El País

Crítica: La verdad secuestrada

  • Autor: Roberto Piorno
  • Fecha:
Matar al mensajero

Lo mejor:
Un formidable Jeremy Renner

Lo peor:
Demasiado encorsetada en los arquetipos de género

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  • Género: Acción
  • Fecha de estreno: 14/11/2014
  • Director: Michael Cuesta
  • Actores: Jeremy Renner (Gary Webb), Robert Patrick (Ronald J. Quail), Jena Sims (novai de Quail), Robert Pralgo (sheriff de L.A), Hajji Golightly (agente de la D.E.A), Ted Huckabee (Bob), Mary Elizabeth Winstead (Anna Simons), Lucas Hedges (Ian Webb), Rosemarie DeWitt (Sue Webb)
  • Nacionalidad y año de producción: EE.UU., 2014
  • Calificación: No recomendada menores de 12 años

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Enésima panorámica de las tensas relaciones entre el periodismo riguroso y el gran poder, y en ese sentido, prima-hermana del suspense de denuncia de Todos los hombres del Presidente y todos los sucedáneos que desde entonces han sido, Matar al mensajero arroja luz sobre un rincón oscuro y hediondo de la historia reciente estadounidense. El quid de la cuestión son las tóxicas relaciones bilaterales entre la administración Reagan y los grandes carteles de la droga, con cuyo inestimable apoyo el ex presidente republicano pudo financiar las políticas neocolonialistas en Centroamérica y Sudamérica, muy especialmente en Nicaragua, donde se desembarcó a cuenta de los beneficios de la venta de heroína en las malas calles de Los Ángeles.

Michael Cuesta se conforma, no obstante, con la crónica de trazo grueso. Su película es un intenso thriller político con trasfondo pedagógico de esos que sacan los colores al sistema, rindiendo merecido homenaje y tributo a la figura de Gary Webb, mártir americano de la búsqueda inflexible de la verdad, que te arrastra en una espiral de revelaciones sangrantes, chantajes y puñaladas traperas completamente absorbente. El problema es que Matar al mensajero hace más camino por la potentísima inercia del relato verídico, que por la dramatización en sí, tan funcional como plana, de los desvelos del héroe solitario asediado por la inmoralidad del sistema.

Cuesta ejerce de artesano modélico, dejando atrás las honduras psicológico-existenciales de sus incursiones en el cine indie, con una película cien por cien Hollywood, con conciencia, cierto, crítica con el poder, cargada de razones para denunciar abusos y tropelías de los que mandan, pero siempre en torno a parámetros de género estándar y muy definidos.

Los personajes rara vez se sacuden los lastres del arquetipo, del biopic epidérmico. La salsa la pone un Jeremy Renner ofreciendo la mejor versión de sí mismo desde En tierra hostil, clavando las asfixiantes disyuntivas éticas y profesionales del reportero honesto, vencido por la deshonestidad del sistema. Y es ahí donde la propuesta de Cuesta adquiere un relieve singular, una personalidad propia, cebándose no tanto con la acreditadísima indecencia del poder político, de las instituciones que defienden a ultranza los medios que justifican el fin. Matar al mensajero esboza un túnel aún más negro, cual es el boicot de los propios medios de comunicación al compañero incómodo; la marginación de la verdad sin velos a manos de la verdad amortiguada y adicta a los intereses del poder de la que son esclavos los grandes gigantes del sector. Webb ganó la guerra, pero murió en el intento no tanto por los ataques de quienes manejan los hilos, sino ante la calculada y deplorable complicidad del periodismo con aquellos.

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