El País

Crítica: Shyamalan vuelve a la vida

  • Autor: Roberto Piorno
  • Fecha:
La visita

Lo mejor:
El impecable cóctel de terror y comedia

Lo peor:
Es cine de veloz olvido

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  • Género: Thriller
  • Fecha de estreno: 11/09/2015
  • Director: M. Night Shyamalan
  • Actores: Ed Oxenbould (hermano), Deanna Dunagan (Nana), Peter McRobbie (Pop Pop), Celia Keenan-Bolger (Stacey), Jorge Cordova (Miguel), Benjamin Kanes (Padre), Olivia DeJonge (hermana), Kathryn Hahn (madre)
  • Nacionalidad y año de producción: EE.UU., 2015
  • Calificación: No recomendada menores de 16 años

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En cortocircuito permanente desde hace década y media, como aplastado por la presión de tener que estar a la altura de sí mismo, de ser el nuevo Spielberg que todos esperaban que fuera, Shyamalan sale al fín, parece, de su interminable lapsus creativo para retomar el discurso donde lo dejó hace ya ni se sabe en su última película notable, Señales. Su legado entre entonces y ahora es, como mínimo, olvidable. Por ello, perdida ya toda esperanza, La visita se lee como una redención, como un feliz renacimiento. Bendecida por ese toque de genio multiusos capaz de jugar con mil registros a su antojo, combinándolos y permutándolos con la habilidad del buen trilero, la nueva propuesta de Shyamalan nada entre las aguas de la comedia, el drama familiar y el terror psicológico con una soltura insultante. No es tanto la sencillez de una fórmula trillada cuanto la manera de deconstruirla y reconfigurarla.

 Al fin y al cabo es una vuelta de tuerca, en clave de caricatura, eso sí, a las convenciones del found footage. Pero Shyamalan tiene la audacia de hacer de los achaques de la tercera edad (con una mala uva muy contundente) la coartada del suspense, de los arranques de senilidad, en clave descacharrantemente paródica, un surtidor de escalofríos. Pero, y ahí está la gracia, te ríes temblando, rumbo hacia un desenlace perverso y brutal digno del mejor Shyamalan. De alguna manera el director de El sexto sentido parece estar asumiendo sus limitaciones, parece estar claudicando.

 Después de más de una década dando tumbos, divorciándose de crítica y público sobando géneros y registros en los que no se sentía cómodo, Shyamalan ha desandado el camino refugiándose en su hábitat sin duda más propicio. Y es verdad que más de una década después, por más que él haya estado atrancado, el thriller psicológico ha seguido evolucionando sin él. La visita bien podría haber sido, en muchos sentidos, algo así como un atavismo, una película anacrónica, pero Shyamalan se sienta a reflexionar con criterio sobre la deriva formal del cine de ese cine de terror psicológico en su ausencia.

Lo hace a través de dos personajes que condensan, en buena medida, dos eras con maneras muy distintas de crear y consumir imágenes audiovisuales, representadas en los dos hermanos, cinéfila de vieja escuela ella, youtuber, poeta urbano además, de vocación él. Es esa reflexión uno de los puntos fuertes de una película que clava, decíamos, el cóctel de tonos, que cuaja en torno a la brillante composición de los dos críos protagonistas y que, en definitiva, propone una aguda divagación a modo de estado de la cuestión sobre un género que ha echado mucho de menos a Shyamalan.

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