El País
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Crítica: Toma de conciencia

  • Autor: Ignacio Pablo Rico
  • Fecha:
Malditos vecinos 2

Lo mejor:
Unos espléndidos y desatados Chloë Moretz y Zac Efron

Lo peor:
Clona sin disimular las ideas y el esquema narrativo de su predecesora

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  • Género: Comedia
  • Fecha de estreno: 22/06/2016
  • Director: Nicholas Stoller
  • Actores: Seth Rogen (Mac Radner), Rose Byrne (Kelly Radner), Chloë Grace Moretz (Shelby), Selena Gómez (Madison), Dave Franco (Pete), Zac Efron (Teddy Sanders)
  • Nacionalidad y año de producción: EE.UU., 2016
  • Calificación: No recomendada menores de 16 años

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En una de las líneas de diálogo más significativas de Malditos vecinos 2, secuela de la comedia estrenada en 2014, uno de los protagonistas del largometraje original, Pete ( Dave Franco) le espeta a Teddy ( Zac Efron) el gran lema de sus tiempos en la fraternidad: "¡Hermanos antes que perras!"; a lo que el otro, ahora desnortado ideólogo y miembro de una hermandad de chicas emancipadas, responde algo así como: "No digas eso. Ya no está bien llamarlas perras". Esta pincelada nos da una pista significativa acerca de la distancia que ha tomado la secuela con respecto a la primera película: adaptándose a las exigencias de los tiempos, sus responsables, encabezados por el director Nicholas Stoller, son conscientes de que la popularización y masificación, a través sobre todo de Internet, de los discursos feministas, nos instan a repensar los roles y tipologías de la mujer en pantalla.

 Esto resulta aún más interesante si tenemos en cuenta que entre los autores del libreto se encuentran, aparte de los firmantes del guion original -Andrew Jay Cohen y Brendan O´Brien-, dos nombres esenciales para el devenir de la comedia americana contemporánea como son Seth Rogen y Evan Goldberg, acompañados del propio Stoller. En los créditos previos de ambos, que han colaborado en numerosas ocasiones como escritores, nos topamos, por ejemplo, con Supersalidos (2007), Juerga hasta el fin (2013) o The Interview (2014): filmes todos ellos que si bien se hacen eco de las derivas de una nueva masculinidad líquida, que se aleja progresivamente de la hegemónica, no destacan precisamente por una sensibilidad feminista: las únicas mujeres que merecen atención son las que se adscriben a ciertos cánones de belleza, y su papel en las tramas es meramente instrumental; a menudo, objetos de deseo, metas a alcanzar.

 Podríamos concluir erróneamente, tras un vistazo superficial, que, como tantos otros productos culturales de hoy, Malditos vecinos 2 claudica amedrantada ante los dictámenes de la corrección política. Pero pese a algunas concesiones de cara a la galería -el acercamiento, kitsch e idealizado, a las relaciones de pareja gay-, nos hallamos ante una aproximación de lo más honesta al auge de los estudios de género y los discursos de empoderamiento feminista. No se trata tanto de que Malditos vecinos 2 intente venderse como una producción decididamente comprometida con la causa: habla, más bien, de la toma de conciencia de una generación con una visión trasnochada de lo que son los géneros, los hombres y las mujeres, a partir de las reivindicaciones de una juventud, tocada por la varita de pensadoras subversivas en auge y gurús de las redes sociales, que está haciendo trizas muchas ideas asentadas siglos atrás. La escena de la fiesta de iconos feministas y, sobre todo, esa conclusión en la que Mac ( Seth Rogen) y Kelly ( Rose Byrne) entienden que sus dos hijas están destinadas a renegar de sus mayores y del mundo que han contribuido a hacer son absolutamente significativas de la perpleja franqueza de Malditos vecinos 2.

 Ciertamente más amable, aunque menos mezquina ideológicamente que Malditos vecinos, que terminaba posicionándose junto al matrimonio de treintañeros para castigar cruelmente a la fraternidad juerguista -merece la pena estudiar cómo Rogen últimamente aspira, tras los pasos de Judd Apatow, a concretar una apología de la familia tradicional dentro de un marco de elasticidad progresista con respecto a vicios y hábitos cotidianos-, Malditos vecinos 2 se inclina por un empate entre los contendientes. Lo más brillante de una cinta casi siempre divertida -ya apueste por el gag escatológico, por los enredos o la set piece-, aunque dependiente en exceso del modelo narrativo y los hallazgos de la primera parte, es el tratamiento de todo lo que atañe a Shelby (una estupenda Chloë Moretz), personaje de ribetes antisistema colmado de dudas, contradicciones y valentía, que no se adecúa en modo alguno -como viene siendo desgraciadamente habitual en las heroínas cinematográficas diseñadas por hombres- ni a ninguna fantasía heterosexual, ni al arquetipo de la intelectual iluminada que entiende con claridad la necesidad de desmantelar el statu quo.

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