El País

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Crítica: La historia con nombre propio

  • Autor: Roberto Piorno
  • Fecha:
The Imitation Game (Descifrando Enigma)

Lo mejor:
Un ritmo endiablado y un soberbio Benedict Cumberbatch

Lo peor:
Alguna puntual concesión al sentimentalismo en el desenlace

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  • Género: Biográfica
  • Fecha de estreno: 01/01/2015
  • Director: Morten Tyldum
  • Actores: Benedict Cumberbatch (Alan Turing), Keira Knightley (Joan Clarke), Matthew Goode (Hugh Alexander), Mark Strong (Stewart Menzies), Allen Leech (John Cairncross), Tuppence Middleton (Helen), Rory Kinnear (Nock), Steven Waddington (Supt Smith), Tom Goodman-Hill (sargento Staehl), Matthew Beard (Peter Hilton), Hannah Flynn (WREN), James Northcote (Jack Good)
  • Nacionalidad y año de producción: Reino Unido, EE.UU., 2014
  • Calificación: No recomendada menores de 7 años

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El eterno debate sobre los motores que mueven las máquinas de la historia. El cine, muy dado a pasar olímpicamente de postulados marxistas que abogan por el protagonismo determinante de la lucha de clases y, por extensión, de la masa anónima de ciudadanos, suele apostar por lecturas muy reduccionistas de los grandes acontecimientos históricos, en torno a esa idea tan decimonónica de que la historia la escriben y escribieron las élites, los grandes líderes y los nombres propios con mayúsculas. Morten Tyldum, claro, se apunta a esa tendencia, indagando en la vida y milagros de uno de los grandes héroes olvidados de la II Guerra Mundial, el matemático Alan Turing, que prestó un servicio impagable a la causa aliada dotando a Gran Bretaña del arma más poderosa de todas las que irrumpieron en el conflicto: el primer ordenador del mundo, la sofisticadísima máquina que consintió desmantelar el sistema de encriptado nazi vertebrado alrededor de la diabólica Enigma.

Turing comparece aquí como uno de esos individuos milagro que desde bambalinas ganaron la guerra para los "buenos". Pues bien, Turing no ganó la guerra, y hoy sabemos que, con toda probabilidad, el resultado de la contienda habría sido igualmente favorable a los aliados sin su ingenio matemático, eso sí, con un reguero de cadáveres mucho más numeroso y con, al menos, un par de años más de combates hasta la capitulación de Alemania. En torno a esa tendencia al elogio del nombre propio, Tyldum bucea en el genio y el ingenio de un mártir de la guerra, un héroe clásico, en sentido literal, de esos que dan un paso adelante para liquidar personalmente la batalla con un combate individual que evite un baño de sangre.

Clásico también porque es un héroe sin brillo: sus hazañas fueron borradas de los registros por los servicios secretos y su homosexualidad acabó granjeándole la ruina, frente a una sociedad retrógrada e intolerante no solo represora de la secualidad no ortodoxa sino además ingrata y olvidadiza con los méritos de sus servidores más ilustres. The Imitation Game (Descifrando Enigma) es un cruce entre un biopic heroico en tiempos de guerra y un thriller histórico, pero es la inercia del segundo la que cobra protagonismo a expensas, sabia decisión, de los arquetipos y muletillas del cine biográfico tradicional.

Tyldum resuelve la ecuación dotando al personaje de una tercera dimensión a través de la equilibrada gestión de flashbacks y flashforwards que, por una vez, componen un todo coherente desde la inercia de un relato estructuralmente muy sólido, en torno a un crescendo impecable, que no da tregua ni respiro. Sí, el director noruego apuesta por un acabado clásico, academicista incluso, si se quiere, y es posible que le busquen las cosquillas por no querer asumir ningún riesgo. Pero los resultados le avalan, más allá de algún exceso de entusiasmo sentimental en torno al, de por sí, sobrecogedor clímax que desglosa la estrepitosa (y vergonzosa para sus promotores) caída del héroe. Tyldum encuentra un socio intachable en el mejor Benedict Cumberbatch hasta la fecha, lidiando con mucho tiento con un personaje difícil y escurridizo, que de haber caído en manos menos competentes podría haber mandado la película a paseo, y logra además que Keira Knightley no moleste demasiado. Un debut hollywoodiense por todo lo alto, en la que bien puede ser la gran película histórica de 2014.

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