Crítica: Stand-up western

  • Autor: Diego Salgado
  • Fecha:
Mil maneras de morder el polvo

Lo mejor:
La química entre Seth MacFarlane y Charlize Theron

Lo peor:
Se analice como se analice, lo cierto es que la película no es nada memorable

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  • Género: Comedia
  • Fecha de estreno: 04/07/2014
  • Director: Seth MacFarlane
  • Actores: Seth MacFarlane (Albert), Charlize Theron (Anna), Amanda Seyfried (Louise), Neil Patrick Harris (Foy), Sarah Silverman, Giovanni Ribisi (Edward), Evan Jones (Lewis), Ralph Garman (Dan)
  • Nacionalidad y año de producción: EE.UU., 2014
  • Calificación: No recomendada menores de 7 años

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Con Ted (2012), su primera incursión como productor, guionista y director en el cine, el cómico estadounidense Seth MacFarlane logró un gran éxito, que parecía validar en un formato diferente la concepción de lo humorístico que viene desarrollando desde 1999 en la célebre serie animada Padre de familia: una visión disfuncional hasta el absurdo de las relaciones personales; imágenes en las que se atropellan el guiño, lo autoconsciente y el estereotipo, de manera que cada capítulo deviene un ejercicio de zapping a lo largo y ancho de nuestro acervo sociocultural; y gags que combinan lo grosero, los insertos bruscos, los silencios y los puntos suspensivos, a fin de suscitar en el espectador una risa dubitativa o, incluso, el encogimiento de hombros. El humor como reacción a lo pueril del producto y su contexto, a lo pueril de nuestra propia mirada.

Sin embargo, la segunda realización de MacFarlane ha sufrido en Estados Unidos un varapalo crítico y popular que probablemente se repita en España. Y sería injusto, porque, sin tratarse de ninguna obra maestra, su fracaso cabe achacarlo, en buena medida, a un error de interpretación: se ha repetido hasta la saciedad que Mil maneras de morder el polvo -cuyo magro argumento se centra en Albert (el propio MacFarlane), un ganadero miedoso que, en la Arizona de 1882, hace buenas migas con la esposa (Charlize Theron) de un sanguinario forajido (Liam Neeson)-, es una parodia del western, en la estela de títulos como Los hermanos Marx en el Oeste (1940), Sillas de montar calientes (1974), Esos locos cuatreros (1985) o, incluso, la reciente El llanero solitario (2013); títulos todos ellos que buscaron provocar la carcajada y la reflexión en base a desacralizar, deconstruir y actualizar las convenciones fílmicas del género.

Analizada en base a tales parámetros, Mil maneras de morder el polvo resulta, en efecto, un desastre sin paliativos; una película que en tanto narración autónoma peca de indolente, con una ratio mínima de gags efectivos -aunque funcionen los que giran en torno al devoto prometido de una prostituta y los posados fotográficos en el Oeste-, y cuya aportación al ámbito de la sátira es anecdótico. Pero es que basta con atender al primer diálogo de la película, el que mantiene Albert con su decepcionada prometida Louise (Amanda Seyfried), para comprender que el registro de la película es otro, que permite alinearla con Rostro pálido (1948), protagonizada por Bob Hope y Jane Russell, o Juntos ante el peligro (1956), vehículo al servicio de Jerry Lewis y Dean Martin.

Es decir, Mil maneras de morder el polvo no es una propuesta creativa en torno al western, sino que el género es un telón de fondo, un pretexto, para que un cómico haga gala de sus habilidades. El mismo título original de la película, A Million Ways to Die in the West (Un millón de formas de morir en el Oeste), apela menos a un relato, que a la excusa precisada por un stand up comedian, un humorista en vivo, para articular su nuevo espectáculo. Espectáculo que acaba diciendo mucho más de su visión y la de quienes ríen con él sobre una determinada cuestión, que de la misma. Como se encarga de recalcar en un momento determinado MacFarlane sobre lo que contemplamos, "yo no soy el héroe, soy el tipo de la multitud que se burla de la camisa que lleva el héroe; eso es lo que soy". Como cualquier cómico sobre un escenario, sin ocultarse bajo los rasgos del dibujado Peter Griffin (Padre de familia) ni un oso de peluche (como en Ted), aunque con la complicidad impagable de una Charlize Theron de nuevo en estado de gracia, uno y otra menos caracterizados que disfrazados de personajes del Oeste, Seth MacFarlane hace de Mil maneras de morder el polvo una función, todo hay que decirlo, menos divertida de lo que ambiciona. Pero que conviene entender como tal, y no como fábula al uso, siquiera paródica, so pena no ya de aborrecer la película, sino de no entender siquiera qué pretendía ofrecernos.

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