El País

Crítica: La franquicia del ogro verde reconquista su dignidad in estremis con una secuela tan prescindible e irregular como lúdica y ocasionalmente ingeniosa

  • Autor: Roberto Piorno
  • Fecha:
Shrek: Felices para siempre

Lo mejor:
El puñetero Rumpelstilskin, malo como la tiña

Lo peor:
Que la película es un vano intento de resucitar a un muerto

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  • Género: Animación
  • Fecha de estreno: 08/07/2010
  • Director: Mike Mitchell
  • Actores: Mike Myers (Shrek ), Eddie Murphy (Asno), Cameron Diaz (Princesa Fiona), Antonio Banderas (El gato con botas), Julie Andrews (Reina), John Cleese (Rey), Walt Dohrn (Rumpelstiltskin), Jane Lynch (Gretched)
  • Nacionalidad y año de producción: EE.UU., 2010
  • Calificación: Todos los públicos

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La saga Shrek está muerta y enterrada desde hace dos películas. La fórmula está exhausta desde tiempo ha y todo lo que vino detrás es un ogro verde agonizante ingeniándoselas para seguir en pie contra natura amasando fortunas. La tercera entrega se resumía en una sola palabra: infumable; caótica, anárquica, sin estructura ni columna vertebral era la clásica hecatombe por exceso de confianza.

El ogro no caminaba solo por inercia, sin un guión a la espalda; el público picó en masa por tercera vez pero los fans se divorciaron del fenómeno, y esa sonora decepción ha pasado factura con la cuarta y última entrega, que paga los platos rotos por los errores pasados con un éxito de taquilla sólo discreto, y que, lejos de los hallazgos de concepto que aireaban los dos primeros episodios, al menos echa el cierre con dignidad, recatando intermitentes destellos de genialidad y, sobre todo, la coherencia de una película con plenteamiento, nudo y desenlace que se sujeta como tal película y no como la montonera de sketches deslabazados que proponía el tercer Shrek.

Por un lado es alargar inútilmente la agonía, pero por otro es poner la guinda arriba y no debajo; los fans merecían un adiós más aseado, y en ese sentido entendemos que Shrek. Felices para siempre cumple razonablemente objetivos. A ratos, durante sus noventa minutos de duración, la saga vuele por sus fueros, y aunque va escandalosamente de más a menos incapaz de rentabilizar completamente los réditos del atractivo planteamiento, del muy notable primer acto, el último Shrek merece el respeto condicional que no merecía su antecesora.

Podría ser mejor, no hay duda, pero también mucho peor; Mike Mitchell factura hora y media de diversión familiar autosuficiente a lomos del mejor villano de la saga; el majadero sin escrúpulos Rumpelstilskin, mago y tahúr de la letra pequeña y del contrato basura, que con su perversa y deliciosa mala ua eleva el listón de la aventura y, con el aderezo tradicional de los sospechosos habituales, logra proyectar Shrek. Felices para siempre, a priori temible cuarta entrega de la difunta franquicia. a un umbral de calidad respetable y, con la que ya ha caído, probablemente inesperado.

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