El País

Crítica: Ariel Winograd reproduce mecánicamente la práctica totalidad de tópicos del enredo nupcial anglosajón en una comedia carente de personalidad propia

  • Autor: Roberto Piorno
  • Fecha:
Mi primera boda

Lo mejor:
La solvente pareja protagonista

Lo peor:
Un acusado déficit de personalidad

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  • Género: Comedia
  • Fecha de estreno: 04/10/2013
  • Director: Ariel Winograd
  • Actores: Natalia Oreiro (Leonora Campos), Daniel Hendler (Adrián Meier), Imanol Arias (Miguel Ángel Bernardo), Martín Piroyanski (Fede), Muriel Santa Ana (Inés), Gabriela Acher (Raquel de Meier), Gino Renni (Raúl Meier), Luz Palazón (María), Pochi Ducasse (Delia), Elisa Carricajo (Micaela "Mica")
  • Nacionalidad y año de producción: Argentina, España, 2013
  • Calificación: Todos los públicos

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Precedida por un arrollador éxito de público en Argentina, donde cuajó como una de las películas más taquilleras del curso pasado, Mi primera boda aterriza aquí, con una propuesta muy familiar, pero no por el buen predicamento que la comedia situacional argentina se ha ganado en los últimos años. De hecho lo nuevo de Ariel Winograd está en una onda totalmente diferente.

El objetivo es emular el espíritu festivo de la gran comedia de enredo nupcial anglosajona, guiñando un ojo, cuando no directamente los dos, a propuestas como "Un funeral de muerte" y semejantes. La buena noticia es que Mi primera boda no desentona demasiado, la mala es que es a costa de imitar una fórmula ajena con demasiados precedentes sin el menor empeño por esquivar estereotipos o definir una identidad exclusiva y propia.

Concebida a partir de una idea no precisamente original, por una línea de comedia situacional importada sin demasiados filtros, Mi primera boda va de más a menos, desinflándose en torno a las carencias de un planteamiento débil y poco trabajado. La cinta regala al menos un puñado de gags agudos y divertidos, pero la comedia se mueve a trompicones, al calor de ocurrencias puntuales, de diálogos brillantes demasiado inconexos, excesivamente diluidos en un todo que acusa inevitablemente su lealtad al estereotipo.

Winograd pasa de sorpresa, la suya es una propuesta de multisala hecha "a la manera de". La fórmula es, sin duda, muy vendible, pero hay un peaje a pagar. Mi primera boda es una comedia sin sangre, que se salva de la hoguera por el buen hacer de Daniel Hendler y Natalia Oreiro, que quieren pero no pueden, entre tanto quiebro humorístico de manual.

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