El País

Crítica: El escritor y sus fantasmas

  • Autor: Diego Salgado
  • Fecha:
Pesadillas

Lo mejor:
Está realizada con cariño por el género y por el autor

Lo peor:
Parece destinada menos a los niños de hoy que a quienes lo fueron hace cuarto de siglo

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  • Género: Aventuras
  • Fecha de estreno: 29/01/2016
  • Director: Rob Letterman
  • Actores: Jack Black (R.L. Stine/ Slappy/ Chico invisible), Dylan Minnette (Zach), Odeya Rush (Hannah), Ryan Lee (Champ), Amy Ryan (Gale), Jillian Bell (Lorraine), Ken Marino (entrenador Carr), Halston Sage (Taylor), Steven Krueger (Davidson), Keith Arthur Bolden (Director Garrison)
  • Nacionalidad y año de producción: EE.UU., 2015
  • Calificación: No recomendada menores de 7 años

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Aunque pueda sonarle absurdo al lector, dado que nos hallamos ante una producción inspirada por las célebres novelas de terror para jóvenes escritas por R.L. Stine, y que se dirige por tanto a una audiencia familiar, Pesadillas alberga una reflexión sobre las sinergias actuales del creador con su obra y con el público, que la hermana con las planteadas por títulos para adultos de estreno reciente en nuestro país como Big Eyes, Life y The End of the Tour.

 No es de extrañar que los autores de la historia original en la que se basa el libreto de Pesadillas escrito por Darren Lemke, sean Scott Alexander y Larry Karaszewski, firmantes precisamente del guión de Big Eyes, así como de los correspondientes a Ed Wood (1994), El escándalo de Larry Flynt (1996) y Man on the Moon (1999); biografías todas ellas de artistas o emprendedores, cuyos argumentos de fondo atañían al anhelo de autorrealización de sus protagonistas; al acto expresivo y sus fantasmas; y a las servidumbres del creador contemporáneo para con una esfera mediática y popular interesada menos en la ficción que se le brinda, que en manipular esta y los rasgos de su autor de cara a facturar otra ficción conveniente a sus propios intereses.

 Es significativo que Pesadillas no adapte ninguna novela concreta de Stine; más aun, que sea el propio escritor -con los rasgos de Jack Black- quien la protagonice, y que se vea obligado en pantalla a luchar, con la ayuda de los adolescentes de rigor, contra el intento de los monstruos de su imaginación -que han cobrado vida debido a lo mucho de sí mismo que puso en ellos- por conquistar nuestro mundo. Para colmo, el archienemigo de Stine será Slappy, el siniestro muñeco de ventrílocuo presente hasta en diez títulos de la serie literaria Pesadillas, que disfrutará más que ninguna otra de las criaturas imaginadas por el escritor de su capacidad inédita para rebelarse contra él y cuestionar sus actos y motivaciones.

 Por supuesto, todas estas lecturas están supeditadas en la película a su condición de divertimento lleno de aventuras y lances fantasiosos que sabrán apreciar los niños de hoy, y puede que más, quienes fueron niños hace un tiempo. Al fin y al cabo, el universo Pesadillas se forjó mayormente a nivel literario entre 1992 y 1997, por lo que no deja de responder a unas claves tonales propias de un momento muy determinado. Algo que subrayan las labores del realizador Rob Letterman, el músico Danny Elfman -compositor habitual de Tim Burton- y el director de fotografía Javier Aguirresarobe: el espíritu de la película es muy deudor del que animase clásicos populares modernos como Una pandilla alucinante (1987) y Jumanji (1995).

 Esto se traduce en imágenes cálidas, una recuperación del imaginario de la América suburbial, personajes sin duda esquemáticos pero con un mínimo carisma, diálogos ingeniosos y hasta mordaces si lo requiere la ocasión, y una confianza mínima en hechizar al espectador no solo a través de lo que se dispone en el plano -escenarios vistosos, efectos especiales tangibles o digitales-, sino de cómo se opera con ese plano a fin de que sea más efectivo. Todo ello hace de Pesadillas una propuesta tan entrañable como algo tediosa; para bien y para mal, anacrónica, algo posiblemente premeditado dada la rentabilidad demostrada del apelar a la generación nostalgia. Aunque un detalle postrero revele que está producida en 2015: la decisión que se toma en lo relativo al personaje de la hija de Stine, Hannah ( Odeya Rush), es difícil de imaginar en una película infantil de hace treinta años. Se presta a debate, y redunda en lo ya comentado a propósito del uso creciente de la ficción y sus fantasmas, incluso por parte de sus responsables, para hacer sin escrúpulos que satisfagan nuestras necesidades emocionales.

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