóvenes adultos,  La saga Crepúsculo: Amanecer - Parte 2 (2012). La estrategia, en ambos casos, nos remite a la importancia progresiva de la esfera virtual en la percepción del espectador: ya no se trata de abandonarse, de empatizar con las cualidades narrativas y morales propias de una determinada fábula; sino de explorar sus posibilidades, tasar sus propuestas, disfrutar sin comprometerse de sus aspectos sensoriales gracias al 3D y el IMAX.

Por otra parte, de todas las realizaciones de este tipo estrenadas en los últimos años –pensamos también en  Los juegos del hambre (2012) y  El corredor del laberinto (2014)–, Divergente y sus secuelas puede que sean las que lidian de forma más explícita, indisimulada, con el argumento de la tortuosa conformación de la identidad durante el tránsito de la infancia a la madurez. El escenario que planteó Veronica Roth y reproducen los films, una Chicago post-apocalíptica en la que, en aras de la paz, la sociedad ha sido estructurada en cinco facciones que responden a otras tantas cualidades esenciales del ser humano, resulta idóneo para especular en torno al sempiterno conformismo social y lo que ha sentido, siente y sentirá al respecto cualquier adolescente: divergencia, insurgencia y, a la postre, lealtad a lo que ha decidido es el mundo, su vida.

En la práctica, sin embargo, los numerosos momentos de irrealidad, los juegos de su mente, que experimenta Tris en  La serie Divergente: Insurgente, no hacen otra cosa que delatar lo endeble del relato como conjunto. Si a la película le quitásemos las pesadillas, las ensoñaciones y los desafíos inmersivos, desaparecería cualquier atisbo de drama o brillantez de las imágenes, integradas por lo demás, y como es habitual en estas producciones, por interminables debates y paseos de los personajes únicamente destinados a justificar cuantas más entregas mejor.  La serie Divergente: Insurgente arranca exactamente donde concluyese  Divergente, con la facción de los Eruditos haciéndose con el poder de Chicago, y Tris y sus compañeros de aventuras fuera de los muros de la ciudad; pero un artefacto del que nada se había dicho previamente, capaz según la pérfida Jeanine ( Kate Winslet) de acabar con el problema de orden público que supone la divergencia, así como la aparición de Evelyn ( Naomi Watts), presunta líder de los rebeldes antifacciones, son las chispas arbitrarias que devuelven el relato a la casilla de salida, obligándonos a jugar con reglas solo novedosas en apariencia, y tediosas en cualquier caso de aprender por lo poco que a cambio va a sacarse en claro. En estos aspectos, como en lo relativo a modificaciones fallidas sobre el libro original, se aprecia para mal la mano de los guionistas Akiva Goldsman y Mark Bomback.

Pero esta falta de necesidad tan estrepitosa que manifiesta  La serie Divergente: Insurgente, impotente para trascender en ningún momento su condición de producto a la moda, con fecha de caducidad, no es su único problema:  Shailene Woodley jamás da el tipo como heroína de acción, mostrándose más blanda y átona incluso que en  Divergente; y el énfasis en los efectos visuales y el cambio de director, Neil Burger, por R obert Schwentke –firmante previo de  Red (2010) y  R.I.P.D. Departamento de Policía Mortal (2013)– solo desembocan en un espectáculo tan amorfo, un corregido y aumentado tan tosco, como el que representó  Los Juegos del Hambre: En Llamas (2013) en comparación con su predecesora. No podemos descartar, por supuesto, que, al igual que En Llamas fue continuada por la recomendable  Los juegos del hambre: Sinsajo - Parte 1 (2014),  La serie Divergente: Insurgente pueda derivar en futuras entregas excelentes. Pero, en sí misma, es una película al borde de lo insufrible.

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