El País

Crítica: Versos explícitos

  • Autor: Ignacio Pablo Rico
  • Fecha:
Straight Outta Compton

Lo mejor:
Cuando F. Gary Gray se olvida de narrar

Lo peor:
Un tramo final rutinario, vulgar y hagiográfico

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  • Género: Biográfica
  • Fecha de estreno: 13/11/2015
  • Director: F. Gary Gray
  • Actores: O´Shea Jackson Jr. (Ice Cube), Jason Mitchell (Eazy-E), Corey Hawkins (Dr. Dre), Neil Brown Jr. (Dj Yella), Aldis Hodge (MC Ren), Marlon Yates Jr. (The D.O.C), Carra Patterson (Tomica), Alexandra Shipp (Kim), Aeriél Miranda (Lavetta)
  • Nacionalidad y año de producción: EE.UU., 2015
  • Calificación: No recomendada menores de 16 años

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El director F. Gary Gray, responsable de la popular Un ciudadano ejemplar (2009), que ya se había sumergido en el mundo de la industria musical con la comedia Be Cool (2005), narra en Straight Outta Compton el auge y caída de N.W.A., grupo de hip-hop de apabullante influjo cultural que, iniciando su trayectoria a mediados de los años 80, atinó a la hora de plasmar, desde la rabia subversiva, sentimientos incipientes en los guetos afroamericanos. La violencia policial, la omnipresencia de drogas y armas y las rencillas entre pandilleros eran asuntos abordados con una explicitud que acabó procurándoles, en más de una ocasión, problemas con las autoridades.

Dos de los integrantes del mítico conjunto surgido de las calles del deprimido barrio de Compton (California), Ice Cube y Dr. Dre, producen una cinta que, a lo largo de su brillante primera mitad, sabe situarse más allá de los tics habituales en las biografías cinematográficas de músicos. Sirviéndose de una atmósfera envolvente y del inspirado reparto -entre otros, O´Shea Jackson Jr., hijo de Ice Cube- huye de tentaciones naturalistas y opta por apropiarse de imaginarios estéticos entonces en boga, afines a sus personajes, para reconstruir las claves de una época convulsa y meditar acerca de la relevancia política del llamado rap realista, que condensó en versos airados un afán combativo que flotaba en el aire.

En los mejores momentos de Straight Outta Compton, importa menos el relato que los ires y venires de sus protagonistas y los espacios -hogares, salas de concierto, hoteles y malas calles- en los que se desenvuelven. El quehacer del realizador se integra en la sana tendencia, cada vez más visible en el cine contemporáneo, de abandonar el recurso de la cámara pegada al cogote al abordar un drama con ínfulas sociales, optando por la reformulación estilística; aunque aquí la mirada no se dirija al futuro sino, como ha señalado Diego Salgado, al pasado: las hood movies de los 90, como Los chicos del barrio (1991) o Friday (1995).

Desgraciadamente, en su último tramo, Straight Outta Compton nos obliga a afrontar una de las experiencias más frustrantes que puede ofrecernos el cine: la de una buena película que se viene abajo. La hora final, creativamente apática, es apenas una aburrida sucesión de notas biográficas, clichés dramáticos y apuntes (auto)complacientes a mayor gloria de sus productores, hoy figuras acomodadas encantadas de conocerse.

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