El País

Artículo: Mátalos suavemente

  • Autor: Roberto Piorno
  • Fecha: 21/09/2012

El ‘Crash’ capitalista desde la alcantarilla reúne nuevamente a Brad Pitt y Andrew Dominik tras “el asesinato de Jesse James por el cobarde Robert Ford”.

Mátalos suavemente
  • Género: Thriller
  • Fecha de estreno: 21/09/2012
  • Director: Andrew Dominik
  • Actores: Brad Pitt (Jackie Cogan), Scoot McNairy (Frankie), Ben Mendelsohn (Russell), James Gandolfini (Mickey), Vincent Curatola (Johnny Amato), Ray Liotta (Markie Trattman), Trevor Long (Steve Caprio), Max Casella (Barry Caprio)
  • Nacionalidad y año de producción: EE.UU., 2012
  • Calificación: No recomendada menores de 16 años

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“América no es un país, es un negocio”. Así de contundente se expresa Jackie Coogan, matón de lujo reclutado para liquidar a tres temerarios que se han atrevido a robar la pasta a los tipos equivocados. Su trabajo es deshacer el entuerto, dictar justicia criminal y mandar un mensaje a infelices con la ambición de discutirle el monopolio del dinero ilegal a los tipos duros de costumbre. Mátalos suavemente es un thriller mafioso, sí, pero es sobre todo una parábola, casi una sátira, sobre un sistema en ruinas.

Ambientada en los turbulentos días en que América perdió la inocencia tras la caída estrepitosa de Lehman Brothers, las aguas que trajeron estos lodos, la nueva propuesta de Andrew Dominik mira al gran colapso financiero de reojo. Las noticias en televisión y radio están por todas partes, aunque los gangsters y malnacidos que pululan por la cinta parecen demasiado absortos en sus problemas como para prestar atención a la medicina neoliberal con la que Bush junior pretendía disipar los nubarrones. Pero no es ruido de fondo. Dominik disecciona la crisis, el inevitable colapso del capitalismo de rapiña, desde una perspectiva insólita. Basada en una novela poco conocida de George V. Higgins, Mátalos suavemente desglosa las miserias del modelo buceando en la trastienda, en una economía criminal, también al borde del colapso que, en el fondo, es igual que la otra pero en versión rudimentaria, sin maquillajes ni mentiras. El capitalismo en bruto, en su dimensión más elemental.

El hampa de Nueva Orleans se disputa la hegemonía en una mesa de juego, con cartas de póquer en la mano. El negocio es próspero hasta que el indeseable Markie (Ray Liotta) rompe el statu quo asaltando a mano armada una partida clandestina entre peces gordos. El episodio se olvida, pero tres delincuentes de poca monta, ajenos a la élite del negocio, decide repetir la jugada con la esperanza de que le carguen el muerto al imprudente Markie. Pero dejan cabos sueltos después del golpe, y el encargado de atarlos es Jackie Coogan (Brad Pitt), un sicario experto en limpiar la mierda ajena que mata de lejos, suavemente, para evitar implicarse emocionalmente con la víctima. De que Coogan ejecute felizmente el encargo con un castigo ejemplar depende la supervivencia de la economía clandestina de las timbas de póquer. Y mientras, como voz de fondo, Bush hijo jura que los irresponsables que dinamitaron el sistema pagarán para que todo siga como está.

Tipos duros

Brad Pitt (Jackie Coogan). Pitt no se lo pensó dos veces. Pocas horas después de recibir el guion en casa su amigo Andrew Dominik ya tenía el “sí quiero”. No solo, Brad se implicaba en el proyecto también como productor a través de su compañía Plan B. Es el rostro de Jackie Coogan, un matón a sueldo excepcionalmente metódico que resuelve todos los follones de Dillon, el capo del crimen organizado de Nueva Orleans.

Richard Jenkins (Conductor). No tiene nombre, pero sí coche, y en él discute con Jackie sobre lo humano y lo divino mientras diseñan la estrategia para atrapar a los tres ladrones insensatos. Jenkins, que hasta hace nada era un oscuro secundario cuyo nombre nadie recordaba, afianza su hueco entre los grandes en la piel de un abogado, la fachada con traje y corbata de la cúpula criminal de la ciudad del jazz.

Ray Liotta (Markie). Liotta, que vuelve al cine de gangsters, su favorito, es uno de los suyos, uno de los personajes más influyentes en el universo del póquer clandestino de Nueva Orleans. Pero también es un listillo, y un tipo demasiado ambicioso que no se conforma con una parte del pastel. Naturalmente los capos no están por la labor de consentir sus excesos. Y es Jackie Coogan el encargado de apretarle las tuercas, y lo que surja.

James Gandolfini (MIckey). Jackie es demasiado conocido para ejecutar el encargo desde el deseable anonimato, por eso recurre, en mala hora, a los servicios de una vieja gloria del oficio y antiguo colega. Gandolfini, el Tony Soprano de Los Soprano, encarna a Mickey, un sicario venido a menos, alcohólico y putero, que está a punto de acabar en la trena por culpa de un descuido con una escopeta de caza.

Y además

De Wellington a Hollywood

Quizá el mejor director oceánico de su generación, Andrew Dominik, oriundo de Wellington, capital neozelandesa, estudió cine en el Swinburne Film School de Melbourne, graduándose en 1988, doce años antes de su primera incursión en el mundo del largometraje. En 2000 estrenó Chopper en las antípodas con un éxito de crítica y público muy notable. Protagonizada por Eric Bana la cinta, que glosaba las andanzas del criminal local Mark Brandon Read, fue su carta de presentación en Hollywood. Fue Brad Pitt, fan declarado de su ópera prima, quien lo recomendó para coger los mandos de El asesinato de Jesse James por el cobarde Robert Ford, que él mismo iba a protagonizar. La cinta logró dos candidaturas al Oscar (mejor actor secundario y fotografía) y fue recibida por la crítica como uno de los mejores westerns crepusculares en un muchos años. Mátalos suavemente es solo su tercera película, aunque ya mueve ficha con nuevo proyecto. Blonde, producida por el propio Pitt, contará con Naomi Watts en la piel de Marilyn.

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