El País

Crítica: Joseph Kosinki propone un incomparable espectáculo visual con lagunas narrativas y un crescendo muy potente

  • Autor: Roberto Piorno
  • Fecha:
Oblivion

Lo mejor:
Un diseño de producción grandioso

Lo peor:
Los personajes no acaban de funcionar

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  • Género: Acción
  • Fecha de estreno: 12/04/2013
  • Director: Joseph Kosinski
  • Actores: Tom Cruise (Jack Harper), Morgan Freeman (Malcolm Beech), Nicolaj Coster-Waldau (Sykes), Olga Kurylenko (Julia), Zoe Bell (Kara), Melissa Leo (Sally), Andrea Riseborough (Victoria)
  • Nacionalidad y año de producción: EE.UU., 2013
  • Calificación: No recomendada menores de 7 años

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Basculando alrededor del recuerdo onírico de un pasado perdido, es decir, con la excusa de la resistencia del poso emocional del pasado ante borrados o implantaciones de memoria artificial, como en Blade Runner o Desafío total, Oblivion enseña las cartas desde la primera secuencia. La muletilla es, aquí, una fuente de información demasiado explícita. Sabemos demasiado pronto qué derroteros tomará el relato y hacia dónde se dirige, solo nos queda descifrar el cómo. Sin dejarse en el tintero prácticamente ningún estereotipo de la ciencia-ficción postapocalíptica, Joseph Kosinski demuestra que no es imprescindible trabajar con material innovador y original para dar forma a una buena película.

Oblivion es una buena película, a pesar de que su propuesta argumental se lea como una superposición de capas, que son, naturalmente, ideas robadas de otras películas. Pero a la vez se resiste a ser lo que parece. Kosinki está muy pendiente de que el mundo visual de su película entre por los ojos, pero no quiere ceder a los monótonos vaivenes de un thriller fantacientífico convencional. Su película, de hecho, abraza, en un umbral elemental y de multisala, destellos de la ciencia-ficción existencialista, del humanismo futurista que llora el ocaso de la raza humana no como atrezo de un espectáculo galáctico de palomitas, sino como elemento motriz de la fábula.

Kosinski diserta en clave de parábola sobre el futuro de la especie en una alegoría a vuelta con el apocalipsis tecnológico, y la trascendencia del factor humano en un universo devorado por las máquinas. Todo muy sencillo e ingenuo si se quiere, pero también honesto y eficiente. Oblivion es una película anbiciosa, no es una mera aventura futurista para consumidores de iconografía bélica y costumbrista del siglo XXII. Pero el balance, dos horas después, es irregular.

Kosisnki es un visionario, filma con la seguridad y la solvencia de un veterano, pero además genera imágenes de una belleza plástica indescriptible. Es, en definitiva, un director que sabe crear contextos sugerentes, y envolver sus películas en un deslumbrante escaparate de virguerías visuales. Da la sensación, no obstante, que la apuesta estética copa el ochenta por ciento del esfuerzo, que Kosinski siempre va un pasito por detrás de las abultadas pretensiones de su película, que sus personajes nunca acaban de cuajar, de adquirir un relieve más allá de la función de acople al precioso entorno.

Los personajes femeninos están perfilados con prisas, y la película se resiente. Demasiado Tom Cruise, como casi siempre, y poca cancha a secundarios que piden a gritos minutos para ser algo más que elementos decorativos circunstanciales. Con todo Oblivión es una película audaz para ser, como es, un blockbuster de multisala. Y además de eso es cine formalmente deslumbrante con un sentido del ritmo muy vivo y con un crescendo postapocalíptico de los que enganchan a pesar de que las costuras estén tan a la vista.

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