El País
Imprimir

Crítica: La soledad como un fantasma

  • Autor: Roberto Piorno
  • Fecha:
Mil noches, una boda (Party Girl)

Lo mejor:
Cine muy de verdad, sin imposturas ni trampas

Lo peor:
No tiene un gran recorrido en la retina

Valoración GDO


Valoración usuarios
  • Actualmente 3.5 de 5 Estrellas.
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
3.7
10 votos

Gracias por tu valoración!

Ya has valorado esta página, sólo la puedes valorar una vez!

Tu valoración ha cambiado, gracias por contribuir!

  • Género: Drama
  • Fecha de estreno: 05/12/2014
  • Director: Marie Amachoukeli-Barsacq, Claire Burger, Samuel Theis
  • Actores: Angélique Litzenburger (Angélique Litzenburger), Joseph Bour (Michel Henrich), Mario Theis (Mario Theis), Samuel Theis (Samuel Theis), Séverine Litzenburger (Séverine Litzenburger), Cynthia Litzenburger (Cynthia Litzenburger), Chantal Dechuet (Madame Dechuet), Alyssia Litzenburger (Alyssia Litzenburger), Nathanaël Litzenburger (Nathanaël Litzenburger), Meresia Litzenburger (Meresia Litzenburger), Sébastien Roussel (Sébastien), Vincenza Vespa (Enza), Jenny Bussi (Jenny)
  • Nacionalidad y año de producción: Francia, 2014
  • Calificación: No recomendada menores de 12 años

+ info

La soledad es una mala bestia, tanto si es un hecho consumado como si es solo la amenaza implícita al paso del tiempo y a una vejez no acompañada. Mil noches, una boda (Party Girl) describe esa inquietud invisible, esa perpetua nostálgica por una felicidad que ni siquiera sabes si existe, a los sesenta, cuando ciertas luces empiezan a apagarse y ciertas sombras comienzan a acechar, amenazando con pasar factura por las decisiones equivocadas y a destiempo, en ese tiempo en el que uno intuye, quizá empieza a tocar retirada. El trío de directores de esta propuesta, que arrancó incontables aplausos en Cannes después hacerse con el premio a la mejor ópera prima, exprime hasta el límite de sus posibilidades expresivas los silencios, a veces cómplices, a veces calladamente hostiles, de los habitantes de esta película, que se forja en torno a esa encrucijada en la que tu vida amenaza con dejar de ser tuya para ser propiedad de las expectativas ajenas.

Un discurso sostenido en torno al impecable y enternecedor retrato de una mujer, Angelique, que es feliz en un ambiente aparentemente impropio de una mujer de su edad: la noche, la fiesta, las confidencias de barra de bar. A los sesenta años sobrevuela sobre su cabeza una llamada al orden, para sentar cabeza, aceptar una no demasiado halagüeña (o sí) propuesta de matrimonio, y casarse con la normalidad de las convenciones para eludir esa amenaza omnipresente de soledad y de aislamiento.

Crónica de un puñado de vidas en el dique seco que buscan mar para seguir navegando, Mil noches, una boda (Party Girl), describe rutinas reales como la vida misma, arrojando luz sobre naufragios y victorias pírricas muy de verdad, en una inmersión muy auténtica en ese cruce de caminos que se despliega frente a la atribulada protagonista: una mujer cualquiera pero diferente, que vive como quiere, pero que quizá no pueda seguir viviendo como quiere. Con un tono y un enfoque naturalista, el trío de directores escudriña con mucho oficio los dilemas emocionales de la singular protagonista.

El resultado es una película muy fresa, que si bien maneja y baraja un puñado de lugares comunes bastante explícitos, logra cuajar como un logrado estudio de personajes, explorando una espesa dualidad amor/desamor bastante genuina, perfilando vulnerabilidades muy tangibles, muy a flor de piel en torno a una pequeña gran historia contada con paciencia pero sin parsimonia, que coge altura gracias, fundamentalmente, a la entrega incondicional a la causa de Angelique Litzenburger, que es algo así como la Carmina Barrios española, a las órdenes, como esta, de su hijo Samuel Theis, que sabe sacar lo mejor de ella en cada plano.

Ir a la película >





Servicios


Recibe semanalmente los mejores
planes y premios del Club. ¡Suscríbete!




Blogs


Podcast de cine: BUTACA VIP