El País

Crítica: Un padre y un hijo

  • Autor: Diego Salgado
  • Fecha: 23/10/2015
Un día perfecto para volar

Lo mejor:
Es una de las películas más sencillas, es decir, más complejas, de la temporada.

Lo peor:
Sería hipócrita no reconocer que horrorizará a muchos espectadores

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  • Género: Drama
  • Fecha de estreno: 23/10/2015
  • Director: Marc Recha
  • Actores: Sergi López, Roc Recha
  • Nacionalidad y año de producción: España, 2015
  • Calificación: Todos los públicos

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Por casualidad, diversos estrenos del año en curso están siendo ejemplares para constatar qué ha sucedido con la cantera de cineastas españoles surgida entre finales de los años 80 y principios de los 90 del siglo pasado; en ellos se depositaron grandes esperanzas, aunque, con el tiempo, la decepción con casi todos los nombres haya sido mayúscula, tanto da si tienen actividad regular o si se han convertido en fantasmas que hacen acto de aparición cada cierto tiempo. Pensamos en Julio Medem y Juanma Bajo Ulloa, Álex de la Iglesia y Agustí Villaronga, Marc Recha.

El ocaso de la posmodernidad, y las tremendas convulsiones sociopolíticas y a nivel de imagen que vivimos en los últimos años, han hecho de la mayoría de los mentados dinosaurios, en un fenómeno que no es exclusivamente local: ¿Qué ha sido de Oliver Stone, Kenneth Branagh, Jane Campion, Spike Lee? Se trata de un tema apasionante, creemos que no demasiado explorado, y que no corresponde por aquí sino esbozar, junto con la siguiente apreciación: una singularidad auténtica, no sujeta a modas ideológicas ni a tics audiovisuales, es la que ha permitido al realizador que nos ocupa en esta ocasión, el catalán Marc Recha(1970), llegarse hasta el hoy en condiciones, como demuestra  Un día perfecto para volar. ¿Y a qué nos referimos con en condiciones? A que su cine continúa manifestando -transcurridos ya seis años desde su anterior propuesta, Petit indi (2009)- una actualidad, una necesidad interna, una lógica artística implacable mientras se contempla; cualidades que brillan por su ausencia en estrenos recientes de sus compañeros de generación como  ma ma,  Rey GitanoMi gran noche o  El rey de La Habana.

Recha no es el mismo en  Un día perfecto para volar que en El cielo sube (1991) o Las manos vacías (2003). La distancia entre unos y otros largometrajes -siete en cuarto de siglo- permite apreciar, dentro de una misma concepción minimalista de la imagen, fluctuaciones de tono, contrastes sutiles, en la estela de ese ruiseñor que, en la poesía de Andrés Trapiello, "se eleva y canta (...) el canto es solo uno, siempre el mismo, y la rama cambia y cambia el ave, mas no la melodía". En su nueva película, el ruiseñor es su propio hijo, Roc Recha, que pasa una de esas tardes eternas de la infancia jugando en el campo con su padre. Un padre que no es en pantalla Recha, sino el actor  Sergi López, que suplanta al director hasta cierto momento para otorgar a lo real el aura de lo fabulado y hasta de lo arquetípico, a fin de que adquiera a la postre una pléyade de sentidos.

López le descubre a Roc los secretos de la naturaleza; recrea con él los cuentos y mitologías que ha forjado el pequeño con Marc Recha mientras este le llevaba durante años al colegio: las historias íntimas con las que se comunican y se expresan su amor. Esto es, ni menos ni más,  Un día perfecto para volar: una conversación de setenta minutos, llena de complicidad, entre un padre y un hijo, que acaba por comprender el mundo entero.

Recha, pletórico de fuerzas, hace honor al título de su película inspirado por una libertad creativa espectacular en su apuesta por el intimismo y la luz de cada instante. Pocas veces hemos visto en cine una relación tan creíble, tan emotiva, entre un adulto -quizás la mejor interpretación hasta hoy de  Sergi López, un actor complicado- y un niño. Por ello, no dejan de suponer una ruptura de tono arriesgada, aunque tengan su intención ya desde el título de la película, las pinceladas alegóricas de última hora. En cualquier caso, Marc Recha demuestra con Un día perfecto para volar, como apuntábamos al comienzo, ser uno de los pocos directores patrios surgidos en las postrimerías del siglo pasado cuyo cine todavía está vigente en 2015. Ante un verdadero cataclismo generacional, Recha se mantiene en pie apelando simplemente al hacer lo que desea con una actitud clara y coherente.

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