El País

Crítica: Nuevas formas de estar en el mundo

  • Autor: Diego Salgado
  • Fecha:
Morgan

Lo mejor:
Anya Taylor-Joy, a dos películas de convertirse en nueva musa del fantástico

Lo peor:
Solo funciona como caja de resonancia de propuestas similares, pero más interesantes

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  • Género: Terror
  • Fecha de estreno: 16/09/2016
  • Director: Luke Scott
  • Actores: Kate Mara (Lee Weathers), Anya Taylor-Joy (Morgan), Rose Leslie (Dra. Amy Menser), Toby Jones (Dr. Simon Ziegler), Michelle Yeoh (Dr. Lui Cheng), Brian Cox (Jim Bryce), Jennifer Jason Leigh (Dra. Kathy Grieff)
  • Nacionalidad y año de producción: EE.UU., 2016
  • Calificación: No recomendada menores de 16 años

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Llevamos un tiempo congratulándonos de la calidad del cine de género que está llegando a la cartelera española; de la habilidad del mismo para hechizar la atención del espectador, y para abordar, al mismo tiempo, cuestiones de sumo interés sobre nuestro tiempo. Por ello, cabe valorar sobre todo Morgan en términos de una cierta decepción. Como título que también albergaba el potencial de mantener en vilo al público -entre otras cosas, por su capacidad para hablarle, sin parecerlo, de tú a tú sobre las inquietudes individuales y generacionales que le acucian-, pero que, a la postre, termina por quedarse en tierra de nadie, incluso a pesar de un final sorpresivo que nos obliga a reinterpretar lo visto hasta entonces.

 La película, escrita por el desconocido Seth W. Owen, gira en torno a Lee ( Kate Mara), empleada expeditiva en un grupo de inversiones que confía presupuestos a grupos de investigadores embarcados en la experimentación con vida artificial, a fin de que obtengan resultados prácticos, provechosos. Uno de dichos grupos ha conseguido en efecto crear un humanoide, Morgan (Anya Taylor-Joy), de inteligencia y poderes excepcionales que podrían revertir en avances médicos y tecnológicos de todo tipo. Sin embargo, como podrá constatar pronto Lee en el apartado recinto donde los científicos trabajan con Morgan, la criatura está lejos de ser un mero sujeto de observación y ensayos: la mezcla de facultades excepcionales y emociones embrionarias que le caracterizan, desemboca con frecuencia en actos impredecibles, de extrema violencia.

 Cualquier cinéfilo con unas horas de vuelo en lo que se refiere a ciencia ficción y terror tendrá ya claro a estas alturas a qué registros se acoge Morgan. El mito de Frankenstein -que celebra en 2016 su bicentenario-, actualizado por un aluvión de títulos recientes como Splice (2009), The Machine (2013) y Ex-Machina (2015), demuestra que el interés del ser humano por la creación de existencias y conciencias artificiales sigue siendo un argumento cultural privilegiado. Aunque tal argumento dé cuenta en el fondo, menos de una preocupación por las ventajas y los riesgos de las nuevas tecnologías, que de una profunda insatisfacción con la condición humana heredada de la naturaleza y los contratos sociales, que sublimamos una y otra vez mediante la fabulación acerca de posibles nuevas formas de estar en el mundo.

 No faltan en Morgan cavilaciones soterradas a propósito de estos temas, aunque sumisas a un relato de verdugos atrapados con su víctima, de asesino implacable a la fuga, que, apenas ha planteado nada con rotundidad, se aboca a su desenlace, tras unas cuantas situaciones inverosímiles que ponen a prueba nuestra paciencia; como si bastase la mera premisa, para justificar una hora y media de metraje cuyas hechuras son incluso anacrónicas: en algunos momentos, parece que Morgan hubiese sido realizada en 2002. Tiene bastante responsabilidad en ello la puesta en escena del debutante Luke Scott -que también ha reescrito el guión original de Owen-, uno de los hijos de Ridley Scott, productor de la película. Scott Jr. aplica a las imágenes una elegancia superficial, que se basta para prestar al conjunto una apariencia de solidez, pero no inspiración creativa ni aportes significativos a fecha de hoy.

 Lo más curioso de la propuesta acaba por resultar que se constituya en variación sui generis de Blade Runner (1982), la cinta más célebre del padre de Luke; y, lo más estimulante, el personaje ambiguo, híbrido, que da título a la película, en cuya dinámica con el que afronta a su vez Kate Mara se atisban además consideraciones sugerentes sobre lo mujer y sus mutaciones. Contribuye a ello la actriz elegida para prestar sus rasgos a Morgan, la peculiar Anya Taylor-Joy, protagonista asimismo de La bruja: Una leyenda de Nueva Inglaterra (2015). Si continúa por esa línea, Taylor-Joy -que, de hecho, ya ha concluido su participación en Marrowbone (2017), de Sergio G. Sánchez, y Split (2017), de M. Night Shyamalan- puede erigirse en los próximos años en una figura interpretativa clave del cine fantástico y de terror estadounidense.

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