El País
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Crítica: La ley y la mordaza

  • Autor: Roberto Piorno
  • Fecha:
La verdad

Lo mejor:
Su escalofriante panorámica de la agonía del periodismo libre

Lo peor:
Una realización un tanto insípida

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  • Género: Drama
  • Fecha de estreno: 30/10/2015
  • Director: James Vanderbilt
  • Actores: Robert Redford (Dan Rather), Cate Blanchett (Mary Mapes), Elisabeth Moss (Lucy Scott), Topher Grace (Mike Smith), Bruce Greenwood (Andrew Heyward), David Lyons (Josh Howard), John Benjamin Hickey (Mark Wrolstad)
  • Nacionalidad y año de producción: EE.UU., 2015
  • Calificación: Todos los públicos

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Hubo un tiempo en el que la buena información era deber y compromiso, y no un negocio. Hoy ya hace demasiado que los intereses corporativos y la insoportable presión/extorsión de una clase política que ya hace tiempo que cruzó el Rubicón, invadió el espacio de los medios de comunicación para moldearlos a su antojo. En esa tesitura, películas como esta son más que pertinentes, necesarias. James Vanderbilt se viste de Alan J. Pakula o de Sidney Lumet, para entonar una marcha fúnebre en honor y redactar un epitafio dedicadoa los periodistas que no se arredran y sacan los dientes frente a esa trituradora de derechos que es la cada vez menos sutil presión de las élites. Mary Mapes y Dan Rather comparecen aquí como mártires del periodismo libre, que muere a marchas forzadas ante nuestros ojos sin que hagamos nada para evitarlo, como los últimos mohicanos de una libertad de prensa y de expresión que es poco más que papel mojado, un mantra estéril que se apoca ante los chantajes del gran capital.

Así, La verdad desgrana una tragedia irreversible, escalofriantemente real e implacablemente global, la de los tiempos del retorno de la mordaza, materializada en el ocaso de la sección de informativos de CBS, definitivamente plegada a la ley del dinero, en una vuelta de tuerca a aquellos legendarios tirones de orejas del Hollywood contestatario a la deriva, aún entonces corregible, de los medios de comunicación ante las presiones de los poderosos, y que fue combustible de películas tan icónicas como Todos los hombres del presidente o Network, entre otras.

Vanderbilt procede con un regreso a las maneras del gran drama periodístico setentero, pero en clave de memento, haciendo de la defensa de la verdad la espina dorsal de una tragedia pautada alrededor de un crescendo muy vivo, sostenida sobre un libreto muy sólido, defendido con insultante oficio por dos brillantes Blanchett y Redford. Muchos opinadores amigos de la causa republicana han criticado el prisma descaradamente liberal-demócrata de una película que, en realidad, es un aviso general a navegantes. Vanderbilt no llora la caída de una periodista de convicciones progresistas como Mapes, ni el martirio de un sector del periodismo enfrentado a los intereses del bando conservador; su película habla de una víctima mucho más grande y lo hace sin esquivar los ángulos oscuros del relato.

La verdad podría ser la historia de una negligencia periodística sino fuera porque esa negligencia se convirtió en coartada para secuestrar la libertad de prensa y para consolidar un nuevo equilibrio en las relaciones entre los medios y los poderes que mecen la cuna. En el fondo la cinta es la crónica de la claudicación de un gigante de la información, CBS, que acepta las condiciones brutales de un armisticio que lleva aparejada la autocensura y el sometimiento incondicional a la lógica del vil metal, a los intereses corporativos y la aceptación de una lógica empresarial que es, en sí misma, la tumba a la que irán a morir antes o después todos los medios. No hay demagogia en las tesis de Vanderbilt, que quizá no sabe brillar al nivel del relato que gestiona, pero que es lo suficientemente hábil como para no echar a perder un puñado de cartas ganadoras: un relato absorbente e indignante con causa, y un elenco de los de quitarse el sombrero.

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