El País
Imprimir

Crítica: Cine del buen vivir

  • Autor: Diego Salgado
  • Fecha:
Unos días para recordar

Lo mejor:
Gérard Lanvin, un actor cuyos rasgos difíciles otorgan de por sí algo de profundidad a un personaje esquemático

Lo peor:
Que muchos tengan el costumbrismo chocarrero y chillón que exhibe la película por "la realidad"

Valoración GDO


Valoración usuarios
  • Actualmente 3 de 5 Estrellas.
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
2.8
12 votos

Gracias por tu valoración!

Ya has valorado esta página, sólo la puedes valorar una vez!

Tu valoración ha cambiado, gracias por contribuir!

  • Género: Comedia
  • Fecha de estreno: 31/07/2015
  • Director: Jean Becker
  • Actores: Gérard Lanvin (Pierre Laurent), Fred Testot (el capitán Maxime Leroy), Jean-Pierre Darroussin (Hervé Laurent), Swann Arlaud (Camille), Daniel Guichard (Serge), Anne-Sophie Lapix (Florence), Claudia Tagbo (Myriam), Mona Jabeur (Maëva)
  • Nacionalidad y año de producción: Francia, 2014
  • Calificación: Todos los públicos

+ info

La nueva tragicomedia del director francés Jean Becker, sobradamente conocido por los habituales al circuito español de versión original subtitulada gracias a títulos como La fortuna de vivir (1999) y Conversaciones con mi jardinero (2007), incide en la deriva progresiva desde hace unos años de la ficción cinematográfica sofisticada al terreno del coqueteo filosófico y la autoayuda. Emancipado el espectador de la figura de autoridad artística que encarnó antaño el creador, ya no busca en las películas un misterio que le abisme en las zonas de sombra, desestabilizadoras, que prefería evitar o que desconocía anidaban en su vida; sino meros consejos en torno a cómo sobrellevar con dignidad y prestancia, sufriendo lo justo, lo que hay. Sin ir más lejos, la ahora mismo en cartel Del revés (2015) es un ejemplo perfecto de psicología de manual hecha cine; una apología del progreso adecuado y constructivo desde la infancia a la edad adulta.

Como gran parte de la producción gala que llega hoy por hoy a nuestra cartelera, calificable en la estela de Schopenhauer como cine del buen vivir, la filmografía de Becker ha dado fe a lo largo de su discontinua trayectoria de lo apuntado: desde el ámbito del relato -A escape libre (1964), Elisa (1995)- al de la disquisición bonancible sobre la existencia, propia de articulista en suplemento dominical. Véanse las recientes Mis tardes con Margueritte (2010) y, sobre todo, Mi encuentro con Marilou (2012), tan extrema en este aspecto como para hacernos sospechar que Becker se está sometiendo a terapia psicológica personal a costa del cine... y el público, algo que por otra parte podría decirse también de todo un Lars von Trier.

Unos días para vivir, obra de un Becker ya octogenario, ahonda en el mismo registro hasta caer en lo autoparódico. El protagonista del film -basado, como Mis tardes con Margueritte, en un best-seller literario de Marie-Sabine Roger- es Pierre Laurent (Gérard Lanvin), viudo misantrópico que sufre un accidente absurdo y se ve obligado a permanecer inmovilizado en una cama de hospital. Aunque al principio le horroriza quedar a merced de enfermeros, médicos, visitantes, desconocidos en suma, la convalecencia le obligará poco a poco a salir del cascarón, conectar de nuevo con un mundo exterior a él tan caótico como lleno de posibilidades, y revisitar su existencia; marcada, como la de todos, por sucesos que solo el reposo le hace descubrir eran hitos decisivos, irreversibles, en su devenir como individuo.

Cualquier cinéfilo con unas pocas horas de vuelo deducirá a partir de esta sinopsis los caminos trillados que va a recorrer Unos días para recordar, y no hay en principio nada de malo en ello. Nos encontramos ante un tipo de cine muy codificado, en el que los atractivos no cabe exigir procedan de la novedad argumental o el riesgo formal, sino de la mezcla ingeniosa de ingredientes probados hasta la saciedad. Y es aquí donde la película naufraga. El guión escrito por el propio Becker con la colaboración de Marie-Sabine Roger y Jean-Loup Dabadie es de una gran tosquedad enunciativa. Y el acabado visual roza lo casposo, algo sorprendente considerando que la fotografía corre a cargo de Jean-Claude Larrieu, colaborador habitual de Isabel Coixet.

No faltan momentos ingeniosos, alguna escena con valor dramático, incluso alguna línea de fuga desapacible. Pero, en líneas generales, Unos días para recordar está tan poco trabajada como para asemejarse a una producción televisiva destinada a la sobremesa de los sábados, en la que no tuviese ninguna importancia lo fílmico, y sí la acumulación dialogada de lugares comunes, observaciones simplonas y gracietas, que no hacen verosímil de ninguna manera la conversión postrera de Pierre en un tipo optimista, vital, capaz de apreciar que cada amanecer vale la pena. Algo muy cierto, sobre todo si al espectador le aguardasen los viernes estrenos más inspirados que Unos días para recordar. Estrenos que no prostituyesen la complejidad de lo artístico y la condición humana en beneficio del sermón bienintencionado.

Ir a la película >




Servicios


Recibe semanalmente los mejores
planes y premios del Club. ¡Suscríbete!


Blogs