El País

Crítica: Histeria del cine

  • Autor: Diego Salgado
  • Fecha:
Mommy

Lo mejor:
El arrojo como cineasta de Xavier Dolan, por vergüenza ajena que pueda producir en ocasiones.

Lo peor:
Que alguien mayor de 25 años pueda considerar verdaderamente arriesgadas películas como esta.

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  • Género: Drama
  • Fecha de estreno: 05/12/2014
  • Director: Xavier Dolan
  • Actores: Anne Dorval (Diane ´Die´ Després), Antoine-Olivier Pilon (Steve Després), Suzanne Clément (Kyla), Patrick Huard (Paul), Alexandre Goyette (Patrick), Michèle Lituac (Directora del centro)
  • Nacionalidad y año de producción: Canadá, 2014
  • Calificación: No recomendada menores de 16 años

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Alcanzada casi una hora de metraje, Mommy genera la única escena con la que este crítico pudo congeniar. Se trata, en todo caso, del enésimo instante marcado por la histeria emocional. No hay apenas otra cosa en el quinto largometraje del guionista y director canadiense Xavier Dolan (1989), niño prodigio, mimado, del circuito de festivales y crítica selecta. Pero, al estar protagonizada por el menos irritante de los tres personajes que habitan Mommy -Kyla (Suzanne Clément), una intrusa repentina en la vida de los insoportables Diane (Anne Dorval) y su hijo Steve (Antoine-Olivier Pilon)-, dicha escena podría decirse que sublima los deseos inconfesos del espectador: cansada de las estupideces de Steve, a quien la hiperactividad y una madre encantada de haberse conocido han convertido en un monstruo, Kyla se arroja sobre él y amenaza con reventarle la cabeza.

 En sus cuatro largometrajes previos -los más estimables: Los amores imaginarios (2010) y Laurence Anyways (2012)-, Xavier Dolan ya había dado cuenta de una creatividad absolutamente estereotípica, por mucho que sus rasgos tengan mejor prensa, se consideren más transgresores, que los propios de un cineasta comercial, aburguesado. Quien haya visto el documental autobiográfico de Jonathan Caouette Tarnation (2003), sabrá de inmediato a qué nos referimos: una personalidad narcisista, que ha hecho de lo en apariencia diferente tendencia, que jamás ha reflexionado sobre los constructos de sus manifestaciones sexuales y afectivas, y que concede un valor desmedido a las vivencias patológicas y las emociones intensas; en definitiva, al melodrama, registro sacrosanto en una sociedad caracterizada por la subjetividad y la egomanía. Por el selfie.

 Sin embargo, en sus anteriores películas, Dolan aún se hallaba experimentando con su sensibilidad y sus referencias, lo que daba lugar a tensiones artísticas muy interesantes en el seno de las imágenes. Mommy, por el contrario, es un monumento a la (in)madurez fílmica, a la autocomplacencia como cineasta, plenamente equiparable a la ostentada por las criaturas de una ficción llena, para colmo, de convenciones narrativas bajo sus amaneramientos a la moda.

 Los planos iniciales de Mommy son ejemplares al respecto. Primero se nos informa de que nos hallamos en un futuro cercano sujeto a ciertas leyes, arbitrariedad que no ejerce ninguna influencia sobre lo contado pero que sirve a Dolan para justificar de manera discutible el desenlace de la película. A continuación, imágenes difuminadas y al ralentí aderezadas con música enlatada de Craig Armstrong nos presentan a Diane como si fuese una estrella del pop, prestada más atención a sus vaqueros que a su rostro. Y, por último, se recurre de manera un tanto infantil al formato de pantalla en proporción 1:1, cuadrado, que simboliza el ahogo existencial que atenaza a Diane, Kyla y, sobre todo, Steve, y que se violenta solo durante una secuencia catártica de viaje en armonía que también hemos visto mil veces.

 Así las cosas, esta supuesta oda agridulce y desgarradora a la libertad y lo espontáneo, a la vida, deriva en artefacto plagado de instantes histriónicos que pretenden a toda costa ser memorables, interpretado a todo volumen por actores de pupilas siempre dilatadas. Un corregido y aumentado respecto a su ópera prima, Yo maté a mi madre (2009), que no aporta en el fondo nada relevante a la misma. Que Dolan esté preparando ya su debut a nivel internacional con una película en la que participará Jessica Chastain, nos da una pista sobre lo relativo de su carácter rebelde y alternativo; sobre su facilidad para ser absorbido sin sobresaltos por un determinado ecosistema sociocultural que hace bien poco ha hecho lo mismo con un hermano mayor de Dolan, su compatriota Jean-Marc Vallée, director de C.R.A.Z.Y. (2005) y Dallas Buyers Club (2013).

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