El País
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Crítica: Terrorismo (emocional) de Estado

  • Autor: Ignacio Pablo Rico
  • Fecha:
Omar

Lo mejor:
La pertinencia de su mensaje y la reivindicación del valor de la tragedia individual, dejando a un lado las consideraciones sociopolíticas

Lo peor:
Abu-Assad se muestra incapaz de insuflar fuerza expresiva a un drama esquemático y maniqueo

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  • Género: Drama
  • Fecha de estreno: 04/07/2014
  • Director: Hany Abu-Assad
  • Actores: Adam Bakri (Omar), Essam Abu Aabed (jefe de Omar), Leem Lubany (Nadia), Samer Bisharat (Amjad), Iyad Hoorani (Tarek)
  • Nacionalidad y año de producción: Palestina, 2013
  • Calificación: No recomendada menores de 16 años

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A casi diez años de la llegada simultánea de Munich (2005), de Steven Spielberg, y Paradise Now (2005), de Hany Abu-Assad, dos de las ficciones más controvertidas jamás rodadas acerca del conflicto árabe-israelí, no parece haber decaído en absoluto el interés de productores y realizadores por volver su mirada, una y otra vez, a una confrontación absurdamente dilatada en el tiempo cuya resolución se nos antoja tan esquiva hoy como hace una década. Pocos cambios sustanciales se han producido al respecto, y así lo han reflejado películas como Una botella en el mar de Gaza (2012) o la recientemente estrenada en nuestras salas El hijo del otro (2012), abriendo oportunos interrogantes acerca del estado de las cosas en Oriente Medio mientras, a nuestro lado de la pantalla, se suceden las colisiones diplomáticas y los debates interminables sobre derechos históricos. El enfoque de dichas aproximaciones fílimicas oscila generalmente entre la fabulación alegórica, como ocurre en Los limoneros (2008) o Un cerdo en Gaza (2012), y las narraciones de corte realista que piensan el conflicto y cómo condiciona este la existencia de los implicados, caso de Inch´Allah (2012) o del documental The Gatekeepers (2012).

El último largometraje hasta hoy del director de Paradise Now, Omar, se enmarca en la segunda categoría. El protagonista es un panadero y miliciano palestino que, tras una corta temporada en prisión, se ve amenazado por la sombra de la traición. La cinta no sobresale de entre otras tantas de su especie que se muestran, en el fondo, incapaces de trascender su carácter de productos que persiguen a toda costa la complicidad de sectores de la audiencia que ya tienen claro quienes son los buenos y quienes los malos: el cine como barreño donde enjuagar nuestras conciencias. En consonancia con ello, no nos extraña que Omar haga gala de una mojigatería formal que nunca transgrede los límites del buen gusto; una puesta en escena límpida, pulcra, que evita en todo momento herir la sensibilidad del respetable. Algo paradójico si tenemos en cuenta la teórica valentía ideológica de esta clase de filmes, de presencia fija en festivales de los que hay quien sale tan rozagante como un puritano de una misa bien oficiada.

Estos problemas no le eran ajenos a la sobrevalorada Paradise Now, que presumía de poder enumerar, ¡en dos o tres líneas de guión!, las razones que arrastran a un par de jóvenes saludables a inmolarse en defensa de una causa que creen justa. Omar exhibe un raquitismo dramático similar, pero finalmente cobra especial interés por el modo en que difumina las razones y sinrazones del conflicto árabe-israelí para centrarse, de manera prácticamente exclusiva, en las peripecias del protagonista. En realidad, la película habla de un tema tan actual como es el terrorismo emocional; es decir, las estrategias del poder para deteriorar los lazos afectivos de una comunidad. Lástima que Abu-Assad se incline por un maniqueísmo pobremente maquillado, echando por tierra una historia con potencial que pedía a gritos un espesor dramático mayor.

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