Crítica: Notas a pie de página

  • Autor: Diego Salgado
  • Fecha:
Todo saldrá bien

Lo mejor:
Una narración brusca y elíptica, que otorga un calado imprevisto al drama planteado

Lo peor:
La falta de convicción que transmiten Wim Wenders como director y James Franco como protagonista

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  • Género: Drama
  • Fecha de estreno: 24/07/2015
  • Director: Wim Wenders
  • Actores: James Franco (Tomas Eldan), Rachel McAdams (Sara), Charlotte Gainsbourg (Kate), Peter Stormare (Editor), Marie-Josée Croze (Ann), Patrick Bauchau (papá), Julia Sarah Stone (Mina), Robert Naylor (Christopher)
  • Nacionalidad y año de producción: Noruega, Alemania, Canadá, Francia, 2015
  • Calificación: No recomendada menores de 12 años

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Lo más probable es que Todo saldrá bien apenas inspire otra cosa que notas a pie de página en los análisis futuros que se dediquen a la obra de su realizador, Wim Wenders. El problema es que, desde hace décadas, lo único para lo que da la filmografía de Wenders es precisamente para notas al pie. El talento real, tangible, brillante del cineasta, germinó y se agostó entre 1970 y 1987, durante su adscripción al Nuevo Cine Alemán y las corrientes primeras de la postmodernidad cinematográfica; desde entonces, sus películas solo saben dar cuenta de una perplejidad debida menos a las derivas vertiginosas del hoy, que a su incapacidad como autor para interpretarlas.

En su cine inicial y más apreciable, ligado en espíritu a la obra literaria de su amigo y colaborador Peter Handke, Wenders supo fabular la huida de una modernidad que había agotado sus sentidos para la identidad en términos de desarraigo y libertad a cualquier precio. Después, en títulos tan interesantes aún como Hasta el fin del mundo (1991), Lisboa Story (1997) y El final de la violencia (1997), indagó en las mutaciones y trampas a que se ha abocado la imagen contemporánea, y en cuál era el papel del creador en esa coyuntura. Pero, a partir de la irrupción del siglo XXI, como si se hubiese rendido, Wenders empezó a dar bandazos, a aceptar encargos, a participar en films colectivos, hasta hacer de su nombre una marca que da lustre en festivales y entre la crítica de guante blanco, aunque nadie sepa ya qué representa. Basta comparar su trayectoria última con la de otro compatriota arrastrado por el tiempo a una época muy diferente a aquella en que ambos empezaron, Werner Herzog, para apreciar hasta qué punto Wenders se ha acomodado.

Ocupado como ha estado filmando los documentales burgueses Pina (2011) y La sal de la tierra (2014), Todo saldrá bien es la primera ficción del director desde Palermo Shooting (2008), y no podía servir mejor ni pretendiéndolo como ejemplo de su decadencia. En un momento determinado de la acción, uno de los personajes llega a cavilar en voz alta que "lo único que podemos hacer es intentar creernos que todo esto tiene algún sentido", lo mismo que simula Wenders con un relato obra del dramaturgo y guionista noruego Bjørn Olaf Johannessen en torno a un escritor, Tomas ( James Franco), sumido durante diez años en el alcohol y las drogas tras atropellar por accidente a un niño; poco a poco descubriremos que el trauma que le impide a Tomas pasar página, afianzar sus relaciones sentimentales sucesivas con Sara ( Rachel McAdams) y Ann ( Marie-Josee Croze) al mismo nivel que lo logrado como artista, está relacionado no solo con la muerte del chaval, también con problemas sin solventar desde su infancia.

Algunos detalles permiten inferir que si el propio Johannessen hubiese dirigido su guión, podríamos habernos topado con algo de más interés, habida cuenta de sus guiños puntuales a otras películas en las que ha tomado parte, y de que fía el impacto del drama menos a las explosiones emocionales, los diálogos o los abusos interpretativos, que a una estructura circular en lo que atañe a las relaciones entre los personajes, y un desarrollo narrativo quebrado por saltos en el tiempo de hasta cuatro años. Pero la cámara de Wenders atiende a estas características con una abulia considerable, de la que son partícipes aspectos técnicos como la dirección artística o la música de Alexandre Desplat, así como un actor tan limitado como James Franco. En muchas escenas, Todo saldrá bien adquiere la textura de una producción televisiva de sobremesa, dirigida por un novato ambicioso que no tuviese, por cierto, en mente tanto a Wim Wenders como a Atom Egoyan.

En esta coyuntura, el recurso de las imágenes al 3D no deja de ser en líneas generales una decisión formal irrelevante, caprichosa, incómoda para el espectador; por mucho que, ocasionalmente, como sucedía en Los mundos de Coraline (2009), se otorgue con ello a escenarios cotidianos una pátina de alienación que se adecúa a lo contado. Wenders ya empleó las tres dimensiones en Pina, lo que contribuyó a que aquella película fuese una de las más celebradas suyas de los últimos años. No es por eso de extrañar que haya reincidido en Todo saldrá bien, aunque nos tememos que la estrategia no va a ser acogida con el mismo entusiasmo.

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