Crítica: Mel Gibson, exiliado del mainstream, se lo pasa en grande en este sugerente batiburrillo de géneros tex-mex, que pone de relieve el talento de un debutante con mucho oficio

  • Autor: Roberto Piorno
  • Fecha:
Vacaciones en el infierno

Lo mejor:
Da mucho más de lo que promete

Lo peor:
Que a ratos se le vean tan descaradamente las costuras

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  • Género: Acción
  • Fecha de estreno: 26/10/2012
  • Director: Adrian Grunberg
  • Actores: Mel Gibson (Driver), Peter Stormare (Frank), Dean Norris (Bill), Bob Gunton (Sr. Kaufmann), Scott Cohen (Abogado de Frank), Kevin Hernandez (Kid), Gerardo Taracena (Ramiro), Jesús Ochoa (Caracas)
  • Nacionalidad y año de producción: EE.UU., 2012
  • Calificación: No recomendada menores de 18 años

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Defenestrado por una industria que mira mal a sus renglones torcidos, a quienes se apartan abiertamente de la ortodoxia progresista que abanderan sus más ilustres integrantes, Mel Gibson se va al infierno, si hace falta, para seguir en la brecha. Y en esas está, purgando sus faltas de enfant terrible, de sujeto indeseable y políticamente correcto en la aceleradísima ópera prima de Adrian Grunberg, un fenomenal delirio tex-mex, con ramalazos del cine mariachi de Robert Rodríguez y con aura de neo-western fronterizo y macarra, en el que Gibson se encuentra a sí mismo a tiro limpio, con un fenomenal corte de manga a la industria desde su rincón de castigo, penando por la serie B pero demostrándose, una vez más, por encima del bien y del mal y con el perpetuo respaldo del público, por pulp y marginal que sea la película que le acompañe.

Se da la circunstancia, además, de que Vacaciones en el infierno es un divertimento con todas las piezas en su sitio, cine-cómic de alto octanaje y audazmente autoparódico de esos que, gracias a la pericia del director de orquesta, encuentra un equilibrio en el exceso, un punto de cordura en el desfase. Gibson se lo pasa bomba, se mueve como pedro por su casa por esa prisión inmunda dejada de la mano de Dios donde pasa sus rocambolescas "vacaciones" mexicanas, en una sucesión de enredos pasados de rosca sin desperdicio.

Vacaciones en el infierno no quiere ser otra cosa que lo que es, y eso es decir mucho: Un entretenimiento diabólico, puro fast-food fílmico adecentado por el precoz talento de un director con astucia para filmar la gresca y el jaleo, que demuestra haber aprendido la lección de sus dos maestros (fue ayudante de dirección de Soderbergh y Tony Scott), y estar en posesión de una manera propia de mirar y entender el cine de acción. Quién sabe si Gibson, después del infierno, volverá a los brazos del mainstream Hollywoodiense. El que estará seguro allí y por mucho tiempo es Adrian Grunberg, un director a seguir y a no perder de vista

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