El País
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Crítica: Paisaje con figuras que se aman

  • Autor: Diego Salgado
  • Fecha:
Loving

Lo mejor:
Es una gran película que no precisa de ningún esfuerzo aparatoso para demostrarlo

Lo peor:
Que su tono pueda inducir al aburrimiento al público

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  • Género: Romántica
  • Fecha de estreno: 20/01/2017
  • Director: Jeff Nichols
  • Actores: Ruth Negga (Mildred), Joel Edgerton (Richard), Will Dalton (Virgil), Terri Abney (Garnet), Alano Miller (Raymond), Chris Greene (Percy), Marton Csokas (Sheriff Brooks)
  • Nacionalidad y año de producción: EE.UU., Reino Unido, 2016
  • Calificación: No recomendada menores de 7 años

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Loving recrea cómo, entre 1958 y 1967, una pareja afincada en el estado norteamericano de Virginia, la que formaban un hombre blanco, Richard Loving, y una mujer negra, Mildred Jeter, luchó por despenalizar su vínculo sentimental, castigado en la época debido a los prejuicios contra la gente de color. Tras infinitas penalidades y situaciones absurdas, Mildred y Richard no solo consiguieron su objetivo, a lo que contribuyó un reportaje fotográfico sobre ellos de Grey Villet que publicó la revista LIFE. La victoria de su caso ante el Tribunal Supremo supuso la normalización en Estados Unidos del matrimonio interracial.

 El lector que haya seguido con atención la trayectoria hasta la fecha del guionista y director estadounidense Jeff Nichols, habrá percibido ya que su concepción de la imagen -su empleo solemne del formato panorámico, el flujo calmo de los intérpretes en el encuadre, su querencia por la línea del horizonte y los exteriores- hacen de su cine un ejercicio de paisajismo cuasi pictórico y, más en concreto, de una forma de figuración abstracta con resonancias arquetípicas: la profundidad de campo, la pincelada firme y despejada, componen en las películas de Nichols el fresco de lo Americana, los flujos y reflujos del acervo cultural -por supuesto, también fílmico- de un país en perpetua crisis y reinvención, a veces escenario de desolación y a veces espejismo. Mientras que el primer plano, el trazo delicado, corresponde a los actores presentes de dicho paisaje, los hijos sin padres y los padres adoptados cuyas vivencias remiten quedamente a lo bíblico y lo mitológico, y cuyas circunstancias dirimen aspectos esenciales del ser norteamericano: la violencia en Shotgun Stories (2007), la paranoia en Take Shelter (2011), la familia en Mud (2012), la utopía en Midnight Special (2016), el amor en Loving.

 En efecto, la nueva película de Nichols -excepcional, la mejor de su carrera junto a Take Shelter- es una gran historia de amor, y, por extensión, una gran historia. Algo relevante, por cuanto se basa en hechos reales y su dimensión mediática; lo que, en el cine de hoy, suele ser sinónimo de servidumbres muy perjudiciales para las cualidades empoderantes de la ficción. En Loving, sin embargo, lo que pacta el colectivo como Historia es subsidiario de lo que forja el individuo con la historia que respira día a día. Un planteamiento artístico y político hoy a contracorriente, que halla expresión plena en unas imágenes en las que se dan la mano la precisión y la naturalidad, y una narración en apariencia sencilla pero llena de elegancia y sagacidad. Nichols nunca se pone por encima, de la época que plasma, y menos de sus protagonistas, norteamericanos de a pie, trabajadores, enamorados. Y, no a pesar, sino gracias a ello, acaba por conseguir que de cada una de las actitudes y las decisiones que adoptan Richard y Mildred se deduzcan sin duda ninguna un panorama de aberraciones sistémicas y de dignidad personal.

 Hay al respecto escenas memorables. La primera, en la que el anuncio inquieto de un embarazo da paso a la ilusión y la confianza que procuran ser amado incondicionalmente. El reflejo de una impotencia, que dura días, cuando Mildred es retenida en la cárcel del condado con modos arbitrarios y prepotentes. La secuencia del sigiloso viaje llevado a cabo para que la mujer dé a luz a su primer hijo, y su desenlace. La llegada al entorno urbano al que la pareja ha de mudarse cuando se les obliga a abandonar Virginia. El papel precario y valiente jugado por los abogados especializados en derechos civiles que abogan por la causa de Richard y Mildred. O la última, en la que resultan bien visibles en los protagonistas los estragos de la edad, las batallas libradas, cierto desgaste; insistamos, Loving es, ante todo, una bella historia de amor, realizada con amor.

 Son, sin embargo, los planos insistentes de Richard mientras ejerce como albañil, las maneras profesionales y entregadas con que erige las viviendas de otros mientras sueña con edificar la que en justicia debería albergar a su propia familia, su contribución literal y metafórica a que el horizonte de su tiempo ostente unos perfiles más decentes, los que se constituyen en el equivalente más inspirado de lo que pretendía y logra Nichols en Loving, con la ayuda de colaboradores habituales como la montadora Julie Monroe y el director de fotografía Adam Stone, una música de David Wingo y una banda sonora que basan su efecto en la depuración, y dos actores a los que no sobra ni falta un gesto, Ruth Negga y Joel Edgerton. Una película que ennoblece al espectador.

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