El País

Crítica: Dany Boon reincide en el enredo intercultural e interlingüístico de "Bienvenidos al Norte" con resultados mucho más livianos e irrelevantes

  • Autor: Roberto Piorno
  • Fecha:
Nada que declarar

Lo mejor:
Un prometedor planteamiento

Lo peor:
No hay película detrás del cachondeo costumbrista

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  • Género: Comedia
  • Fecha de estreno: 08/04/2011
  • Director: Danny Boon
  • Actores: Benoît Poelvoorde (Ruben Vandevoorde), Danny Boon (Mathias Ducatel), Julie Bernard (Louise Vandevoorde), Karin Viard (Irène Janus), François Damiens (Jacques Janus), Bouli Lanners (Bruno Vanuxem), Oliver Gourmet (Sacerdote de Chimay), Michel Vuillermoz (La división de Mercier), Christel Pedrinelli (Olivia Vandevoorde), Joachim Ledeganck (Léopold Vandevoorde)
  • Nacionalidad y año de producción: Bélgica, Francia, 2010
  • Calificación: No recomendada menores de 7 años

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Enésimo bombazo en la taquilla gala a cuenta del chico de oro Dany Boon, Nada que declarar abunda en los ingredientes que hicieron de Bienvenidos al Norte una de las películas europeas más exitosas del último lustro, a saber; costumbrismo interlingüístico, chascarrillo intercultural y desencuentro idiomático en un apacible quinto pino en el que nunca sucede nada reseñable.

Boon se mofa a colación del eterno desencuentro franco-belga, haciendo sangre sin acritud de los estereotipos que alimentan tradicionalmente la mutua tirria franco-valona en un puesto de frontera a punto de echar el cierre en los prolegómenos de la caída de fronteras que acarreó el advenimiento de la Unión Europea. Boon tiene una buena idea. Un impecable punto de partida sobre el que construir el enredo, y como en Bienvenidos al Norte su fuerte es el costumbrismo fonético y la parodia de las idiosincrasias locales; la tensión interfronteriza tiene guasa, Boon, y su socio Benoit Poelvoorde bordan sus respectivas caricaturas en una disparatada convivencia de aduana que saca punta de la demolición fronteriza de la vieja Europa con dentelladas notables de mala uva.

Pero a diferencia de Bienvenidos al Norte, Nada que declarar se atranca en el atrezo, en el contexto y en la propia chanza de usos y costumbres. Boon se inventa una irrelevante subtrama criminal para dar continuidad a las gracias de frontera, pero el meollo dramático es inconsistente; ni las marrullerías del contrabandista que encienden la mecha en el segundo acto, ni el inevitable sustrato romántico del invento, teóricos motores de la accidentada narración, tienen espesor, interés ni trascendencia.

Nada que declarar no sabe cómo exprimir la brillante idea del planteamiento; todo lo que aliña el divertido costumbrismo es puro ruido; el quid de la cuestión es un puñado de chistes inspirados de belgas contra franceses y viceversa, dos cómicos muy bien compenetrados y un paisaje fronterizo con mucho juego al que Boon, sencillamente, no sabe sacar rédito ni partido

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