El País
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Crítica: El rostro del olvido

  • Autor: Roberto Piorno
  • Fecha:
Siempre Alice

Lo mejor:
Una superlativa Julianne Moore

Lo peor:
La levedad de un libreto sin demasiadas aristas

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  • Género: Drama
  • Fecha de estreno: 16/01/2015
  • Director: Wash Westmoreland, Richard Glatzer
  • Actores: Julianne Moore (Dr. Alice Howland), Kristen Stewart (Lydia Howland), Kate Bosworth (Anna), Hunter Parrish (Tom Howland), Alec Baldwin (Dr. John Howland), Victoria Cartagena (Prof. Hooper), Erin Darke (Jenny), Shane McRae (Charlie), Eha Urbsalu (Dr. Benjamin)
  • Nacionalidad y año de producción: EE.UU., 2014
  • Calificación: No recomendada menores de 7 años

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El implacable rodillo del Alzheimer ha sido protagonista de no pocas películas a lo largo de los últimos años. Desde Iris a Lejos de ella, pasando por la indefendible ¿Y tú quién eres? de Mercero. El drama de olvidarse de uno mismo, de desenchufarse de los recuerdos propios y ajenos, de vivir aislado de la propia historia. Rara vez ese olvido invasor ha sido utilizado en el cine despojado de connotaciones melodramáticas, y he ahí el mérito de la propuesta de Richard Glatzer y Wash Westmoreland. Probablemente Siempre Alice carece de la pegada dramática de otras aproximaciones mejor armadas, sustanciadas en guiones más ambiciosos y complejos, pero lo que tiene de excepcional esa película es la proverbial cintura de sus directores para eludir el retrato de brocha gorda, para caer en un río de lágrimas burdo y enfático.

Siempre Alice no pretende ser un melodrama aunque implícitamente tenga algo de tal. Más bien es la crónica desnuda y sin ambages de un descenso a ese túnel de tinieblas, en el día a día de una mujer a la que se le esfuma primero el pasado y después el presente delante de sus mismísimos ojos. No hay un discurso pedagógico detrás, ni la asfixiante, y siempre contraproducente, responsabilidad de ser y ejercer de película con mayúsculas sobre un drama de estas características.

No hay una gran historia, de hecho, detrás de Siempre Alice; la degradación de las facultades mentales, brillantes, de esa mujer experta en comunicación y lenguaje (cruel paradoja donde las haya) es, de hecho, el único quid de la cuestión en una tragedia que desgrana con gran sensibilidad, cero manipulación y menos prisas, la infiltración inexorable de la enfermedad, no solo en el cerebro de Alice, sino en la rutina de una familia indefensa ante ese nuevo e indeseado miembro del clan.

Y a pesar de eso, de ser casi una crónica dramatizada del progreso de la enfermedad y poco más (sin las resonancias colaterales tan significativas que caracterizan otras películas del mismo corte), al tandem de directores gestiona un crescendo prácticamente modélico en un dramón cuya falta de pretensiones es a la postre una de sus mejores bazas. Alice es un personaje muy bien definido, y alrededor de este discurre sin arrebatos de sensiblería una narración muy sobria, caracterizada por un brillante manejo de los tiempos.

Todo sería nada, o casi, no obstante, sin el recital, enésimo, de una de las mejores actrices anglosajonas vivas. Julianne Moore borda una de las dos o tres caracterizaciones más sentidas y logradas de su carrera, escribiendo los matices de la tragedia gesto a gesto, trazando un en ellos un retrato sobrecogedor y lleno de verdad del Alzheimer que hacen de ella dueña legítima e indiscutible del Oscar 2015 a la mejor actriz protagonista.

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