El País

Crítica: Paul Thomas Anderson confirma la alternativa reflexionando sobre la muerte de la conciencia individual en una de las mejores películas del curso

  • Autor: Roberto Piorno
  • Fecha:
The Master

Lo mejor:
La confirmación de Paul Thomas Anderson entre los grandes del cine USA contemporáneo

Lo peor:
La densidad del discurso puede espantar a más de uno

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  • Género: Drama
  • Fecha de estreno: 04/01/2013
  • Director: Paul Thomas Anderson
  • Actores: Joaquin Phoenix (Freddie Quell), Price Carson (V.A Doctor), Mike Howard (Rorschach Doctor), Amy Adams (Peggy Dodd), Philip Seymour Hoffman (Lancaster Dodd)
  • Nacionalidad y año de producción: EE.UU., 2012
  • Calificación: No recomendada menores de 16 años

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Muchos pensaban que The Master sería una colección de rapapolvos contra la monstruosa influencia new age de la Cienciología, y un ataque frontal a sus demenciales principios éticos. Pero Paul Thomas Anderson es un cineasta poliédrico, y los ataques frontales son solo para narradores mediocres que no saben hacer sangre insinuando. De hecho The Master es mucho más que un tirón de orejas a los cienciólogos y sus apóstoles. Es más, no es nada de eso, porque mira mucho más alto.

Como postre de la excepcional e hipnótica Pozos de ambición, una de las mejores películas norteamericanas de la pasada década, lo nuevo de Anderson susurra la ruina moral de un país descoyuntado. En las postrimerías de la Segunda Guerra Mundial, en el desconcierto de un retorno traumático, en una nación socialmente rota, vagabundea un veterano (portentoso Joaquin Phoenix) arrastrando su inadaptabilidad y su inconcebible reinserción social, que es la de medio país levantando cabeza después del ingente esfuerzo bélico y de la ruptura en mil pedazos del llamado sueño americano.

En mitad de ese desconcierto aparece un profeta, un predicador pseudocientífico que canaliza el desconcierto histórico del momento en un movimiento apostólico que no es la Cienciología, sino cualquier bálsamo de esos sectarios para el espíritu en tiempos de crisis del que se aprovechan iluminados sin escrúpulos para hacer negocio y abducir conciencias. Anderson, de hecho, elude el discurso grueso de la denuncia contra el apostolismo new age, para rizar una turbadora reflexión sobre la forma demencial en que la voluntad individual se diluye en la colectiva hasta prácticamente extinguirse, ahondando en la siniestra naturaleza de la religión moderna como paracetamol de clase media-alta ávida de un porqué espiritual que encaje con sus vicios consumistas y sus pecados de casta pudiente.

Anderson caricaturiza todos esos credos, la religión de los ricos, con una mirada cínica y despiadada a la América de posguerra, dibujando una desasosegante dicotomía maestro-discípulo en la que se condensa el drama universal de la anulación de la conciencia individual en beneficio de los bastardos intereses de un grupo formado por individuos anulados. Un discurso que trasciende ampliamente las fronteras de lo espiritual-religioso para trascender al ámbito de lo político. Al fin y al cabo The Master habla del lado oscuro del poder, de la contaminación de la libertad individual en beneficio de los intereses de una élite que lo detenta y monopoliza con todos los medios a su alcance.

Lo nuevo de Anderson, decíamos, es todo esto y mucho más, porque es cine abierto a infinitas lecturas e interpretaciones. Película densa pero a la vez extraordinariamente magnética, escurridiza, porque cambia de rostro continuamente y porque exige ser pensada e interpretada. Anderson no simpatiza con los discursos premasticados, The Master es un hipnótico estudio de personajes en el que la esencia y la sustancia se esconden bajo llave. Bien está dejarse arrastrar por sus perturbadoras imágenes, por las imponentes composiciones de Phoenix y el inmenso Philip Seymour Hoffman o por la penetrante partitura de Jonny Greenwood, que, como en Pozos de ambición, construye una atmósfera sonora inhóspita pero irresistible. Pero detrás de la fachada de cine formalmente mayúsculo subyace una poliédrica y excepcionalmente compleja lectura sobre eso que damos en llamar condición humana. Un asunto en el que, a tenor de lo visto en sus dos últimas películas, Paul Thomas Anderson es catedrático

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