El País

Crítica: Sombras imaginarias, sombras reales

  • Autor: Diego Salgado
  • Fecha:
Refugiado

Lo mejor:
La mirada de Matías, el niño protagonista, sobre su realidad

Lo peor:
Ciertos desajustes en el tono y las intenciones del relato

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  • Género: Drama
  • Fecha de estreno: 06/03/2015
  • Director: Diego Lerman
  • Actores: Sebastián Molinaro (Matías), Julieta Díaz (Laura), Marta Lubos (Antonia), Valentina García Guerrero (Ana), Silvia Bayle (Marta), Sofia Palomino (Belén), Sandra Villani (Nelly)
  • Nacionalidad y año de producción: Argentina, Francia, 2014
  • Calificación: No recomendada menores de 12 años

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La nueva propuesta del guionista y realizador Diego Lerman tras Tan de repente (2002) -con la que Refugiado comparte estructura narrativa-, Mientras tanto (2006) y la excelente La mirada invisible (2010) es, de nuevo, un ejercicio de cine contemplativo, melancólico y sutil en torno a coyunturas humanas, cuando menos, delicadas. En el caso de Refugiado, la que atañe a Laura ( Julieta Díaz ) y su hijo de siete años Matías (Sebastián Molinaro), en fuga por el acoso terrorífico de Fabián, marido y padre maltratador que a punto ha estado de dejar en el sitio a Laura en su último arranque de violencia.

 A Diego Lerman no le interesa hacer cine explícitamente ideológico, que el espectador comulgue con ruedas de molino o se sienta ungido espiritualmente por lo que le brinda la pantalla. Prefiere retratar de puntillas cómo el orden de las cosas moldea nuestras emociones individuales; cómo la esfera privada acaba reflejando a la perfección, incluso cuando le interesa evitarlo, el régimen de la esfera pública. Adquiere de esta manera pleno sentido la descripción bifronte que de Refugiado nos ofrece el propio director: "una road movie doméstica y urbana".

 La huida del hogar familiar por parte de Laura y Matías se ambienta en el marco de unas pocas jornadas, y casi siempre adopta argumentalmente el punto de vista del segundo, que apenas comprende y mucho menos puede gestionar lo que sucede; aunque en todos sus gestos delate las secuelas del infierno por el que han pasado él y Laura, así como la ambivalencia emocional hacia su padre que le embarga.

 Los escenarios sucesivos que transitan en su escapada el chaval y Laura -un centro de acogida, un hotel, la calle, el domicilio de un familiar, vehículos de todo tipo- adquieren así una cualidad tenebrosa y a la vez mágica: la mejor escena de la película puede que sea aquella en la que Matías y una amiga circunstancial juegan en unos aseos desiertos e inhóspitos, y acaban asustándose de sombras imaginarias que, sin ellos ser conscientes, prefiguran las bien tangibles que se ciernen sobre sus vidas presentes y futuras.

 Sombras que Lerman tampoco explicita, pero que ponen plenamente de manifiesto las insistentes y amenazadoras llamadas de Fabián al móvil de Laura; los medios precarios con que es atendida la mujer por los servicios sociales y las autoridades; y el desamparo en que se ven sumidos madre e hijo en los brazos poco acogedores de una ciudad, Buenos Aires, que se percibe en todo momento hostil. Como ya hemos apuntado, sin cargar las tintas, Diego Lerman pasa del desamparo individual de dos personas presas aún de ciertos sentimientos y a la vez empeñadas en salvar sus vidas, a un retrato social nada complaciente; el de un país donde la violencia de género se cobra la vida de una mujer cada 35 horas.

 Hallándonos ante una película muy estimable, no podemos dejar de apreciar ciertas fricciones entre la aproximación impresionista de Lerman a través de los ojos de Matías a sus problemas y los de su madre, y las hechuras más sofisticadas, objetivas, con que se pretende abarcar otros aspectos. Algunos subrayados musicales, la labor a veces preciosista del director de fotografía Wojciech Staron, un par de cambios discutibles en el punto de vista, y las concesiones de la cámara a la interpretación adulta de Julieta Díaz , se cuentan entre los detalles que emborronan el efecto global de Refugiado; una película que aspira a establecer un paralelismo entre los modos desinhibidos de su producción y el devenir urgente de las criaturas de ficción, pero que en ocasiones evidencia un cálculo que le sentaba mejor a La mirada invisible; ya desde su concepción, cine literario y alegórico en el mejor de los sentidos

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