El País

Crítica: El origen del planeta de los perros

  • Autor: Diego Salgado
  • Fecha:
White God

Lo mejor:
Sus hechuras técnicas

Lo peor:
Es mucho menos revulsiva y rompedora de lo que pretende

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  • Género: Drama
  • Fecha de estreno: 19/06/2015
  • Director: Kornél Mundruczó
  • Actores: Zsófia Psotta (Lili), Sándor Zsótér (Dániel), Lili Horvath (Elza), Szabolcs Thuróczy (anciano), Lili Monori (Bev)
  • Nacionalidad y año de producción: Alemania, Hungría, 2014
  • Calificación: No recomendada menores de 16 años

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White God, segunda película del guionista y director húngaro Kornél Mundruczó que llega a la cartelera española tras Delta (2008), está lejos de ser la única obra de autor, adscrita al circo de los festivales y la crítica de guante blanco, que juguetea en los últimos años con las constantes del género fantástico para materializar con más éxito sus discursos. La cinta blanca (2009), Melancolía (2011) y Phoenix (2014) son otras muestras de la tendencia, a la que debe sumarse la ejemplificada en sentido contrario por títulos como Alps (2011) y The Tribe (2014), empeñados en demoler y reconstruir los códigos asociados convencionalmente al cine de prestigio. Una y otra tendencia -la apropiación de valores expresivos populares y la experimentación con patrones establecidos- nos hablan de una saludable aspiración a reformular de una vez los conceptos ligados a la autoría cinematográfica. No podía ser de otra manera, en un presente sumido en una imagen tan proteica y promiscua que todo fundamentalismo en torno a coherencias y purezas resulta no solo ridículo; también, y sobre todo, estéril.

 En tal coyuntura, es preferible quedarse con lo que intenta cada película en concreto que con lo que logra. Y esto va, obviamente, por White God, vendida durante los últimos meses como la gran sensación de la temporada; para ello, se ha recurrido al adelanto en medios y redes de su escena más espectacular, y se ha insistido en su carácter de punta de lanza para un resurgir de la industria fílmica húngara que tiene mucho que ver con las políticas recientes del Fondo Nacional de Cine de aquel país, como ejemplifican asimismo Son of Saul (2015) y Lily Lane (2015). Pero, a la hora de la verdad, White God no deja de ser una mezcla de tendencias, satisfactoria solo hasta cierto punto.

 La protagonista humana del film es Lili (Zsófia Psotta), una adolescente que se ve obligada a pasar varios días en la casa de su padre, al que no está demasiado unida y menos desde que su madre se separó de él. Lili lleva consigo a su perro Hagen, pero, en pocos días, los comportamientos díscolos de la chica y del animal provocan que el padre pierda la paciencia y abandone al segundo en plena autopista. A partir de ese momento, se nos narra en paralelo cómo Lili trata de encontrar a su perro y de lidiar con la rebeldía y la confusión emocional propias de su edad, y cómo Hagen intenta sobrevivir en una Budapest inhóspita, en la que solo le brindarán ayuda otros desheredados de su especie.

 Hay en White God un poco de fábula alegórica con resonancias humanistas y sociopolíticas, una parte de reivindicación de los derechos de los animales, y una apuesta por el terror y el espectáculo susceptible de procurar a sus imágenes la atención de públicos refractarios por lo general a todo aquello que ostente etiquetas como "premiada en el festival de Cannes" o "aclamada por la crítica internacional". Sin embargo, en ninguna de tales vertientes acierta la película a ser memorable, y tampoco como amalgama de todas ellas. Técnicamente, White God es irreprochable, especialmente en lo que se refiere a la fotografía y a los cambios y equiparaciones en los puntos de vista -los correspondientes a Hagen y Lily-. Pero esa pericia técnica, destinada a impresionar al espectador sobre todo en lo relativo a los comportamientos de los perros en solitario o como jauría, está desprovista de una creatividad y una intención que trasciendan el impacto inmediato de lo que vemos.

 Ha manifestado Kornél Mundruczó, y volvemos con ello al inicio de esta reseña, que con White God pretendía demostrar que "los géneros están muertos; el mundo contemporáneo necesita respuestas contemporáneas a sus dilemas morales y cinematográficos, respuestas que precisan de nuevas olas autorales como las que simbolizaron en su momento Fassbinder, Von Trier o Wong Kar Wai. Los últimos diez años han sido en mi opinión muy conservadores en este aspecto". Pero, como hemos apuntado ya, su película no permite vislumbrar rasgos de autoría revolucionarios. Y, por otra parte, se da la circunstancia de que en 2011 se estrenaba una producción comercial fantástica como El origen del planeta de los simios, de innegables similitudes argumentales con la cinta que nos ocupa, aunque se las apañara para ser bastante más contundente y armoniosa en sus reflexiones sobre ciertas inquietudes contemporáneas.

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