El País

Crítica: Boorman sin coartada

  • Autor: Roberto Piorno
  • Fecha:
Reina y patria

Lo mejor:
La cuasi parodia de la vida castrense

Lo peor:
Que faltan el segundo y el tercer acto

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  • Género: Drama
  • Fecha de estreno: 11/09/2015
  • Director: John Boorman
  • Actores: Callum Turner (Bill Rohan), Vanessa Kirby (Dawn Rohan), Caleb Landry Jones (Percy Hapgood), Pat Shortt (Redmond), David Thewlis (Bradley), Richard E. Grant (Major Cross), Tamsin Egerton (Ophelia), Aimee-Ffion Edwards (Sophie Adams), Miriam Rizea (Peggy), Sinéad Cusack (Grace Rohan), David Hayman (Clive Rohan), John Standing (abuelo George)
  • Nacionalidad y año de producción: Francia, Irlanda, 2014
  • Calificación: No recomendada menores de 12 años

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Instalado en la irrelevancia desde finales de los 80, matizada por algún golpe de genio como la notable El general, John Boorman ha abordado en los últimos tiempos asuntos tan peliagudos como el levantamiento en Birmania a finales de los 80 o la reconciliación nacional tras el fin del apartheid en Sudáfrica con dramatizaciones torpes y carentes de cualquier atisbo de profundidad. Así, un cuarto de siglo después de uno de los grandes hitos de su carrera, Esperanza y gloria, el cineasta británico planea una redención después de una dinámica interminable de traspiés con una especie de secuela en modo "¿qué fue de....?" que ahonda, en clave autobiográfica en las postrimerías de la II Guerra Mundial, y en el destino en un tiempo de paz armada de un recluta en el cuartel en los prolegómenos de la Guerra de Corea.

No es fácil adornar la sinopsis con detalles más jugosos, por la sencilla razón de que Reina y patria carece de ellos. Redactada con un socarrón humorismo british, salvada de la apatía más absoluta por la esgrima del diálogo, por ese sustrato caricaturesco que desmonta, con un puñado de secuencias muy logradas, sin piedad a veces, el postureo crónico de las fuerzas armadas, los anacronismos de la vida castrense y la pantomima jerárquica de una institución con demasiados atavismos, la nueva propuesta de Boorman nos reconcilia con el Boorman narrador aplicado, con el buen artesano que es aquí el peor enemigo de sí mismo.

Y es que si a ratos, en efecto, Reina y patria proyecta espejismos del Boorman de Esperanza y gloria, es imposible abstraerse de los minúsculos propósitos que la mueven. Te pasas dos horas esperando que empiece la película. Pero no hay tal cosa; Boorman se toma ciento veinte minutos para despachar el primer acto, para presentar a los personajes, y después, sencillamente se acaba la película. A Reina y patria le falta, nada menos, el segundo y tercer acto completos. Es decir, Boorman cree tener entre manos una historia que contar, pero en realidad no la tiene.

Lo que tiene es una premisa inflada hasta el delirio que podría funcionar como episodio piloto de una serie con los capítulos buenos por venir. Quizá sea injusto decir que no pasa nada a lo largo y ancho de las dos horas de metraje, pero no demasiado. Lo mejor, intuyes, empieza más o menos cuando acaba la película. No hay emoción, ni tensión narrativa ni chispa romántica ni nada que no sea un regreso estéril al lugar del crimen, más de dos décadas después. Pero Boorman vuelve sin coartada, y así, claro, le luce el pelo.

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