El País
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Crítica: Con las horas contadas

  • Autor: Diego Salgado
  • Fecha:
Noche de venganza

Lo mejor:
Michelle Monaghan, en un registro interpretativo diferente a lo habitual en ella

Lo peor:
Es una película con pretensiones, que acaba por parecer una producción de circunstancias

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  • Género: Acción
  • Fecha de estreno: 05/05/2017
  • Director: Baran bo Odar
  • Actores: Jamie Foxx (Vincent), Michelle Monaghan (Bryant), Scoot McNairy (Novak), Dermot Mulroney (Rubino), David Harbour (Dennison), Gabrielle Union (Dena), Octavius J. Johnson (Thomas)
  • Nacionalidad y año de producción: EE.UU., 2017
  • Calificación: No recomendada menores de 16 años

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Noche de venganza es el remake producido en Estados Unidos de un filme francés que se editó en DVD en nuestro país hace cuatro años con idéntico título español al de la película que ahora nos ocupa. Ello quiere decir que la Noche de venganza original, escrita y dirigida por Frédéric Jardin, tuvo escasa repercusión popular y crítica entre nosotros. Se trataba de un noir tan trepidante como superficial, en la estela de los realizados por Fred Cavayé o Venganza (2008), sobre un policía corrupto en apariencia que, a consecuencia de sus relaciones peligrosas con un capo de la droga, se veía obligado a emprender una carrera contra reloj para salvar la vida de su hijo. Frédéric Jardin sabía mantener el interés del espectador gracias a todo tipo de golpes de efecto argumentales y un montaje orquestado con metrónomo, aunque la estrategia derivaba antes de concluir los escasos cien minutos de metraje en inverosimilitudes crecientes; en la sensación incómoda para el espectador de que todo valía y de que, por tanto, nada importaba.

 La película de Jardin era afín en ese aspecto a postulados habituales en el cine de evasión producido por Hollywood, al que interesa no tanto la reflexión del público como dejarle emocionalmente exhausto. Un gesto creativo tan noble como cualquier otro, ejemplificado a lo largo de los años por títulos como Con las horas contadas (1950) y El fugitivo (1993). Sin embargo, la relectura llevada a cabo por la versión norteamericana de Noche de venganza tiene curiosamente menos que ver con el espíritu enajenado descrito, que con unas pretensiones manifestadas también en los últimos tiempos con resultados discretos por Los amos de Brooklyn (2009), Mátalos suavemente (2012), Triple 9 (2016) y otras propuestas similares. Películas corales, que aspiran a elevar lo anecdótico a categoría de sintomatología social, y que se abonan a una grandilocuencia audiovisual sin efectos significativos a la hora de la verdad.

 En el caso de esta Noche de venganza, protagonizada por Jamie Foxx en la piel del agente de la ley decidido a todo para recuperar a su hijo, su retórica ampulosa y baldía era casi de esperar, dado que el director del filme, el suizo Baran bo Odar, ya hizo ostentación de ella en otros thrillers como Silencio de hielo (2010) y Ningún sistema es seguro (2014). Nos encontramos, pues, ante la paradoja de que una realización gala afecta a modos primarios del cine estadounidense, da lugar a una adaptación estadounidense que reivindica para sí una cierta trascendencia. Así se deduce ya de los compases iniciales de Noche de venganza, que alternan encuadres cerrados sobre una persecución automovilística, con planos generales de la ciudad en que transcurre la acción, Las Vegas, un universo articulado en torno al vértigo de las apuestas suicidas y el azar: con todos los pronósticos en contra, Vincent (Foxx) habrá de apañárselas a lo largo de una noche explosiva para traficar con un gran alijo de cocaína, escapar a un clan mafioso, burlar a una agente de asuntos internos ( Michelle Monaghan), y preservar la integridad de su familia.

 Durante un tiempo, Noche de venganza logra armonizar una narración consistente de las peripecias cada vez más angustiosas de Vincent, con el retrato clínico de una sociedad desestructurada y autista, que ha abandonado a los individuos a la supervivencia, y que tan solo halla redención en los gestos puntuales, primarios, de empatía y generosidad de unos personajes hacia otros. Pero pronto la puesta en escena se revela muy limitada -las tomas aéreas de Las Vegas acaban por semejar planos de stock-, y las argucias dramáticas se aceleran y trabucan hasta precipitar en una escena cumbre en un aparcamiento limítrofe con lo embarazoso. En sus mejores momentos, Noche de venganza es una muestra digna de cine negro. En los menos inspirados, se parece mucho al episodio piloto de una serie televisiva, o a una película ambiciosa sobre el papel que hubiese sufrido problemas varios durante su desarrollo.

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