Crítica: Apología de lo ridículo

  • Autor: Diego Salgado
  • Fecha:
Mesa 19

Lo mejor:
Su apología de lo diferente en el seno del mainstream existencial y cinematográfico

Lo peor:
Lo diferente acaba por ser un término relativo, y no justifica la falta de talento que evidencian las imágenes

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  • Género: Comedia
  • Fecha de estreno: 31/03/2017
  • Director: Jeffrey Blitz
  • Actores: Anna Kendrick (Eloise McGarry), Lisa Kudrow (Bina Kepp), Craig Robinson (Jerry Kepp), Tony Revolori (Rezno Eckberg), Margo Martindale (Freda Eckberg), Stephen Merchant (Walter Thimple), Rya Meyers (Francie Millner)
  • Nacionalidad y año de producción: EE.UU., 2017
  • Calificación: No recomendada menores de 12 años

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Mesa 19 es una de las comedias estadounidenses más mediocres que podrán verse en cines españoles esta temporada. Si atendemos únicamente a sus calidades intrínsecas, podríamos hablar incluso de uno de los títulos más catastróficos, sin importar el género, que podrá echarse el cinéfilo a los ojos en 2017. Pero hay un aspecto en ella de mucho interés, que salta a la palestra durante su desarrollo en las ocasiones suficientes como para permitirnos especular acerca de hasta qué punto, en muchas ocasiones, las ficciones son reflejos alegóricos palmarios, sin adulterar, de la situación personal y profesional de sus responsables en el seno de una industria, sin importar que estos hayan pretendido adscribir la película en cuestión, de cara a su éxito entre el gran público, a una fórmula absolutamente codificada: en este caso, la comedia coral de ribetes más o menos románticos en torno a los enlaces matrimoniales.

Y es que Mesa 19 debe su título al sitio que ocupan en una boda seis personas inadaptadas en grados diversos a lo que entendemos por normalidad, a las que se ha invitado por cumplir con la hipocresía social, y a las que se ha ubicado juntas en el convite por no tenerse muy claro cómo encajarlas en otros grupos más carismáticos: una niñera de edad avanzada a quien apenas recuerda nadie, un presidiario a quien se ha concedido un permiso, un matrimonio que no pasa por su mejor momento, un adolescente obsesionado con el sexo a quien su madre desea casar a toda costa, y una amiga de la novia a quien el hermano de esta ha dejado por otra chica poco antes de que tengan lugar las nupcias. Tras unos minutos de incomodidad absoluta entre los sentados a la mesa, y la constatación compartida de un cierto fracaso existencial, los seis invitados unirán fuerzas para resolver las cuitas sentimentales que angustian a uno de ellos, proceso que les arrastrará a todo tipo de enredos a lo largo de la velada, y que les incitará a conocerse mejor y hasta a entablar amistad.

Al espectador le lleva una parte considerable de metraje apreciar que las muchas situaciones estrafalarias hasta lo irritante a que se abocan los protagonistas, constituyen una apología programática de lo ridículo por parte del director y guionista del filme, Jeffrey Blitz, y los firmantes de la historia en que aquel se ha inspirado, los hermanos Mark y Jay Duplass. A partir de ese descubrimiento, en cambio, no cuesta demasiado establecer un paralelismo entre las naturalezas al margen pero deseosas de integrarse de Eloise (Anna Kendrick) y sus disfuncionales compañeros de mesa, y las de Blitz y los Duplass, que llevan tratando de participar plenamente del cine norteamericano actual desde los albores de este siglo, a partir de unos temperamentos alternativos en buena medida solo por condiciones de producción, y unos talentos que nunca han terminado de resultar convincentes.

Mesa 19 es paradigma de todo ello. Su amparo de las personalidades y los comportamientos diferentes, pasa por plasmarlos como batiburrillo de estereotipos muy poco trabajados, y la imbricación de ese argumento con las constantes de la comedia comercial adolece de infinitos problemas. Los acontecimientos y los diálogos se suceden sin ningún sentido de la verosimilitud fílmica ni del timing cómico, y, durando la película unos ochenta minutos descontando títulos de crédito, se detecta sin problemas que algunas escenas han sido escritas para rellenar metraje. Por otra parte, la presencia de Anna Kendrick, una de las actrices más representativas del género a fecha de hoy, impone una línea narrativa principal que, por su torpeza y conservadurismo, acaba provocando la vergüenza ajena, algo para lo que sí que no caben coartadas de ningún tipo. Viendo Mesa 19, se reafirma uno en la idea que habían ido prefigurando realizaciones previas de sus artífices y, en particular, de los hermanos Duplass: que quizá no se debería haber tenido en primer lugar con ellos la deferencia siquiera de invitarles a la celebración de lo cinematográfico, dado que sus sensibilidades especiales no han demostrado ser en la mayor parte de las ocasiones, y esta película no es una excepción, más que manifestaciones pintorescas de la mediocridad.

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