El País
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Crítica: Patinazos a la gloria.

  • Autor: Diego Salgado
  • Fecha:
Red Army

Lo mejor:
Se pasa un rato entretenido viéndola.

Lo peor:
Una ficción sin disimulos sobre Viacheslav Fetisov habría sido más interesante.

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  • Género: Documental
  • Fecha de estreno: 13/02/2015
  • Director: Gabe Polsky
  • Actores: Scotty Bowman (Scotty Bowman), Vyacheslav Fetisov (Vyacheslav Fetisov), Anatoli Karpov (Anatoli Karpov), Alexei Kasatonov (Alexei Kasatonov), Ken Kurtis (Ken Kurtis), Felix Nechepore (Felix Nechepore), Vladimir Pozner (Vladimir Pozner)
  • Nacionalidad y año de producción: Rusia, EE.UU., 2014
  • Calificación: Todos los públicos

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A estas alturas de la película, valga el chiste malo, cualquier crítico o cinéfilo con una comprensión mínima en torno a la naturaleza de las imágenes, ya es consciente de que el registro documental no es sino otra vertiente de la ficción. Una vertiente más rigurosa, eso sí, al menos sobre el papel, a la hora de interceder por el espectador frente al mundo que le rodea; de brindarle claves que le permitan poner en tela de juicio los mecanismos de lo consensuado como real, y también de lo consensuado como expresión audiovisual más adecuada de dicha realidad.

En este sentido, no resulta de extrañar que casi todos los documentales que logran abrirse camino en la cartelera tengan poco de tales. Para poder ganarse, como el grueso de los estrenos comerciales, el beneplácito del público mayoritario, sincronizan sus modos con los de la ficción establecida por el orden ideológico dominante, y, por tanto, acaban deviniendo ellos mismos ficción; por muchas pretensiones informativas, divulgativas, de denuncia, que proclamen poseer.

Red Army es ejemplo paradigmático de ello, como delata de entrada que su guión se halle entre los nominados como mejores del año pasado por el Gremio de Guionistas Estadounidenses. La película es la segunda realizada por Gabe Polsky (1979), estadounidense hijo de inmigrantes soviéticos, tras la intriga dramática con Emile Hirsch y Dakota Fanning The Motel Life (2012), que pasó un tanto desapercibida.

En Red Army, que ha contado con Jerry Weintraub y Werner Herzog como productores de excepción, Polsky se hace eco de sus orígenes y de su pasión universitaria por el hockey, al relatar el dominio mundial durante cuatro décadas del equipo nacional de hockey sobre hielo de la URSS, y, en especial, de la formación capitaneada por Viacheslav Fetisov, a la que tocó afrontar la decadencia y caída del bloque soviético y la adaptación a nuestros modos capitalistas de vida.

No faltan cavilaciones de interés a propósito de las relaciones peligrosas entre el deporte y la propaganda y el poder, las grandezas y miserias de sistemas políticos antagónicos, y las insospechadas y melancólicas derivas con el tiempo de las existencias individuales, lo que ejemplifica sobre todo el citado Fetisov, personaje privilegiado de la película, que, tras infinitas aventuras, llegó a ser durante unos años Ministro de Deportes en el gobierno de Vladimir Putin.

Pero hemos hablado de "relatar", de "personaje", de "aventuras". Y ello es porque Red Army representa ante todo un modelo de efectismo, una película que aspira a narrarlo todo, venga al caso o no, en formato de thriller y melodrama, apelando a lo más infantil y marujo del espectador. Respaldado por el oficio de los montadores Eli B. Despres (Blackfish) y Kurt Engfehr (Bowling for Columbine), Polsky opta por entretener, por lo que convencionalmente se entiende como entretener, a toda costa; hasta llegar en varias ocasiones al extremo de lo autoparódico, dada la discrepancia entre sus continuos subrayados formales y el cariz y alcance de los hechos expuestos. Así solo se manifiesta poca confianza en la inteligencia de quien mira, se revela sumisión a los dictados del espectáculo, y se traiciona el miedo a que apreciemos que, durando apenas hora y cuarto, a Red Army le sobra metraje.

Porque podría disculparse, podría incluso justificarse, que Red Army tenga menos de documental que de reportaje como los que emiten canales especializados en deportes, o de novela inspirada en hechos reales. El defecto último es que, como tal, la película de Polsky tampoco da la talla, apenas es otra cosa que un best-seller de aeropuerto, quedándose muy lejos de lo que, por traer a la memoria un título similar, lograse la épica Murderball (2005) hace la friolera de diez años.

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