El País

Artículo: Los agujeros negros de la ética de la familia americana

  • Autor: Roberto Piorno
  • Fecha: 18/11/2011

Roman Polanski reflexiona sobre la moral hipócrita de la clase media americana adaptando la aclamada obra teatral homónima de Yasmina Reza.

Un dios salvaje
  • Género: Comedia dramática
  • Fecha de estreno: 18/11/2011
  • Director: Roman Polanski
  • Actores: Jodie Foster (Penelope Longstreet), Eliot Berger (Ethan), Kate Winslet (Nancy Cowan), Christoph Waltz (Alan Cowan), John C. Reilly (Michael Longstreet), Elvis Polanski
  • Nacionalidad y año de producción: EE.UU., 2011
  • Calificación: No recomendada menores de 12 años

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Estrenada en un teatro de Zúrich en 2006, Un dios salvaje fue inmediatamente saludada como uno de los textos más brillantes de la dramaturga francesa Yasmina Reza. El West End londinense y a partir de 2009 Broadway, certificaron el éxito coleccionando vítores y galardones. Hasta seis premios Tony (los Oscar del teatro) rubricaron el éxito de la obra en EE.UU., que cobró vida gracias a James Gandolfini, Jeff Daniels, Marcia Gay Harden y Hope Davis.

Roman Polanski, uno de tantos entusiasmados espectadores, quedó prendado con el sulfúrico cuadro de sociedad que emergía de los viperinos diálogos de Reza, y se apresuró a hacerse con los derechos de la pieza antes de que el éxito internacional subiera el valor de la puja. Y más importante aún, contó desde el principio con el beneplácito de la autora que, además, se comprometió a participar activamente, codo con codo con el director de El pianista en la redacción del libreto.

Lo siguiente fue hacerse con los servicios de un cuarteto a la altura del reto. Jodie Foster, Kate Winslet, John C. Reilly y Christoph Waltz dieron el "sí quiero" sin hacer preguntas. De la química entre los cuatro dependía en buena medida el éxito de la adaptación, y esta surgió después de dos intensas semanas de ensayos cara a cara. Concluido el proceso Polanski los convocó en París para comenzar el rodaje. Filmada en un único decorado en la ciudad de la luz pero, a diferencia del texto original, ambientada en Nueva York, Un dios salvaje narra en tiempo real el encuentro de los matrimonios Cowan y Longstreet en casa de los primeros, con el fin de resolver civilizadamente y en armonía sus diferencias en torno a una pelea infantil protagonizada por los hijos de ambas parejas. No obstante el firme propósito de concordia, de gestionar la situación con diplomática tolerancia y buen rollo acaba mutando y dando lugar a un acalorado enfrentamiento donde, detrás de un barniz de hipocresía burguesa, emerge lo peor de cada casa, con los buenos modales en cuarentena.

Así, a vueltas con la educación de los hijos, las rutinas de matrimonio, la cultura de las apariencias, el falaz moralismo y los prejuicios y agujeros negros de la ética estándar de la familia americana de clase media, Polanski vuelve a ganarse el favor de crítica y público con una película que se fue injustamente de vacío en el último Festival de Venecia, pero que suena con fuerza de cara a los Oscar.

Mucho más que cine

El cine de Polanski siempre ha mantenido un vínculo intenso con la literatura. Thomas Hardy, Charles Dickens o incluso Arturo Pérez Reverte, entre otros, han sido objeto de adaptación en sus manos. Más esporádica, aunque igualmente sustancial, ha sido su relación con el teatro. Los inicios profesionales de Polanski tras la guerra transcurren sobre las tablas de un teatro. Fue prolífico actor teatral antes de ingresar en la Escuela Nacional de Cine de Lodz, donde acabó decantándose por el audiovisual y por la dirección. No obstante en 1971 volvió a sus orígenes para filmar una aclamada versión de Macbeth, protagonizada por Jon Finch. Aparcó el teatro durante más de dos décadas, hasta 1994, año en que tradujo en imágenes la obra de Ariel Dorfman La muerte y la doncella. Tres años después aceptó el desafío de convertir en musical su película El baile de los vampiros. El montaje se estrenó en Viena con excelente acogida, pero la versión anglosajona estrenada en Broadway recibió críticas muy duras. Es la única incursión directa hasta la fecha de Polanski en el mundo del teatro.

Y además

Hipócrita clase media

Kate Winslet. Madre trabajadora, incapaz de cuadrar horarios para atender a sus hijos como quisiera, Nancy Cowan es una inversora de bolsa con concepto anquilosado y excesivamente rígido de la educación doméstica. Rendida admiradora de Roman Polanski, Kate Winslet, en cartelera con el thriller epidémico Contagio, suena entre las posibles candidatas al Oscar a la mejor actriz. La veremos en la comedia coral Movie 43.

Christoph Waltz. Absorbido por su trabajo y en el esfuerzo de ofrecer siempre su mejor cara, Alan Cowan recibe a los Longstreet con la mejor de sus sonrisas, lidiando con la crisis sin dejarse llevar por la ira y, eso sí, derrochando cinismo. Waltz, que admite que estaba como un flan la primera vez que Polanski pronunció la palabra "acción", Oscar por Malditos bastardos, prepara lo nuevo de Tarantino, Djago Unchained.

Jodie Foster. Foster, que tenía pendiente desde hace años un proyecto con Polanski, se saca la espina en la piel de Penélope Longstreet, activista y escritora de impecables modales, que trabaja en un libro sobre tragedias africanas a la vez que se esmera en maquillar a duras penas una latente crisis de pareja. No la veremos más hasta la primavera de 2013 en el drama de ciencia-ficción Elysium, al lado de Matt Damon y Diego Luna.

John C. Reilly. Es uno de los secundarios más solventes y polivalentes de Hollywood, y aquí vuelve a demostrarlo en la piel de Michael Longstreet, marido de Penélope, vendedor de artículos para el hogar obsesionado con medrar en la escala social y, a diferencia de Alan, incapaz de morderse la lengua. Lo próximo de Reilly será a la sombra de Sacha Baron Cohen en la esperada The Dictator.

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