El País

Crítica: Michael Moore saca los colores al sistema sanitario estadounidense con una película tan apasionante como demagógica y narcisista

  • Autor: Roberto Piorno
  • Fecha:
Sicko

Lo mejor:
El ritmo adictivo del reportaje

Lo peor:
Que Moore cada vez se resiste menos a manipular la información

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  • Género: Documental
  • Fecha de estreno: 30/04/2009
  • Director: Michael Moore
  • Nacionalidad y año de producción: EE.UU., 2007
  • Calificación: No recomendada menores de 7 años

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Es posible que Michael Moore sea un cineasta demagogo, un manipulador nato y que su cine supure sensacionalismo por todos los costados, pero el histrionismo dramático y narcisista de sus películas no debe despistar ni desacreditar por la cuestionable parcialidad del tono el contenido y el documentadísimo leit motiv de algunas de sus películas. "Sicko" pone sobre la mesa las alucinantes deficiencias médico-sociales del sistema sanitario norteamericano, la indecente especulación que las grandes compañías aseguradoras promueven a costa de la salud de sus sufridos asegurados y la maquiavélica complicidad de todos los gobiernos, republicanos o demócratas, en perpetuar este nauseabundo negocio que condena a muerte año a año a incontables ciudadanos estadounidenses víctimas de un sistema que no saben cómo combatir.

Moore es un narrador formidable y siempre lo ha sido, maneja los resortes del documental-denuncia con la solvencia del filigranista arrastrando a los espectadores a su terreno a voluntad, jugando con sus conciencias y disponiendo a placer de sus emociones. "Sicko" como antes "Bowling for Columbine" y "Farenheit 9/11" sacan a la luz con muchísimo ruido una verdad incómoda que revela dosis de monstruosidad estatal suficientes como para agitar la indignación del personal y lograr derribar su resistencia. Moore dibuja cuernos y rabo al monstruo y cuando te quieres dar cuenta ya estás a su merced, empatizando incondicionalmente con sus hipótesis. En "Sicko" semejante estrategia emerge con más claridad se cabe. Moore pone a escurrir en justicia las indignidades políticas que rodean el negocio de la Sanidad en su país para posteriormente caer en uno de los clichés del ´mal americano´: el elogio desmesurado, la beatificación sin matices, y absolutamente ingenua, de la utópica Europa donde todo el mundo es bueno y los servicios públicos un dechado de virtudes.

En el innecesario empeño de extremar la tonalidad de los contrastes pierde crédito como cronista e investigador, pero no se resiente en nada como narrador; su película se desmenuza con incondicional entusiasmo y sin resistencias, a pesar de la dudosa moralidad de sus ardides. "Sicko" lleva su planteamiento incendiario y acusador demasiado lejos, santificando la bondad estatal de Reino Unido, Francia y Cuba ofreciendo una panorámica imperdonablemente sesgada de los tres países con el único objetivo de enfatizar las carencias del suyo. Son demasiado evidentes, "Sicko" habría sido igual de eficaz si se limitase a desterrar tópicos, si orquestase toda su argumentación alrededor de los testimonios desesperados de las víctimas de ese sistema infame, sin colorear sonrisas en el paraíso manipulando el rostro feliz y armónico de la vieja Europa.

No se corta el agitador norteamericano de echarse flores a sí mismo. En sus películas pesa cada vez más la primera persona, la calidad del reportaje se resiente, pero el director es, lamentablemente, cada vez más estrella, más personaje.

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