El País

Crítica: Imágenes inofensivas

  • Autor: Diego Salgado
  • Fecha:
Sinister 2

Lo mejor:
Da para visionado en tarde otoñal

Lo peor:
Ha sido el propio Scott Derrickson, artífice del perturbador film original, quien ha malbaratado todos sus postulados

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  • Género: Terror
  • Fecha de estreno: 06/11/2015
  • Director: Ciarán Foy
  • Actores: James Ransone (diputado So y So), Shannyn Sossamon (Courtney Collins), Robert Daniel Sloan (Dylan Collins), Dartanian Sloan (Zach Collins), Lea Coco (Clint Collins), Tate Ellington (Dr. Stomberg), John Beasley (padre Rodriguez), Lucas Jade Zumann (Milo), Jaden Klein (Ted), Laila Haley (Emma)
  • Nacionalidad y año de producción: EE.UU., 2015
  • Calificación: No recomendada menores de 18 años

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Más allá de que ambas compartan el amparo de una misma distribuidora gracias a cuyos oficios han gozado de exhibición cinematográfica en España, Sinister 2 tiene en común con La mujer de negro: El ángel de la muerte (2015), estrenada en nuestro país el pasado mes de febrero, una serie de rasgos que al fan irredento del terror le darán idea inmediata de lo que le espera si se anima a ver la película ahora comentada: una y otra son secuelas de dos de los films adscritos al género más estimulantes producidos en los últimos años; una y otra se revelan continuaciones oportunistas, al malbaratar los logros elusivos y perturbadores de los títulos originales apelando a presupuestos paupérrimos, equipos técnicos y artísticos de muy poco fuste, e historias continuistas, sobreexplicativas; y, en relación con lo anterior, tanto Sinister 2 como La mujer de negro: El ángel de la muerte, optan curiosamente por reconducir los argumentos renovadores de Sinister (2012) y La mujer de negro (2012) a un terreno casi tradicional, de cuento de fantasmas, disfrutable dentro de lo que cabe con un ánimo predispuesto de mesa camilla y quinqué.

 El caso de Sinister 2 resulta llamativo en especial, por cuanto su predecesora ostentaba algunas de las reflexiones más incómodas vistas en mucho tiempo en torno a nuestra relación ética con el estatus predador, irreprimible, de la imagen contemporánea. Sin embargo, Scott Derrickson y C. Robert Cargill, guionistas del film previo, abdican en Sinister 2 de seguir profundizando en aquellas ideas. Prefieren repetir el mismo esquema sin otorgarle énfasis ninguno: los miembros de una familia, y en particular los más jóvenes de la misma, se ven expuestos de nuevo al visionado de unas grabaciones de asesinatos reales, que les incitan a su vez a cometer y registrar las eliminaciones de sus propios seres queridos, en un ciclo infeccioso sin fin que tiene como maestro de ceremonias a una versión mediática de la deidad pagana Bughuul.

 Si, en Sinister, Bughuul era visible solamente en las películas caseras en Super-8 que obsesionaban al escritor Ellison Oswalt ( Ethan Hawke), en Sinister 2 ha pasado a ser percibido por los hijos de Tracy (Juliet Rylance) y el antiguo ayudante del sheriff So & So (James Ransone, ya presente en el film anterior) también en discos de vinilo, emisiones radiofónicas y fotografías. Y, si, en Sinister, los niños cuyas almas había robado Bughuul hacían acto de aparición esporádica e impactante, en Sinister 2 devienen personajes secundarios en toda regla, cuyos diálogos con los hijos de Tracy sirven sobre todo al objetivo de rellenar metraje. Son las máximas novedades de la propuesta, y tienen un efecto imperceptible en el espectador, dado que, como habíamos adelantado, todo en los apartados formales se conjura para materializar imágenes apolilladas, inofensivas. Desde la concesión del protagonismo a actores de nulo carisma -la interpretación del citado James Ransone es lamentable-, a la paleta fotográfica ocre que orquesta Amy Vincent, colaboradora habitual del director Craig Brewer.

 En cuanto a la realización de Sinister 2, ha sido encomendada esta vez por el productor Jason Blum al irlandés Ciarán Foy, quien en su ópera prima, Citadel (2012), ya había hecho gala de un cierto sentido de la atmósfera y una tosquedad narrativa que se reiteran en este su segundo largometraje. Ante la falta general de alicientes, quedémonos con que, mientras Sinister hacía una apología de unas dinámicas familiares plenas, poco estiladas hoy por hoy, Sinister 2 condena la violencia doméstica. En este sentido, Scott Derrickson continúa siendo fiel a su empeño de usar el cine de terror como excusa para soltarle al público unas prédicas de carácter inequívocamente moral; o moralista, como prefiera entenderlo cada cual.

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