El País

Crítica: Michel Hazanavicius reactiva nuestro amor al cine por lo que fue, y no por lo que es ahora, con un delicioso y emotivo revival del cine pre-clásico

  • Autor: Roberto Piorno
  • Fecha:
The Artist

Lo mejor:
Su riguroso y razonado sentimentalismo

Lo peor:
Que alguien la juzgue por los clichés, no eludidos, del argumento

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  • Género: Drama
  • Fecha de estreno: 16/12/2011
  • Director: Michel Hazanavicius
  • Actores: Jean Dujardin (George Valentin), Bérénice Bejo (Peppy Miller), John Goodman (Al Zimmer), James Cromwell (Clifton), Penelope Ann Miller (Doris), Missi Pyle (Constance), Beth Grant (Criada de Peppy), Ed Lauter (El mayordomo), Bitsie Tulloch (Norma)
  • Nacionalidad y año de producción: Francia, 2011
  • Calificación: Todos los públicos

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Al público moderno el mudo le provoca sarpullidos. Su valor actual es el de una pieza arqueológica, un pedazo de cerámica vieja que da fe de cómo empezó todo pero que por sí misma es irrelevante por espesa al común de los mortales. La audacia de Michel Hazanavicius es esa, sacar brillo al vetusto fragmento de cerámica y servirlo entre blockbusters hiperdigitalizados sin que le tomen por loco.

Mejor dicho, más que una audacia es una hazaña; The Artist es una película muda y en blanco y negro, narrada a la manera de entonces, con intertítulos y afectados aspavientos gestuales, y así, en un cine en el que la reivindicación de lo clásico suele chocar con las reticencias del gran público, Hazanavicius se atreve a bajarse en la estación siguiente, la del pre-clásico, la del cine arqueológico y excitar la lagrima e incendiar el corazón del respetable de ahora con un brillante atavismo fílmico, un homenaje al cine como lenguaje y fenómeno de masas desde su esencia en un tiempo en el que la esencia se perdió tiempo ha por el camino.

"The Artist" es cine "a la manera de", multireferencial, cinéfilo por estética y museístico, pero es mucho más que eso. A rebufo de la Norma Desmond de Billy Wilder nace aquí otro icono del desguace del cine no hablado, George Valentin, estrella de bigote rectilíneo, sonrisa petrificada y apostura de galán abierto 24 horas. "The Artist" es el cuento que narra su ascenso y caída, la de un icono de un tiempo incapaz de encajar por principio en el siguiente. Es la clásica amargura de un naufragio de entretiempo, el de los dioses del mudo que fueron vorazmente devorados por el olvido con la irrupción del sonoro.

Pero la fábula de gloria, ocaso y redención, de por sí rígida en su interpretación lineal del estereotipo, es sólo una coartada para reivindicar otro tempo, otra rítmica de la imagen. Hazanavicius borda el experimento, pega en la diana con el revival. Su película es una reivindicación a gritos del cine como milagro en sí mismo.

Elogio de la magia del séptimo arte, un recordatorio de la excepcionalidad de una liturgia sagrada que hemos convertido en rutina, la cinta se yergue como una ventana a un tiempo no tan lejano en que el cine era fábrica de ilusiones (y de naufragios) y el hechizo fluía en el patio de butacas por el valor intrínseco de la experiencia, por la capacidad para despertar emociones perdurables.

El cine de ahora ya casi nunca es eso, pero Hazanavicius nos convence de que aún puede serlo con un delicioso trabajo de emulación medido hasta en el más mínimo de los detalles. The Artist te arrastra de la sonrisa a la lágrima en un abrir y cerrar de ojos con una honestidad encomiable, entre nostálgicas miradas a un mundo y a una manera de hacer y mirar trágicamente perdidos.

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