El País

Crítica: Romance otoñal

  • Autor: Roberto Piorno
  • Fecha:
Una cita para el verano

Lo mejor:
El insultante oficio de la pareja protagonista

Lo peor:
Algún énfasis sentimental de más

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  • Género: Comedia dramática
  • Fecha de estreno: 14/08/2014
  • Director: Philip Seymour Hoffman
  • Actores: Philip Seymour Hoffman (Jack), Richard Petrocelli (Tío Frank), Thomas McCarthy (Dr. Bob Thomas), Amy Ryan (Connie), Daphne Rubin-Vega (Lucy), Lola Glaudini (mujer italiana), Stephen Adly Guirgis (Trabajador MTA)
  • Nacionalidad y año de producción: EE.UU., 2010
  • Calificación: No recomendada menores de 12 años

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Con cuatro largos años de retraso, y solo rescatada del olvido a raíz del trágico fallecimiento de Philip Seymour Hoffman, Una cita para el verano pasará a la historia como la primera y única película dirigida por uno de los mejores actores norteamericanos del último medio siglo. Lo cierto es que Hoffman era un gigante delante de las cámaras, pero además ha tomado apuntes del natural de los mejores, y es por eso que la dirección de actores es, con mucho, el aspecto más notable y destacado de este drama romántico otoñal de segundas oportunidades. Hoffman y Amy Ryan, sin desmerecer al elenco de secundarios, cavan profundo para llegar al alma de sus respectivos personajes, cargando la historia de matices desde los silencios, las miradas furtivas y las palabras que se llevó el viento.

Ellos son el alma de la función porque Hoffman ha sido lo suficientemente prudente en su debut como para no meterse en ningún jardín. Su único afán es dar salida digna en formato cine a un texto teatral que, con todo, más de una vez parece escapársele de las manos. Y es ahí donde radica el problema de esta, con todo, meritoria ópera prima: todo está medido con escuadra y cartabón, del drama está demasiado pautado, medido al milímetro, falta método y sobra espontaneidad.

Hoffman tiende a enfatizar con subrayador fluorescente los pasajes más sensibles de la historia, por eso parece todo tan forzado, por eso da la sensación de que el relato no fluye de manera natural alrededor del recital de los dos actores protagonistas. Una cita para el verano tiene los defectos de muchas obras de teatro convertidas en cine: la transición es difícil, y el drama no se encuentra cómodo ni holgado entre las cuatro paredes del plano.

A pesar de todo colean los méritos de una historia entrañable y emotiva de redención in extremis, de últimos trenes, de gente corriente y moliente con corazoncito que busca amar y ser amada en el mundo real. A ratos Una cita para el verano  es auténtica y sentimentalmente muy madura, a otros se pasa en los esfuerzos por ser intensa pecando de ingenua y fiando demasiado a las buenas intenciones. El oficio de los actores cubre las zanjas. Eso y la posibilidad de ver por penúltima vez (a final de año podremos disfrutar su última película) en la pantalla grande a uno de los mejores intérpretes estadounidenses del cine de siempre.

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