El País

Crítica: Anatomía de un genio

  • Autor: Roberto Piorno
  • Fecha:
La teoría del todo

Lo mejor:
Una espléndida Felicity Jones

Lo peor:
Un puñado de personajes demasiado inmaculados

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  • Género: Biográfica
  • Fecha de estreno: 16/01/2015
  • Director: James Marsh
  • Actores: Eddie Redmayne (Stephen Hawking), Felicity Jones (Jane Hawking), Harry Lloyd (Brian), Alice Orr-Ewing (Diana King), David Thewlis (Dennis Sciama), Thomas Morrison (Carter), Michael Marcus (Ellis)
  • Nacionalidad y año de producción: EE.UU., 2014
  • Calificación: Todos los públicos

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Hay muchas formas diferentes de despachar un biopic. Está la receta académica, la hagiografía tradicional con fórmula estándar y complejo de artículo de wikipedia; está el modelo Turner, en clave exploración de los fantasmas del genio, lejos del pedestal, retrato no novelado ni imbuido de abalorios románticos; está el modelo The Imitation Game, consistente en fusionar la biografía con una ficción de género (el thriller histórico en este caso) y también está el modelo La teoría del todo, que consiste en el distanciamiento del perfil profesional del retratado, acotando la perspectiva exclusivamente al universo íntimo y personal, en clave de melodrama, cual cara B poco conocida de un personaje, por lo demás, muy expuesto mediáticamente. James Marsh opta por esa visión más dulce del curriculum existencial de Hawking, en una película que desgrana la vida del astrofísico desde sus años universitarios hasta el final de su primer matrimonio con Jane, en verdad, la verdadera protagonista de la película.

Marsh prefiere el filtro novelesco para llevarnos una y otra vez al borde de la lágrima desglosando la trágica y extraordinaria historia de un hombre luchando contra todo por evitar que su privilegiado cerebro quedase silenciado, una titánica lucha por resolver la incomunicación forzosa, derivada de una enfermedad degenerativa que a punto estuvo de dejar aislado uno de los cráneos más brillantes de la historia universal de la ciencia. La teoría del todo cuenta despacha ese épico relato de supervivencia, ahondando en el perfil desconocido de la mujer a la sombra del genio.

Detrás de todo gran hombre hay una gran mujer, y el Hawking que conocemos no habría sido posible sin el amor incondicional de una mujer devota de su marido y de sus fuertes ideales cristianos. Sucede que a Marsh se le va la mano con el melodrama. La historia de Hawking requiere un pulso firme y una contención de acero porque la inercia de su legado es, de por sí, extraordinariamente emotiva. Marsh no siempre sabe canalizar ese desbordante torrente de emociones, y su película oscila entre una emotividad honesta y desarmante y una sensiblería de biopic académico y convencional algo decepcionante.

La teoría del todo encierra minutos de cine muy intenso, pero también otros en que el vaso se desborda, otros en los que tienes la sensación de que Marsh se ha dejado atrapar por las convenciones formales y conceptuales del biopic de perogrullo. En esos pasajes su película viene a ser un Una mente maravillosa bis, eso sí, con mucha más clase. No ayuda tampoco la definición un tanto monolítica de los personajes, todos extraordinariamente buenos y sin mácula. Sobrevuela de hecho durante toda la ficción un didactismo cristiano un tanto cargante.

El presunto adulterio está sugerido, pero Marsh resuelve el triángulo Stephen-Jane-Jonathan con una pacatería contraproducente. Demasiado respeto quizá por los personajes, en medio de una historia de amor que, a ratos, se rige más por los preceptos de los principios cristianos de ella, que por el amor incondicional hacia él, que llega incluso a cuestionarse la vigencia de sus propios dioses en beneficio del otro Dios, el omnipotente, que rige la devoción de la heroína por su esposo. Es probable que ese trasunto religioso-espiritual esté implícito en la vida real del matrimonio, lo ignoramos, pero Marsh no sabe dosificar su incidencia en la historia adecuadamente. Brilla con luz propia, eso sí, una espléndida Felicity Jones, por más que los premios se los lleve Eddie Redmayne por un retrato del astrofísico británico tan correcto como esforzado.

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