El País

Crítica: La verdad oculta.

  • Autor: Diego Salgado
  • Fecha:
Los Boxtrolls

Lo mejor:
Una estética y unas sugerencias arriesgadas.

Lo peor:
Lo que solemos llamar relato, es tedioso.

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  • Género: Animación
  • Fecha de estreno: 31/10/2014
  • Director: Graham Annable, Anthony Stacchi
  • Actores: Isaac Hempstead Wright (Eggs), Elle Fanning (Winnie Portley-Rind ), Toni Collette (Lady Portley-Rind), Ben Kingsley (Archibald Snatcher), Nick Frost (Mr. Trout), Richard Ayoade (Mr. Pickles), Jared Harris (Lord Portley-Rind), Tracy Morgan (Mr. Gristle ), Maurice LaMarche (Sir Langsdale), Laraine Newman (madre)
  • Nacionalidad y año de producción: EE.UU., 2014
  • Calificación: Todos los públicos

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En tanto película de animación, Los Boxtrolls ilustra con claridad el conflicto creciente, la guerra cada vez menos silenciosa, que están librando en el ámbito del cine popular los útiles de la expresión audiovisual, libérrimos y amorales por definición -más cuando, como ocurre actualmente, se cuenta con un potencial técnico inédito para que asalten nuestros sentidos-, y las estrategias vergonzantes destinadas a pergeñar relatos con un nudo, un planteamiento y un desenlace que satisfagan, no importa si en modo cómplice o por contraste, las expectativas de un público condicionado por un cierto ecosistema político y socioeconómico.

Las películas de animación son en este aspecto ideales para romper con las moralejas, los dictados, las servidumbres, presentes -no solo- en las historias que contamos a los más pequeños; pero, precisamente porque tienen que rendir cuentas a dichos dictados y ante productores e instituciones, este tipo de propuestas son presa de contradicciones difícilmente resolubles, que agravan el que estén obligadas a seducir, antes que a los niños, a quienes poseen el dinero para que paguen su entrada, los padres; criaturas siempre peligrosas y, hoy por hoy, híbridas, monstruosas, que confunden en su seno al tutor y al niño grande; carceleros de las SS con chupetes.

Por ello, cada película de animación que se estrena últimamente está resultando ser un experimento, un ejercicio de equilibrismo en el alambre de la ambigüedad, un campo de pruebas ético; una lucha sin cuartel entre la típica voz atiplada que nos alecciona en off sobre el sentido de las imágenes que vamos a contemplar, y unos trazos de pincel, plastilina o píxeles progresivamente desquiciados, incapaces de ceñirse siquiera a los personajes, objetos y escenarios que perfilan, hambrientos por abocarse a una abstracción inquietante de luz y color.

Como se han encargado de señalar, en algunos casos con irritación, crítica y público norteamericanos, Los Boxtrolls vuelve a traer a la palestra sin cortarse en lo más mínimo la pugna descrita entre expresión y relato. Esta cinta de animación fotograma a fotograma producida por Laika, empresa responsable previamente de las asimismo peculiares Los mundos de Coraline(2009) y El alucinante mundo de Norman (2012), se basa en una novela de Alan Snow, ¡Tierra de Monstruos!, que nos brindaba con un tono entre lo pintoresco y lo naif las peripecias de un chaval que vive en los subterráneos de una gran ciudad con su abuelo, y que se ve obligado de repente a explorar el mundo exterior con la ayuda de varios amigos cuyos troncos son cajas.

Los guionistas y directores de Los Boxtrolls entran a saco en el cuento infantil de Snow, sobrehormonan sus sugerencias de fondo, y hacen de la película una pesadilla en la que resulta mucho menos importante lo que se nos cuenta, las peripecias del mismo niño -ahora apodado Eggs- una vez ha salido del subsuelo en que fuese criado, como la descripción siniestra de una sociedad pagada de sí misma moralmente y necesitada de enemigos a los que demonizar para justificar sus estructuras de gobierno. A nivel estrictamente narrativo, las idas y venidas de Eggs; su relación con una niña de la superficie, Winnie; y su enfrentamiento con un prohombre de la ciudad, Archibald Snatcher, con una agenda oculta, no tienen relieve, y son derivativas de las vistas en innumerables películas, sin ir más lejos en la reciente Un amor entre dos mundos (2012).Ahora bien, el diseño de personajes, edificaciones y medios de transporte; los juegos de luz y sombra extremos, aun más durante las angustiosas persecuciones a que se ven sometidos los boxtrolls por parte de las fuerzas vivas de la ciudad; y escenas de interrogaciones y ejecuciones del todo ajenas al registro en que se mueve teóricamente Los Boxtrolls, hacen de ella una experiencia ni mucho menos perfecta, puede incluso que plomiza en líneas generales, pero de sumo interés para los adeptos a la animación. Una animación que, subrepticiamente, ha cifrado sus referentes visuales en la turbulenta Europa de entreguerras, en el mundo que para Adorno ya no tenía derecho a escribir poesía; si hay películas a las que puede ligarse en definitiva el espíritu de Los Boxtrolls son El tercer hombre (1949) o Kafka, la verdad oculta (1991).

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