El País

Crítica: Sin relevo posible

  • Autor: Ignacio Pablo Rico
  • Fecha:
Los mercenarios 3

Lo mejor:
Sus dos horas se hacen más o menos llevaderas

Lo peor:
Es la más perezosa y vulgar de las tres

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  • Género: Acción
  • Fecha de estreno: 14/08/2014
  • Director: Patrick Hughes
  • Actores: Sylvester Stallone (Barney Ross), Jason Statham (Lee Christmas), Jet Li (Yin Yang), Antonio Banderas (Galgo), Wesley Snipes (Doc), Dolya Gavanski (Gunnar Jensen), Mel Gibson (Conrad Stonebanks), Harrison Ford (Max Drummer), Arnold Schwarzenegger (Trench), Kellan Lutz (Smilee), Terry Crews (Hale Caesar), Kelsey Grammer (Bonaparte), Ronda Rousey (Luna), Natalie Burn (Kristina), Robert Davi (Goran Vogner), Sarai Givaty (Camilla)
  • Nacionalidad y año de producción: EE.UU., 2014
  • Calificación: No recomendada menores de 16 años

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En Los Mercenarios 3, tercera parte de una franquicia que probablemente nos reserve alguna entrega más en el futuro, los hombres de Barney Ross ( Sylvester Stallone) han de enfrentarse a Conrad Stonebanks ( Mel Gibson), ex miembro de la pandilla reciclado en traficante de armas y perseguido por el Tribunal de La Haya. Un intento de villano incómodo que, en la secuencia más curiosa de una película carcomida por la abulia, cuestiona las lealtades y motivaciones de los héroes. Una nota a pie de página que bien podríamos interpretar a modo de comentario autocrítico sobre lo falaz del colegueo festivo en torno al que se articula la saga. Esta es la única nota amarga de un largometraje que se muestra incapaz de trascender su condición de producto conformista e inofensivo, cuyo fin último (y único) es complacer, sin tomar riesgos, a las hordas de fans.

 Ni Stallone y su equipo de guionistas, ni el juntaplanos Patrick Hughes, saben insuflar aire a un filme que respira por pura inercia. Sus responsables, dispuestos a repetir el éxito superlativo cosechado por los episodios anteriores, se limitan a engrosar el reparto con nuevos rostros conocidos (con Mel Gibson, Harrison Ford, Wesley Snipes y Antonio Banderas a la cabeza) y a colmar las secuencias de acción de pobres ocurrencias verbales y gags mecánicos, confiando en que bastará y sobrará con copiar la receta a todo correr, aunque la tinta del bolígrafo ya escasee.

 Resulta llamativo que, por primera vez, esté presente la idea del relevo generacional mediante la inclusión de varios novatos en el equipo, encarnados por los actores Kellan Lutz, Ronda Rousey, Glen Powell y Victor Ortiz. No esperen más que un par de pinceladas de crepuscularidad almibarada, porque los muchachos son apenas versiones rejuvenecidas de los miembros históricos. La posibilidad de un diálogo generacional entre dos maneras de entender los actioners no tarda en evaporarse.

 El desenlace nos recuerda que, jubilados o no, Stallone, Statham, Lundgren, Schwarzenegger y cía siguen siendo los mejores, capaces de pasar por el cuchillo al ejército de Afganistán con tal de rescatar a los inexpertos jovenzuelos. No se trata tanto de que Los Mercenarios 3 fracase a la hora de dotar de entidad a sus personajes o de sacudir la rutina de las ruidosas set-pieces; es que, directamente, no parece interesada en ello. Es un Harrison Ford en piloto automático quien, inconscientemente, encarna el auténtico espíritu de la película: su desidia arranca en el póster promocional y se transparenta incluso cuando ha de soltar las gracietas de turno en el momento adecuado. Una pena que Hughes y Sly desaprovechen la oportunidad de elaborar, a través de las venenosas palabras del malo de la función, un metadiscurso sobre esa faceta verdaderamente mercenaria de la trilogía.

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