El País

Crítica: Instinto vs razón

  • Autor: Roberto Piorno
  • Fecha:
Magia a la luz de la luna

Lo mejor:
La química entre la asimétrica pareja protagonista

Lo peor:
Es ultraligera: ver y olvidar

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  • Género: Comedia
  • Fecha de estreno: 05/12/2014
  • Director: Woody Allen
  • Actores: Colin Firth (Stanley), Emma Stone (Sophie), Simon McBurney (Howard Burkan), Catherine McCormack (Olivia), Eileen Atkins (tía Vanessa), Erica Leerhsen (Caroline), Jeremy Shamos (George), Hamish Linklater (Brice), Marcia Gay Harden (Mrs. Baker)
  • Nacionalidad y año de producción: EE.UU., 2014
  • Calificación: Todos los públicos

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Woody Allen es, como el protagonista de su última película, un escéptico impenitente. Pero es esos escépticos atormentados, que quieren creer aunque no encuentran coartada para hacerlo. Un racionalista a la Houdini, es decir, de los que anhelan la existencia del mundo mágico pero sin esperanza, y que se dedican a montar simulacros, Allen a golpe de películas, Houdini a golpe de sofisticados ilusionismos, para autoengañarse y seguir creyendo en el ignoto misterio de lo intangible e inexplicable. Allen es, en realidad, mucho menos romántico de lo que delatan sus películas, como Houdini era mucho menos mago de lo que sugerían sus formidables trucos. Allen es un enamorado de la magia porque no cree demasiado en ella, pero le fascina.

Los magos son una constante en su cine, los ilusionistas, trileros y embaucadores. Wei Ling Soo, el hechicero oriental de Magia a la luz de la luna es el perfecto alter ego de Allen: el mago que no cree en la magia, pero que querría no ser un escéptico. En torno a este singular personaje y a sus agudas contradicciones: la razón contra el sentimiento, el sentido contra la sensibilidad, la ciencia contra el misterio, justifica el director neoyorquino su enésimo viaje de trabajo/placer a la vieja Europa, al exótico y paradisíaco sur francés y a los años 20, que visitó recientemente desde la máquina del tiempo, en la soberbia Midnight in Paris.

Allen no sabe hacer malas películas; en el peor de los casos no le salen redondas o abusan de intrascencia. Magia a la luz de la luna plantea una encantadora y efervescente batalla entre el corazón y la cabeza, en torno al inclasificable enamoramiento de un tipo cerebral, rutinario, sarcástico y previsible, enamorado de Hobbes y ultra de un empirismo científico que arrincona las emociones hasta volverlas invisibles. Se trata de una minúscula tragicomedia, que no es ni demasiado trágica ni demasiado cómica. El envoltorio es tan impecable como casi siempre: pegadizas melodías jazz del período de Entreguerras, diálogos lúcidos a la luz del sol y de la luna, una impecable ejecución del modelo clásico planteamiento-nudo-desenlace, y un tempo intachable forjado en torno a una planificación ágil y exquisita.

Emma Stone y Colin Firth son una magnífica improbable pareja romántica, y la exultante frescura de la primera rima sin fisuras con la acreditada destreza del segundo para retratar tipos grisaceos con aire de profesor de Oxford con corazoncito. Pero es más una película de oficio que de genio, previsible y un tanto plana, que enfatiza el conflicto racional/sentimental (encantador, todo hay que decirlo) en perjuicio de la comedia, muy sutil, e incluso demasiado. Magia a la luz de la luna es un Allen menor no solo por resultados, sino también por principios. Cine alegre, impecablemente ejecutado, agradable siempre y puntualmente delicioso, que vuela como un suspiro por el impecable engranaje de las piezas pero que se olvida en un abrir y cerrar de ojos.

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