El País

Crítica: Clive Owen salva los muebles de un melodramón sobre familia rota por la tragedia con nulo sentido de la contención y cucharadas de almíbar de más.

  • Autor: Roberto Piorno
  • Fecha:
Sólo ellos

Lo mejor:
La compostura de Clive Owen.

Lo peor:
Los mil trucos de melodramón de segunda

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  • Género: Drama
  • Fecha de estreno: 09/04/2010
  • Director: Scott Hicks
  • Actores: Clive Owen (Joe), Laura Fraser (Katy), Emma Booth (Laura), George MacKay (Harry), Emma Lung (Mia)
  • Nacionalidad y año de producción: Reino Unido, Australia, 2009
  • Calificación: No recomendada menores de 7 años

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Scott Hicks es de esos tipos incapaces de sujetar las emociones. Sus películas se precipitan hacia el sentimentalismo chillón con sistemática puntualidad. Le gusta hurgar en corazones comatosos sin sutilezas de ninguna clase, a lo bruto, trabajándose la vulnerabilidad del respetable con maneras poco discretas. Es así de siempre, incluso de cuando la Academia lo bendijo con una surrealista nominación al Oscar por la telefílmica "Shine". El caso es que película a película tiende a enfatizar hasta la náusea la sensibilidad pueril de los relatos de sobremesa que suele manejar. "Sólo ellos" no escapa a esa tendencia.

Cine de pañuelos deshechables, "llorable" del primer al último minuto, lo último del anodino director de "Sin reservas" bucea en la amarga soledad resultante de la ausencia trágica, Un padre nada modélico pierde a su señora esposa por culpa de un maldito tumor y se queda solo con el marrón de sacar adelante un hijo que apenas conoce y que, para más irniri, acabará metiéndose en el barrizal de reconciliarse con otro de un matrimonio previo al que conoce todavía menos. Hicks desempolva todos los lugares comunes del dramón de la pérdida de la esposa y madre, recitando de memoria todos los clichés sentimentales de la readaptación al mundo sin el otro, perfilando con pincel de brocha gruesa las tormentosas relaciones padre-hijo y el conmovedor y azucarado proceso de redención de unos y otros en medio de una detestable serie de apariciones fantasmales desde el más allá que sonrojan al más pintado.

Hicks es incapaz de dosificar la melaza del malodrama, recurre siempre al sentimentalismo más fofo para ganarse nuestro sollozo y se pringa las manos de almíbar en busca de emociones tangibles y reales que nunca llega a abrazar ni por asomo. Se agradece la tradicional contención del señor Clive Owen que contrasta, menos mal, con la indiscriminada emotividad del tosco guión insensible a los matices y escorado hacia la vera del melodrama más artificialmente intenso. Algo parecido a "La vida sin Grace" de James C. Strouse en clave masculina pero sensiblemente menos lograda.

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