El País

Crítica: Whedon brinda con shakespeare

  • Autor: Roberto Piorno
  • Fecha:
Mucho ruido y pocas nueces (2012)

Lo mejor:
Whedon hace de la necesidad virtud

Lo peor:
La contextualización contemporánea de los versos es muy problemática

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  • Género: Comedia dramática
  • Fecha de estreno: 20/12/2013
  • Director: Joss Whedon
  • Actores: Amy Acker (Beatrice), Nathan Fillion (Dogberry), Clark Gregg (Leonato), Fran Kranz (Don Pedro), Jillian Morgese (Hero), Sean Maher (Don John), Spencer Treat Clark (Borachio), Riki Lindhome (Conrade), Ashley Johnson (Margaret), Emma Bates (Ursula), Tom Lenk (Verges)
  • Nacionalidad y año de producción: EE.UU., 2012
  • Calificación: Todos los públicos

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Paradigma de proyecto de esos que hacen de la necesidad virtud, el Mucho ruido y pocas nueces (2012) de Joss Whedon se filmó con un presupuesto ínfimo, entre amigos, en un tour de force de doce días en una pausa del rodaje de Los Vengadores. Es precisamente ese espíritu de película express, de factura aparentemente (y solo aparentemente) amateur, resuelta contrarreloj lo que otorga a la cinta un halo de frescura que la distingue de otras recontextualizaciones contemporáneas de la obra de Shakespeare. Lejos pues del tono operístico de propuestas más solemnes y formalmente elaboradas como el reciente Coriolano de Ralph Fiennes, Whedon propone un diálogo estimulante entre los versos del bardo de Stratford y las demandas de una contextualización contemporánea que, curiosamente, y a pesar de las prisas y el espíritu estratégico de improvisación, se propone como una versión decididamente leal a la ilustre fuente literaria, exprimiendo todas las posibilidades escénicas del verso declamado por un puñado de intérpretes en estado de gracia.

Whedon escucha a Shakespeare extrapolando el lúcido discurso de una de sus comedias más emblemáticas huyendo de la impronta Branagh, desnudando el verso, sin distracciones de estilo, para que resuene en todo su esplendor en una ficción de coreografía impecable en el que las peculiares vicisitudes del rodaje acaban trascendiendo como coartada de sus más admirables virtudes.

Ahora bien, cuesta dios y ayuda ligar el texto a la informalidad contemporánea de la puesta en escena. Es decir Mucho ruido y pocas nueces (2012) cuaja como un capricho con muy buenos mimbres, incapaz de justificarse a sí misma en esa desconcertante, y problemática, disociación entre texto e imágenes. Whedon logra que acabes por vencer ese obstáculo, que termines por encajar texto e imagen a pesar del abismo existente entre lo que se dice y lo que se ve. Mucho ruido y pocas nueces (2012) es la enésima puesta al día de un texto del dramaturgo inglés, lúdica y estimulante, pero de ensamblaje imposible.

El texto no termina de funcionar extraído de su contexto original, y si bien la frescura de la propuesta escénica y el admirable desempeño del elenco remiten a un Shakespeare posmoderno más coherente de lo que es costumbre en esta suerte de propuestas, al final la pregunta central, el porqué de la desconcertante reubicación espacio-tiempo queda, como casi siempre en esta clase de relecturas modernas del teatro clásico, sin respuesta convincente

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