El País

Crítica: Idiosincrasia española

  • Autor: Diego Salgado
  • Fecha:
Rey gitano

Lo mejor:
El ojo técnico de Bajo Ulloa sigue ahí

Lo peor:
Dura cerca de dos horas cuando, a los cinco minutos de haber empezado, uno percibe ya que es un fiasco

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  • Género: Comedia
  • Fecha de estreno: 17/07/2015
  • Director: Juanma Bajo Ulloa
  • Actores: Karra Elejalde (José Mari), María León (Dolores), Pilar Bardem, Gorka Aginagalde, Rosa Maria Sardà, Charo López, Ernesto Sevilla, Arturo Valls (Gaje), Manuel Manquiña (Primitivo), Albert Pla
  • Nacionalidad y año de producción: España, 2015
  • Calificación: No recomendada menores de 16 años

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Aunque no sea tan evidente como en los casos de Jurassic World (2015), Mad Max: Furia en la Carretera (2015) o Terminator Génesis (2015), Rey Gitano es otro intento del cine comercial contemporáneo por remitirnos al producido hace veinte y treinta años; cuando la cartelera, sin ser ningún prodigio, al menos no producía como esta temporada la sensación de pesadilla recurrente, de estar atrapados en el tiempo. Pero Rey Gitano es española y, por tanto, aquello a lo que pretende devolver la vida no es a ciertas concepciones de la acción, la fantasía o la aventura; sino al sainete grotesco, el costumbrismo chocarrero, el entremés vocinglero, que, en sus vertientes más degradadas, llevan unos años hipnotizando al espectador patrio de menos luces, como demuestra tanta serie emitida por las televisiones privadas generalistas. Un registro que, en 1997, disfrutó de una lectura postmoderna con Airbag, fenómeno tan popular como para convertirse en una de las películas más taquilleras de la historia de nuestro cine.

 Airbag, road movie con un ojo puesto en Rafael Azcona y otro en Quentin Tarantino, no dejó de ser en su momento una novedad y, a su manera, otra muestra de la creatividad de su co-guionista y director, Juanma Bajo Ulloa, firmante hasta entonces de dos films de autor inclasificables, Alas de mariposa (1991) y La madre muerta (1993), y dueño de un talento para la imagen espectáculo inédita en nuestro país. Sin embargo, Airbag resultó ser la tumba creativa de Bajo Ulloa, otro de los innegables talentos locales surgidos a principios de los 90 que, con los años, han resultado ser una decepción. En su caso, literal, dado que hasta Rey Gitano solo había realizado otro largometraje de ficción, Frágil (2004); en lo tocante a otros compañeros de una generación frustrada como pocas -pensamos en Julio Medem o Álex de la Iglesia-, decepción metafórica, a tenor de los rumbos que han seguido sus carreras.

 De cualquier modo, Bajo Ulloa ha tratado de reeditar con Rey Gitano la experiencia Airbag. Quién sabe si por volver a encontrarse con viejos conocidos como los actores Karra Elejalde, Manuel Manquiña o Rosa María Sardá; por sacar más tajada que entonces de los beneficios que pueda obtener la película -en Airbag no ejerció, como en esta ocasión, de productor-; o por retarse a sí mismo a poner de nuevo su nombre en órbita. Algo esto último que resulta dudoso se produzca, dado que las enloquecidas peripecias de dos perdedores, José Mari (Elejalde) y Primitivo (Manquiña), a los que camela un gitano pintoresco ( Arturo Valls) para que se embarquen en una aventura escatológica con los Reyes de España como objetivo, conforman un desastre en toda regla; una película que aspira, entre otras cosas, a concretar en pantalla el espíritu de las historietas de Francisco Ibáñez, pero que, desde los diálogos primeros entre Primitivo y José Mari, hasta la conclusión en un aparcamiento en el que dan con sus huesos todos los implicados en el esperpento, no sabe dar nunca con el tono adecuado ni otorgar organicidad a las idas y venidas de los personajes.

 Si a ello le sumamos la poca gracia de la mayor parte de las situaciones y de presencias como María León, Santiago Segura e intérpretes televisivos varios, y el nulo alcance intelectual del gamberrismo con que arremete contra las instituciones, lo que nos queda es una comedia descerebrada y trasnochada, mucho menos efectiva que cualquier entrega de Torrente, a la que solo redime en algunas escenas la capacidad intacta de Bajo Ulloa para otorgar empaque a imágenes de bajo presupuesto a través del formato panorámico y la dirección artística.

 Así pues, un chasco, susceptible de hacernos añorar no ya Airbag, sino títulos como aquella El robo más grande jamás contado (2002) de Daniel Monzón, una propuesta similar a la presente pero bastante más digna; tanto en su condición de farsa chusca y coral, como de análisis sobre lo español o, mejor dicho, la representación de lo español en nuestro cine. En este sentido, lo más incomprensible de Rey Gitano es que pretenda erigirse en metarreflexión sobre nuestra idiosincrasia y la actual crisis económica, cuando cae con estrépito en todo aquello que pretende comentar, tal y como le sucedía a otra catástrofe reciente, Murieron por encima de sus posibilidades (2014).

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