El País

Crítica: Una pandilla de actores fuera de serie amortiguan los excesos sentimentales y buenrrollistas de una dramedia de tercera edad tramposa hasta decir basta

  • Autor: Roberto Piorno
  • Fecha:
Una canción para Marion

Lo mejor:
Un elenco inspiradísimo

Lo peor:
El atracón de sentimentalismo y sensiblería

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  • Género: Comedia dramática
  • Fecha de estreno: 26/07/2013
  • Director: Paul Andrew Williams
  • Actores: Gemma Arterton (Elizabeth), Christopher Eccleston (James), Terence Stamp (Arthur), Vanessa Redgrave (Marion), Anne Reid (Brenda), Jumayn Hunter (Steven), Alan Ruscoe (Juez del coro), Calita Rainford (Doctor), Ram John Holder (Charlie), Arthur Nightingale (Terry)
  • Nacionalidad y año de producción: Reino Unido, 2012
  • Calificación: Todos los públicos

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Empapada de ese ternurismo estándar de dramedia de tercera edad de brindis últimos al amor y a la vida, Una canción para Marion es discípula del buenrrollismo maduro de El exótico Hotel Marigold y derivados. En el epicentro del relato, un anciano frente a la soledad resultante de la pérdida del ser querido, agrio como los vinos viejos, desenchufado de la vida, que se agarra al clavo ardiendo de las últimas oportunidades gracias al entusiasmo desatado de una joven (Gemma Arterton), que es un torrente de vida. Todo en ella es previsible de cabo a rabo, las piezas están en el lugar exacto en el que cabe esperar que estén, y sus descargas de buenrrollismo, su pretendida vitalidad expansiva son las armas con las que Paul Andrew Williams pretende perforar nuestro corazoncito.

Al final el atracón de buen rollo hastía, el optimismo balsámico empacha. El sentimentalismo en este cargante melodrama cómico de segundas oportunidades y deudas pendientes es tan contagioso como impostado. Cuesta identificar en Una canción para Marion, que también se apunta a los tipismos del cine de concierto redentor, de música terapéutica, una sola emoción que no esté previamente manipulada para multiplicar su efecto con malas artes.

Williams propone una mirada dulce y edulcorada a los alrededores de la muerte. Su película habla de cosas terribles sin torcer el gesto, esbozando siempre una sonrisa, lo cual es de agradecer si las sonrisas no fueran tan histriónicas y forzadas. Una canción para Marion derrocha, y eso es innegable, óptimos sentimientos y mejores intenciones, pero en el empeño abusa de almíbar hasta anular del todo el sabor del drama y de la comedia. Queda, eso sí, el heroico empeño de un plantel de actores extraordinario, que propone el enésimo derroche de recursos escénicos de dos titanes como Terence Stamp y Vanessa Redgrave, que logran lo que lograban Judi Dench y Tom Wilkinson en El exótico Hotel Marigold, contener la melaza para que no salpique demasiado lo cual, viendo las coordenadas en torno a cual se mueve el guion, tiene su mérito

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