El País

Crítica: Eterno retorno

  • Autor: Diego Salgado
  • Fecha:
[REC] 4

Lo mejor:
Aunque no venga al caso, la carrera comercial de la película puede beneficiarse de la psicosis despertada por la crisis del ébola

Lo peor:
La decepcionante, calamitosa realización de Jaume Balagueró

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  • Género: Terror
  • Fecha de estreno: 31/10/2014
  • Director: Jaume Balagueró
  • Actores: Manuela Velasco (Ángela Vidal), María Alfonsa Rosso (Anciana), Héctor Colomé (Dr. Ricarte), Ismael Fritschi (Nic), Mariano Venancio (Capitán Ortega), Críspulo Cabezas (Lucas)
  • Nacionalidad y año de producción: España, 2014
  • Calificación: No recomendada menores de 16 años

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Como subraya de forma muy poco sutil el nombre del buque, Zaratustra, en el que transcurre la acción de toda la película, esta cuarta y supuestamente última entrega -aunque, dado el desenlace que nos brinda REC 4, cualquier cosa es posible- de la franquicia gestada hace ya siete años, justifica su existencia y argumento en la idea filosófica del eterno retorno que Friedrich Nietzsche formulase en 1883.

REC 4 se plantea por tanto como una posible reinvención de la franquicia inaugurada por REC (2007) y, a la vez, como un punto de vista renovado sobre aquel film seminal dirigido a cuatro manos por Jaume Balagueró y Paco Plaza y sobre sus secuelas, REC 2 (2009), de nuevo a cargo de Plaza y Balagueró, y REC 3: Génesis (2012), realizada únicamente por Plaza. Y es que, como sus predecesoras, REC 4, que afronta a su vez en solitario Balagueró, es una continuación en sentido cronológico de los anteriores títulos, pero también una historia cuya línea temporal se solapa hasta cierto punto con las de aquellos y que requiere, en todo caso, de la familiaridad del público para con la franquicia.

Una estrategia interesante, también practicada por la serie Saw, que puede llegar a confundir al espectador casual, pero que contribuye a ahondar en un determinado universo de manera más efectiva que si los hechos de cada episodio sucediesen sin roces a los descritos en el previo. En REC 4, por tanto, nos topamos de nuevo con Ángela, la intrépida periodista que en REC se adentrase en un bloque de viviendas para informar sobre los extraños sucesos que tenían lugar entre los vecinos, y que en REC 2 se había convertido en portadora de un monstruoso parásito.

Ángela ha sido evacuada del inmueble donde había surgido la misteriosa rabia contagiosa, y llevada hasta un barco en alta mar junto a una superviviente añosa de la celebración de boda que tan mal acababa en REC 3: Génesis. Aunque Ángela y la anciana están siendo estudiadas con sumo cuidado para saber si continúan infectadas, y la tripulación del buque la integran científicos y hombres armados, no pasará por supuesto mucho tiempo antes de que el contagio vuelva a extenderse incontroladamente entre los personajes, arrastrándoles a la demencia y los arrebatos caníbales.

En opinión de quien esto escribe, la saga REC ha ido perdiendo interés en proporción directa a su abandono del formato de cámara en mano que caracterizase al film inicial y que, ya en REC 2, pasaba a ser utilizado sin demasiado criterio, para ser ridiculizado en EC 3: Génesis y desdeñado del todo en la entrega presente. Sin ese recurso formal, REC y sus secuelas se quedan en survival horrors de segunda, historias sobre supervivencia en situaciones límites que nunca han estado muy bien escritas.

Si la primera REC fue un hito, se debió a su talentoso recurso al found footage, que situó la película en lo más alto de un registro, el del metraje encontrado o cine en directo, que, pasados varios años, se ha convertido en el más pertinente para un género que ha de luchar por aterrorizar a un público acostumbrado por Internet y los medios al impacto del espectáculo de la realidad. Jaume Balagueró ha hecho caso omiso de ello en REC 4, sumándose a cierta recuperación formal de la ficción tal y como se entendía en los 90, antes de la superproducción en vivo del 11-S y la democratización de las imágenes, que están invocando también The Conjuring o, entre otro género, el thriller Caminando entre las tumbas (2014), que se estrena en España el mismo viernes que REC 4.

Balagueró, sin embargo, no sabe apelar a ese pasado reciente con talento, algo que resulta como mínimo paradójico teniendo en cuenta que venía de firmar su mejor trabajo como director, Mientras duermes (2011). Pero todo lo que en ese film era dominio de la puesta en escena, los espacios, el ritmo, aquí es feísmo, pésima iluminación, caos narrativo; hasta el punto de que los últimos minutos de REC 4, prácticamente ininteligibles, una orgía de planos montados a hachazos, hacen pensar en algún problema de producción y el acabado de la película a base de la edición apresurada de descartes. El eterno retorno se concreta, a la postre, como un aborto, una criatura arrojada nada más nacer contra la pantalla para que deje allí la impronta ensangrentada de lo que una vez fue, y ya no puede ser, ni siquiera remontándose creativamente a los días en que Balagueró dirigía sus cortos Alicia (1994) y Días sin luz (1995).

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