El País

Crítica: Éxito a cualquier precio

  • Autor: Diego Salgado
  • Fecha:
Whiplash

Lo mejor:
La película es indiscutiblemente efectiva, absorbente.

Lo peor:
Las posibles confusiones en torno a su discurso.

Valoración GDO


Valoración usuarios
  • Actualmente 4 de 5 Estrellas.
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
3.8
62 votos

Gracias por tu valoración!

Ya has valorado esta página, sólo la puedes valorar una vez!

Tu valoración ha cambiado, gracias por contribuir!

  • Género: Drama
  • Fecha de estreno: 16/01/2015
  • Director: Damien Chazelle
  • Actores: Miles Teller (Andrew), J.K. Simmons (Fletcher), Paul Reiser (Jim), Melissa Benoist (Nicole), Austin Stowell (Ryan), Nate Lang (Carl), Chris Mulkey (Frank), Damon Gupton (Mr. Kramer), Max Kasch (Dorm Neighbor), Suanne Spoke (tía Emma), Charlie Ian (Dustin), Jayson Blair (Travis)
  • Nacionalidad y año de producción: EE.UU., 2014
  • Calificación: No recomendada menores de 12 años

+ info

Para el cinéfilo con inquietudes, pocas películas de este invierno adaptadas a la horma de premios y parabienes críticos podían despertarle tanta curiosidad como Whiplash. Y no solo por comprobar si la segunda realización del estadounidense Damien Chazelle tras Guy and Madeline on a Park Bench (2009) -cuyo argumento estaba también ligado a la música- es tan excepcional como han venido proclamando al unísono Globos de Oro e infinitos festivales norteamericanos, empezando por el de Sundance; también por terciar en la polémica que acompaña a Whiplash desde sus primeras proyecciones: ¿nos hallamos ante una apología de la superación personal y la excelencia creativa, o ante la glorificación de métodos psicopáticos aplicados a la enseñanza?

Ni siquiera parece tenerlo claro durante gran parte del metraje el protagonista del film, Andrew ( Miles Teller), un joven batería que, para profundizar en sus estudios, ingresa en una prestigiosa academia de música. Allí se topa con Fletcher ( J.K. Simmons), un profesor de modos políticamente incorrectos y severos hasta lo implacable. Alumno y maestro entablan una relación de alto voltaje -whiplash significa latigazo- en la que se combinan la necesidad de escapar a la mediocridad y el olvido existenciales por la vía de la expresión artística; problemas evidentes de autoestima y sociabilidad; y la necesidad, según el caso, de figuras autoritarias o sumisas, que brinden una ilusión de preceptos y aprendizajes en un mundo actual sumido en la indiferencia relativista.

Damien Chazelle, que hasta ahora había escrito los guiones de las penosas El último exorcismo 2 (2013) y Grand Piano (2013), tampoco se luce en dicha faceta esta vez, cayendo en numerosos lugares comunes y estereotipos a lo largo de lo narrado. Sin embargo, la energía que imprime a la realización -desde el travelling subjetivo inicial al fundido extático final, pasando por un montaje vibrante, plagado de insertos llamativos- sublima tales defectos hasta hacer de ellos casi siempre virtudes; la película acaba siendo para el espectador un viaje de tintes esencialistas, una experiencia catártica y trascendente empática con la de Andrew, a quien se le abren las puertas de una nueva vida una vez ha aprovechado las maquiavélicas enseñanzas de Fletcher y hasta se ha atrevido a desafiar a su mentor, la prueba definitiva de su talento.

 Como apuntábamos al comienzo, entusiastas y detractores de Whiplash llevan semanas dirimiendo si el film defiende o condena la dedicación maníaca, excluyente y sadomasoquista a lo que hemos descubierto es nuestra vocación personal, en este caso la música. Y, en tal aspecto, aunque pequemos de prepotentes, no tenemos más remedio que negar la mayor, porque ese no es el debate que habría de suscitar la película: En el trato de Andrew con su familia, en sus ansias por figurar en determinados eventos, en una escena clave como es la de la desaparición de una carpeta con partituras y las consecuencias, en su aceptación de las artimañas y vejaciones a que le somete Fletcher, queda en evidencia que Whiplash no es una fábula sobre el precio vital a pagar por dar lo mejor de uno mismo en una disciplina artística; sino sobre la consecución del éxito popular y material a cualquier precio, sin escrúpulos.

 No tenemos claro si Chazelle lo habrá hecho con premeditación y alevosía, con espíritu crítico; o si se le ha escapado pretendiendo decir algo más elevado, víctima de esa confusión creciente por parte de toda una generación entre lo cultural/artístico y su simulación al servicio de un orden establecido para el que nociones como dignidad o respeto por uno mismo y los demás equivalen a ser un perdedor. En todo caso, creemos que Whiplash tendrá más sentido "inspiracional" proyectada en una escuela de negocios que en un conservatorio.

Ir a la película >





Servicios


Recibe semanalmente los mejores
planes y premios del Club. ¡Suscríbete!




Blogs

Logo del blog de Guía del Ocio LA GASTRONOMA

15 RAZONES PARA VISITAR ECHAURREN

De Mapi Hermida

“La culpa la tuvieron las colmenillas”. Sí, esa fue exactamente la frase que dijo una de las personas sentadas en nuestra...


Podcast de cine: BUTACA VIP