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Crítica: Cada ser es un himno destruido

  • Autor: Diego Salgado
  • Fecha:
Noche en el museo: El secreto del faraón

Lo mejor:
El prólogo en Egipto.

Lo peor:
El cameo de Lobezno.

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  • Género: Familiar
  • Fecha de estreno: 25/12/2014
  • Director: Shawn Levy
  • Actores: Ben Stiller (Larry Daley), Robin Williams (Teddy Roosevelt), Dan Stevens (Sir Lancelot), Steve Coogan (Octavius), Owen Wilson (Jedediah), Rebel Wilson (Tilly), Dick Van Dyke (Cecil), Rami Malek (Ahkmenrah), Ricky Gervais (Dr. McPhee), Rachael Harris (Madeline Phelps), Mickey Rooney (Gus), Mizuo Peck (Sacajawea), Bill Cobbs (Reginald), Anjali Jay (Shepseheret)
  • Nacionalidad y año de producción: EE.UU., 2014
  • Calificación: Todos los públicos

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Concluía con humor negro uno de los asistentes al pase de prensa madrileño de esta tercera entrega de la serie fantástica para los más pequeños auspiciada por 20th Century Fox, que, vista la película, no es de extrañar que se haya llevado por delante a dos de los miembros de su reparto, Mickey Rooney y Robin Williams. En efecto, Noche en el museo: El secreto del faraón es tan deplorable como para propiciar ese tipo de comentarios malévolos.

Conste que sus primeros minutos, un prólogo que nos remite a En busca del arca perdida (1981) o, en su defecto, La momia (1999), hacen concebir la esperanza de que como entretenimiento navideño, banal, que disfrutar sumidos en el estupor de comilonas y altercados familiares y borracheras y disenterías propias de estas fechas entrañables, las nuevas peripecias del vigilante Larry Daley ( Ben Stiller) y las obras museísticas a su cargo que cobran vida, serán tan simpáticas al menos como las previas, Noche en el museo (2006) y Noche en el museo 2 (2009).

Sin embargo, sea porque ha transcurrido un lustro desde la anterior entrega, porque han cambiado los guionistas de las dos cintas anteriores, o porque las imágenes delatan en exceso la producción misma de la película en forma de un montaje destemplado, actores apáticos que se nota no comparten planos, incorporaciones al reparto de poco fuste o absurdas, y una fotografía mustia de Guillermo Navarro (ya implicado en la película original), lo cierto es que Noche en el museo: El secreto del faraón no funciona en ningún momento; hasta el punto de que, siendo la más corta de las tres entregas, e incluyendo para rellenar metraje una penosa coda musical, se hace la más larga, la más fastidiosa hasta la fecha de todas ellas.

En esta ocasión, la mayor parte de la acción tiene lugar en el Museo de Historia Natural de Londres, escenario de los intentos de Larry y sus amigos por recuperar para una tablilla egipcia por todos conocida la magia precisa para insuflar vida a los museos, a la cultura. Larry aprenderá a lidiar con su hijo ahora adolescente, impartirá algunas lecciones elementales de historia para que la película pueda presumir de herramienta didáctica, y acabará pasando el testigo de sus aventuras al Dr. McPhee ( Ricky Gervais); aunque suponemos dependerá del resultado en taquilla de Noche en el museo: El secreto del faraón que estas películas se reinventen, o que el gesto de Larry constituya una despedida en toda regla para el conjunto de la serie.

 Esta, en cualquier caso, precisaría en el futuro de más inventiva y calidez que las brindadas apenas en esta ocasión por el doble papel que encarna Stiller (Larry y un neandertal), la ingeniosa lucha a tres bandas en el interior de un cuadro de M.C. Escher, y la mirada pesarosa del trágicamente desaparecido Robin Williams, reducido por lo demás en su intervención como Teddy Roosevelt, una de sus últimas aportaciones al cine, a cuatro réplicas desangeladas. En este aspecto, Noche en el museo: El secreto del faraón es susceptible de matar de aburrimiento a los niños, pero, además, de suscitar en plena sala una oleada de suicidios entre sus mayores, ante la conciencia de la farsa trágica latente en todo arte, en toda vida. "Cada ser es un himno destruido" (Emil Ciorán).

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