El País

Crítica: Ser norteamericano

  • Autor: Diego Salgado
  • Fecha:
La verdad duele

Lo mejor:
Las reflexiones en torno a los Estados Unidos de hoy

Lo peor:
Las ambiciones formales brillan por su ausencia

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  • Género: Drama
  • Fecha de estreno: 12/02/2016
  • Director: Peter Landesman
  • Actores: Will Smith (Dr. Bennet Omalu), Alec Baldwin (Dr. Julian Bailes), Albert Brooks (Dr. Cyril Wecht), Gugu Mbatha-Raw (Prema Mutiso), David Morse (Mike Webster), Bitsie Tulloch (Keana Strzelczyk), Sara Lindsey (Gracie), Eddie Marsan (Dr. Steven DeKosky), Hill Harper (Christopher Jones), Stephen Moyer (Dr. Ron Hamilton)
  • Nacionalidad y año de producción: EE.UU., 2015
  • Calificación: No recomendada menores de 7 años

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Cuando el actor Will Smith se sumó al boicot contra la próxima ceremonia de los Oscar, no faltaron malas lenguas prestas en apuntar que lo hizo menos por faltar actores de color entre los veinte candidatos esta edición a la estatuilla dorada, que por haber quedado fuera él mismo en la categoría de mejor actor, precisamente por su interpretación en La verdad duele. Fueran cuales fuesen en el fondo sus razones para anunciar que no asistiría a los Oscar -puede que se limitase a respaldar a su mujer, Jada Pinkett Smith, partícipe previa del boicot y tampoco nominada por su papel en Magic Mike XXL (2015)-, resulta comprensible que Smith esté preocupado por el ocaso innegable en Hollywood de su condición ambivalente como estrella taquillera y actor de prestigio.

 Con la excepción de Men in Black 3 (2012), un producto total y absolutamente derivativo, los pasos dados por Smith tras Hancock (2008), Siete almas (2008), y un parón de cuatro años, hacen pensar en un actor a la deriva. Recuérdense títulos tan inocuos, a pesar de sus pretensiones en unos u otros sentidos, como After Earth (2013) y Focus (2015). A expensas de lo que suceda con Suicide Squad (2016), La verdad duele tampoco parece vislumbrarse como un modelo de cine capaz de devolverle a primera línea. Muy al contrario, se trata de un drama basado en sucesos verídicos de hechuras muy trasnochadas, en el que la presencia de Smith se impone a cualquier otra consideración creativa. Baste constatar los escasos y poco relevantes créditos previos del guionista y director del film, Peter Landesman.

 En cuanto al propio Smith, lo mínimo que cabe decir de su encarnación del médico patólogo nigeriano Bennet Omalu -que saltó a la fama en 2005 por la publicación de un polémico artículo científico en el que denunciaba que la práctica del fútbol americano tiene graves consecuencias cerebrales para los jugadores profesionales-, es que representa un ejemplo de discutible estereotipo racial: Smith hace de Omalu, con la ayuda de un acento chocante, una especie de santo bonancible, un buen salvaje cristiano diseñado para hacer las delicias del público más conservador. Todo en La verdad duele está dirigido a glosar de manera muy esquemática, y de acuerdo con un presupuesto que se percibe ajustado, las virtudes nobles y heroicas de Omalu/Smith, tanto en los aspectos profesionales como personales, frente a un entorno desapacible, el del show business del fútbol americano.

 Hay sin embargo un aspecto de la película que le procurará en el futuro, si no una mayor consideración por sus calidades intrínsecas, sí por lo menos un lugar -aunque sea a pie de página- en el relato del cine estadounidense contemporáneo y su descripción del ser norteamericano. Algo que otorga cierta exclusividad a La verdad duele en comparación a un documental centrado en el mismo asunto, League of Denial: The NFL´s Concussion Crisis (2013), muy superior por lo demás a la cinta que nos ocupa. Nos referimos al retrato de la ilusa pretensión de Omalu por conseguir la nacionalidad estadounidense, por hacer honor al llamado sueño americano -preocupación habitual en el cine último de Smith, véanse En busca de la felicidad (2006) o Hancock-, y su encontronazo con la realidad: las aspiraciones y labor benemérita del médico resultarán ser contraproducentes para él, dada la pudrición en la práctica, bajo sus proclamas hipócritas, de la sociedad en la que pretende hacerse un hueco.

 Es decir, la lucha de Omalu por ser digno de Norteamérica, se traduce en último término en la incapacidad y el desinterés de Norteamérica por estar a la altura de alguien como Omalu. Un argumento provocador, por desgracia no demasiado explorado en las imágenes, y que emparenta La verdad duele con otros largometrajes coetáneos de inquietudes similares como Foxcatcher (2014), El año más violento (2014), Trumbo (2015) o El puente de los espías (2015).

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