El País

Crítica: La maternidad en crisis

  • Autor: Ignacio Pablo Rico
  • Fecha:
Mil veces buenas noches

Lo mejor:
Plantea, sin concesiones, un tipo de conflicto de plena actualidad

Lo peor:
La puesta en imágenes deja mucho que desear



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  • Género: Comedia
  • Fecha de estreno: 08/08/2014
  • Director: Erik Poppe
  • Actores: Juliette Binoche (Marcus), Nicolaj Coster-Waldau (Marcus), Lauryn Canny (Steph), Chloë Annett (Jessica)
  • Nacionalidad y año de producción: Noruega, Irlanda, 2013
  • Calificación: No recomendada menores de 16 años

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¿Cuántas veces ha reflejado el cine el conflicto interior del hombre que debe escoger entre su faceta de marido y padre protector y una vida profesional que lo obliga a jugarse el pellejo jornada a jornada? Películas tan disímiles como Escrito bajo el sol (1957), Mentiras arriesgadas (1994) o En tierra hostil (2008) se han hecho eco de una encrucijada típicamente contemporánea: la imposibilidad de compatibilizar las obligaciones conyugales y paternales con la aventura; la tensión entre la cotidianidad burguesa y la satisfacción que otorga una pasión estrictamente solitaria e intransferible. O poniéndonos un poco más terrenales: la disyuntiva entre cumplir con las aburridas exigencias familiares y hacer lo que a uno le venga en gana.

 No es usual toparse con una cinta como Mil veces buenas noches, que se aproxima a dichas cuestiones pero desde la perspectiva de una mujer, madre y esposa. Rebecca es una célebre reportera de guerra que, tras ser herida en un atentado terrorista, recibe un ultimátum por parte de su sufriente marido. Pero ya hace tiempo que ella seccionó el cordón umbilical que la conectaba a una realidad que hoy se le antoja completamente ajena y extrañamente desagradable.

 Hay que decir que el realizador y guionista Erik Poppe pierde el pie con el tono y con la puesta en escena. La obviedad simbólica de los insertos oníricos y un dramatismo de cartón-piedra impiden que Mil veces buenas noches llegue a estremecernos tal como pretende. El resultado de ello es un filme notablemente mejor pensado que ejecutado; sus destellos de inteligencia son, no obstante, los suficientes como para perdonarle los patinazos.

 Y es que Mil veces buenas noches sortea con eficacia soluciones falazmente conciliadoras y opta por desplegar ante el espectador el dilema con una complejidad inusual. Juliette Binoche encarna a un personaje femenino sumamente interesante, en el que confluyen la activista con conciencia social y la guerrera adicta a a la adrenalina. No palpita moralina alguna bajo el "poliedrismo" por el que apuesta Poppe, que ni ensalza ni condena la actitud de Rebecca y de sus seres queridos. De esta manera, la película camina hacia una estimulante revisión de la maternidad tradicional que culmina en un desenlace generoso y empático, pero en absoluto conservador. Eso sí: al final del sendero nos aguarda un plano sobrecogedor -el más sugerente del largometraje-, la constatación de un doble fracaso: el de la madre y el de un cierto modo de entender el humanitarismo.

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