El País

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Crítica: Wong Kar-Wai para multisalas

  • Autor: Roberto Piorno
  • Fecha:
The Grandmaster

Lo mejor:
Una ejecución visual deslumbrante

Lo peor:
Mucho estilo y poca sustancia

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  • Género: Drama
  • Fecha de estreno: 10/01/2014
  • Director: Wong Kar-Wai
  • Actores: Tony Leung Chiu Wai (Ip Man), Cung Le (Iron Shoes), Ziyi Zhang (Gong Er), Qingxiang Wang (Maestro Gong Yutian), Elvis Tsui (Mr. Hung), Hye-kyo Song (Zhang Yongcheng), Chia Yung Liu (Maestro Yong), Chiu Yee Tsang (Shorty), Hoi-Pang Lo (Tío Deng), Xiaofei Zhou (Hermana San)
  • Nacionalidad y año de producción: China, 2013
  • Calificación: No recomendada menores de 12 años

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Ocho interminables años de duro trabajo, entre preproducción, rodaje y postproducción convierten a The Grandmaster, y ya es decir, en el proyecto más ambicioso hasta la fecha en la carrera de Wong Kar-wai. Y, en efecto, la dimensión técnico-formal de la película, sofisticada como nunca, delata los desvelos de Wong por sacar adelante un proyecto cuidado hasta el más ínfimo detallle...o no. Lo nuevo del director de 2046 seduce por la exquisita composición del plano, por la deslumbrante planificación, por la exuberante belleza de la composición fotográfica. The Grandmaster es un regalo para los ojos; Wong carga a cuestas con su personalísima impronta visual, con su arrebatador libro de estilo, para ponerlos al servicio de una película que ya no encaja con la dimensión modesta de sus viejas películas.

Hasta hace no tanto Wong era el ídolo exótico de festivales y amantes del cine de autor asiático. Sus películas seguían siendo pequeñas porque el target de sus preciosos poemas visuales seguía siendo, con todo, limitado. El problema es que Wong se ha convertido, probablemente a su pesar, en un director mediático. My Blueberry Nights y The Gandmaster son carne de multisala, y es por eso que. consciente o inconscientemente, el director hongkonés busca el acomodo de sus atávicas obsesiones éticas y estéticas en un cine más popular.

La exposición pública de su cine ha crecido exponencialmente en los últimos años, y en The Grandmaster se intuye un cierto conflicto interior por esta circunstancia. Quizá hoy Cenizas del tiempo, primera incursión de Wong en el cine de artes marciales, sería inviable. Lo que Wong persigue ahora es acomodar su estilo en un modelo de cine de autor de multicine. Por eso a ratos The Grandmaster parece, en lo visual, una extensión de las obsesiones estéticas de su autor, una prolongación, quizá un tanto forzada, de la impronta del mundo visual de Deseando amar, 2046 y La mano, pero incrustadas en un relato de narrativa lineal, convencional, con un telón histórico muy específico y un atrezo dramático y cultural infinitamente más nítido de lo que es costumbre en las grandes películas de Wong.

El resultado de esta mixtificación de elementos formales y conceptuales es confuso. Hay mucho del Wong obsesionado con la prisión del tiempo, con los amores inconclusos e imposibles en este homenaje al ilustre maestro de Bruce Lee, y hay también un empeño de evolución loable; las coreografías marciales, más allá de estar maravillosamente fotografiadas, demuestran la capacidad de Wong, hasta hoy inédita, de lidiar con la dimensión física de una secuencia de acción.

The Grandmaster regala estampas marciales de extraordinaria belleza compositiva, pero la gestión del movimiento, de las estilizadas peleas, es absolutamente ejemplar. Es decir, que la cinta lo tiene todo para ser una película redonda: un contexto histórico con enormes posibilidades, un sugerente empeño por indagar en las raíces culturales y filosóficas del kung-fu, el rastro vital de un personaje absolutamente excepcional, secuencias de acción brillantemente coreografiadas, y el toque Wong para dotar a la cinta de un fondo estético inapelable. Y sin embargo las piezas no terminan de estar satisfactoriamente ensambladas. The Grandmaster es deslumbrante a ojos vista, pero no te llega. Wong, por primera vez, se recrea en la forma al punto de perder de vista el fondo. El impacto emocional de su última película es más bien corto. Lo que trasciende, de hecho, es un voluntarioso ejercicio de estilo de corazón completamente hueco.

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